Domingo 30 de diciembre 2001



Réquiem por una joya

La majestuosa Torre de San Vicente, de 40 metros de altura, resultó seriamente dañada por el pasado terremoto del 13 de febrero.

Carlos Cañas-Dinarte

La semana pasada, El Diario de Hoy reportó el inicio de los trabajos de demolición de dos hermosos edificios de la ciudad de San Vicente, dañados con severidad por los terremotos de enero y febrero.

Doblegadas por los aparatos y la fuerza humana, las paredes del Palacio Municipal y de la Torre de San Vicente dicen adiós a los habitantes de la ciudad y del país, al igual que a los registros históricos y de bienes culturales inmuebles. Se rumora, sin embargo, que ambas edificaciones serán vueltas a levantar de manera exacta a las originales, con fondos de la cooperación internacional.

Durante décadas, la Torre de San Vicente fue uno de los símbolos y emblemas de la ciudad, instalada en el centro del parque que ostenta el nombre del prócer y ex mandatario salvadoreño Antonio José Cañas.

Debido a su majestuosidad, alguna vez fue señalada como "la Giralda vicentina", en una clara similitud hiperbólica con el monumento localizado en la ciudad española de Sevilla.

Su diseño fue realizado por el arquitecto Eugene Crepita; su construcción, por los ingenieros Stirnneman y Lucio Capellaro.

Varias personalidades

La recolección de fondos y materiales para la obra fue realizada por la Junta de Fomento Departamental, presidida a mediados de la tercera década del Siglo XX por el coronel Horacio Villavicencio, el gobernador departamental Ricardo Álvarez Vidaurre, el alcalde doctor Juan José Samayoa (sustituido en 1931 por Arturo Acevedo) y el comandante Teodoro S. Ávila. Importantes gestiones fueron realizadas por el diputado Guadalupe Miranda.

Acorde con la más moderna tecnología y sistemas constructivos de su época, la Torre vicentina fue erigida con cemento armado, una técnica registrada en suelo salvadoreño en 1909, por el general, ingeniero y escritor José María Peralta Lagos.

El primero de esos pisos fue destinado para el quiosco, utilizado por la banda regimental de música para sus conciertos. El segundo fue diseñado para albergar un salón cuadrado de 18 metros de lado, utilizado para bailes y festejos sociales.

Los pisos restantes fueron pensados para que sirvieran como escalera en espiral, rematados en lo alto por un reloj. El artefacto mecánico &emdash;dotado con una campana sonora y cuatro potentes focos para iluminación nocturna&emdash; fue donado a la ciudad por el gobierno del doctor Romero Bosque.

También fue equipada con 800 focos en sus esquinas, con el fin de que iluminara los alrededores por las noches y ofreciera un bello espectáculo a los transeúntes y visitantes del Parque Cañas, en momentos en que la electricidad era aún una rareza en muchas poblaciones del interior del país.

Cinco años después de su inauguración, la Torre de San Vicente fue una de las estructuras de la zona que se vieron estremecidas, dañadas o demolidas por las fuerzas de la naturaleza, manifiestas en el terremoto nocturno del sábado 19 de diciembre de 1936.

El Parque Cañas y las bases de la "Giralda vicentina" sirvieron para recibir a los cuerpos de las personas fallecidas en esa calamidad pública, originada en una zona epicentral con forma de triángulo, formada por el cerro de Santa Catarina, el cráter de Olla de Caldera y el cerro del Tecomal. Con profundidad focal de 10 kilómetros, la magnitud del sismo fue calculada en 1980 en 6.1 Richter, con una intensidad máxima de VII-VIII grados en la escala Mercalli modificada.

Réplica de la Torre

La Torre sufrió algunos daños, que fueron reparados hasta mediados de los años 60, cuando fue restaurada por un ingeniero de apellido Pimentel.

En mayo de 1989, una réplica miniaturizada de la Torre, hecha en el penal vicentino, le fue obsequiada por la Liga Panamericana de San Vicente al Museo Nacional "David J. Guzmán", para que fuera exhibida en alguna de sus salas permanentes. Once años más tarde, otro recluso del penal vicentino se dio a la tarea de tallar más replicas en madera, las cuales vendió por la suma de tres mil colones cada una.

Junto con las fotografías y vídeos existentes, estas artesanías serán las únicas formas en que las generaciones futuras podrán contemplar a esta belleza arquitectónica nacional. Tras 70 años de muda existencia sucumbió ante los ímpetus del segundo terremoto que asoló a El Salvador en la mañana del martes 13 de febrero de este año que ya agoniza en nuestros relojes.

La "Giralda" vicentina

El 1 de febrero de 1928 comienza la construcción de la Torre de San Vicente.

-La Alcaldía de la ciudad aportó un capital inicial de cinco mil colones

-Las obras concluyeron dos años después, en 1930. El costo total de la obra fue de 70 mil colones.

-En febrero de 1931, el presidente Pío Romero Bosque dio por inaugurada la obra arquitectónica.

-La Torre de San Vicente tenía una altura de 40 metros, distribuidos en cinco pisos.

-En lo alto se alzaba un reloj de cuatro carátulas, de 2,60 metros de diámetro cada una.


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