Réquiem por
una joya
La majestuosa Torre de San Vicente, de 40
metros de altura, resultó seriamente
dañada por el pasado terremoto del 13 de
febrero.
Carlos
Cañas-Dinarte
La
semana pasada, El Diario de Hoy reportó
el inicio de los trabajos de demolición
de dos hermosos edificios de la ciudad de San
Vicente, dañados con severidad por los
terremotos de enero y febrero.
Doblegadas por los aparatos y la fuerza
humana, las paredes del Palacio Municipal y de
la Torre de San Vicente dicen adiós a los
habitantes de la ciudad y del país, al
igual que a los registros históricos y de
bienes culturales inmuebles. Se rumora, sin
embargo, que ambas edificaciones serán
vueltas a levantar de manera exacta a las
originales, con fondos de la cooperación
internacional.
Durante décadas, la Torre de San
Vicente fue uno de los símbolos y
emblemas de la ciudad, instalada en el centro
del parque que ostenta el nombre del
prócer y ex mandatario salvadoreño
Antonio José Cañas.
Debido a su majestuosidad, alguna vez fue
señalada como "la Giralda vicentina", en
una clara similitud hiperbólica con el
monumento localizado en la ciudad
española de Sevilla.
Su diseño fue realizado por el
arquitecto Eugene Crepita; su
construcción, por los ingenieros
Stirnneman y Lucio Capellaro.
Varias personalidades
La recolección de fondos y materiales
para la obra fue realizada por la Junta de
Fomento Departamental, presidida a mediados de
la tercera década del Siglo XX por el
coronel Horacio Villavicencio, el gobernador
departamental Ricardo Álvarez Vidaurre,
el alcalde doctor Juan José Samayoa
(sustituido en 1931 por Arturo Acevedo) y el
comandante Teodoro S. Ávila. Importantes
gestiones fueron realizadas por el diputado
Guadalupe Miranda.
Acorde con la más moderna
tecnología y sistemas constructivos de su
época, la Torre vicentina fue erigida con
cemento armado, una técnica registrada en
suelo salvadoreño en 1909, por el
general, ingeniero y escritor José
María Peralta Lagos.
El primero de esos pisos fue destinado para
el quiosco, utilizado por la banda regimental de
música para sus conciertos. El segundo
fue diseñado para albergar un
salón cuadrado de 18 metros de lado,
utilizado para bailes y festejos sociales.
Los pisos restantes fueron pensados para que
sirvieran como escalera en espiral, rematados en
lo alto por un reloj. El artefacto
mecánico &emdash;dotado con una campana
sonora y cuatro potentes focos para
iluminación nocturna&emdash; fue donado a
la ciudad por el gobierno del doctor Romero
Bosque.
También fue equipada con 800 focos en
sus esquinas, con el fin de que iluminara los
alrededores por las noches y ofreciera un bello
espectáculo a los transeúntes y
visitantes del Parque Cañas, en momentos
en que la electricidad era aún una rareza
en muchas poblaciones del interior del
país.
Cinco años después de su
inauguración, la Torre de San Vicente fue
una de las estructuras de la zona que se vieron
estremecidas, dañadas o demolidas por las
fuerzas de la naturaleza, manifiestas en el
terremoto nocturno del sábado 19 de
diciembre de 1936.
El Parque Cañas y las bases de la
"Giralda vicentina" sirvieron para recibir a los
cuerpos de las personas fallecidas en esa
calamidad pública, originada en una zona
epicentral con forma de triángulo,
formada por el cerro de Santa Catarina, el
cráter de Olla de Caldera y el cerro del
Tecomal. Con profundidad focal de 10
kilómetros, la magnitud del sismo fue
calculada en 1980 en 6.1 Richter, con una
intensidad máxima de VII-VIII grados en
la escala Mercalli modificada.
Réplica de la Torre
La Torre sufrió algunos daños,
que fueron reparados hasta mediados de los
años 60, cuando fue restaurada por un
ingeniero de apellido Pimentel.
En mayo de 1989, una réplica
miniaturizada de la Torre, hecha en el penal
vicentino, le fue obsequiada por la Liga
Panamericana de San Vicente al Museo Nacional
"David J. Guzmán", para que fuera
exhibida en alguna de sus salas permanentes.
Once años más tarde, otro recluso
del penal vicentino se dio a la tarea de tallar
más replicas en madera, las cuales
vendió por la suma de tres mil colones
cada una.
Junto con las fotografías y
vídeos existentes, estas
artesanías serán las únicas
formas en que las generaciones futuras
podrán contemplar a esta belleza
arquitectónica nacional. Tras 70
años de muda existencia sucumbió
ante los ímpetus del segundo terremoto
que asoló a El Salvador en la
mañana del martes 13 de febrero de este
año que ya agoniza en nuestros
relojes.
La "Giralda" vicentina
El 1 de febrero de 1928 comienza la
construcción de la Torre de San
Vicente.
-La Alcaldía de la ciudad
aportó un capital inicial de cinco mil
colones
-Las obras concluyeron dos años
después, en 1930. El costo total de la
obra fue de 70 mil colones.
-En febrero de 1931, el presidente Pío
Romero Bosque dio por inaugurada la obra
arquitectónica.
-La Torre de San Vicente tenía una
altura de 40 metros, distribuidos en cinco
pisos.
-En lo alto se alzaba un reloj de cuatro
carátulas, de 2,60 metros de
diámetro cada una.