Sábado 29 de diciembre 2001



"Vivimos amontonados"

Las personas que fueron ubicadas en casas temporales por los terremotos mantienen la esperanza de contar con una casa permanente, construida de ladrillos.

Jaime García
El Diario de Hoy

Para poder vivir en una pequeña casa temporal construida en su totalidad con láminas los damnificados, tienen que pasar la mayor parte del tiempo fuera de ella.

Sencillamente en su interior no cabe nada.

Doña Elvira de Jesús Hernández, narró que en ese pequeño espacio cohabitan con cuatro familiares más, entre estos tres niños.

Ella perdió su casa durante el terremoto ocurrido en enero y fue trasladada a la la Comunidad Valle de Oro, en Soyapango. Ahi el Gobierno central y local les entregó viviendas temporales para que se guarecieran de las inclemencias del tiempo.

Sin espacio

Al entrar a la pequeña casa de doña Elvira sólo hace falta caminar dos pasos para recorrerla.

En su interior hay una cama arreglada, una mesa llena de ropa, trastos y demás enseres del hogar.

En otro costado hay otra mesa que carga la cocina de tres quemadores.

Ya no hay espacio para más, sin embargo doña Elvira se las ha ingeniado para colgar del techo lo que ya no cabe.

"Vivimos amontonados. No hayamos que hacer más con esta champita. Quisiéramos que nos entregaran la casa permanente", dice.

Para aprovechar el espacio disponible doña Elvira ha colgado del techo desde ropa hasta enseres del hogar.

Las 110 familias que habitan la Comunidad Valle de Oro, no se quejan de la ayuda temporal que hasta el momento les ha dado el Gobierno, sin embargo tiene esperanza de que se les cumpla y se les ayuda a construir sus casas permanentes.

Estas serían construidas de ladrillo, cemento y con un espacio más grande.

En la comunidad Valle de Oro habitan unos 400 adultos y 165 niños aproximadamente.

En todas las pequeñas casas la incomodidad de vivir amontonados los hace permanecer la mayor parte del tiempo afuera de estas.

Prácticamente las casas son ocupadas para dormir, comer y guarecerse del ardiente sol, de la inclemente lluvia o del frío de la noche.

"Por la noche hace calor y por el día frió. Eso es todos los días", dice una joven madre llamada Maritza, mientras se dedica a bañar a sus dos hijas de uno y dos años.

Ella contó que prefiere lavar su ropa en un balde con agua para evitar problemas con las demás mujeres que se molestan porque se acaba el agua en los lavaderos ubicados por la alcaldía en la comunidad que comparten.

Necesidades

Don Armando Portillo, representante de la comunidad Valle de Oro, dijo que las necesidades son muchas y poca la ayuda.

Detalló que el frío de la noche provoca que la mayoría de los niños contraigan enfermedades respiratorias.

"Cuando se va a la unidad de salud los encargados cobran por cada receta de medicinas. No tenemos dinero y se supone que la atención médica debe de ser gratuita", sostuvo el damnificado.

Don Armando explicó que sólo reciben arroz, frijoles y aceite de organizaciones altruistas pero indicó que las necesidades son muchas.

"Los niños son los que más sufren", dijo.


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