Orientando
Proyectándose
con base en prioridades
René
Mejía Vides*
e-mail: moasis@fal.gbm..net
Cada
vez que se acerca el fin de año, casi por
inercia comenzamos a hacer un proceso de
evaluación, en el cual ponderamos el
cumplimiento de nuestras metas personales el
año que estamos finalizando y a la vez
nos proyectamos en pos de nuevas metas para el
siguiente. El cumplimiento de esas metas siempre
obedece a un orden de prioridades, es decir a
aquello que ha sido más importante, a lo
que hemos dedicado mayor tiempo y esfuerzos.
El problema del hombre moderno es que sus
prioridades no están debidamente
ordenadas, por ejemplo a veces damos mayor
tiempo y dedicación al trabajo y
ocupaciones que a Dios y la familia. En estos
casos nuestra vida espiritual y familiar sufren
por no haber sido atendidas adecuadamente. Una
persona puede ser exitosa en su ocupación
o profesión. Pero fracasada en su vida
personal y familiar.
Dios tiene su propio orden de prioridades
para la vida del hombre. La Palabra de Dios nos
dice: "Amarás a Dios con todo tu
corazón, con toda tu mente y con todas
tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti
mismo". Para amar a Dios con todas nuestras
facultades, se requiere haber experimentado el
nuevo nacimiento, ya que escrito está: "Y
todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a
Dios". Conocer por experiencia personal a
nuestro Padre, es el mayor privilegio que una
persona puede tener en esta vida. La persona
renacida experimenta un profundo amor por Dios y
su Palabra y desea complacerle por medio de la
obediencia.
Cuando la primera prioridad en una persona
está bien, esto traerá como
consecuencia que las demás se encuentren
en su debido lugar.
Del segundo mandamiento extraemos la segunda
prioridad, es decir "Amarás a tu
prójimo como a ti mismo". Una pregunta
que muchos nos hemos hecho es: ¿Y
quién es mi prójimo?. Algunos han
dado una respuesta muy sencilla a esta
interrogante es sustituir la "j" por una "x", lo
que nos llevaría a leer "próximo",
en lugar de "prójimo". Siendo nuestra
familia las personas más próximas
a nosotros, se constituyen en nuestra segunda
prioridad. Pero dentro de la misma familia
encontramos que antes de procrear hijos,
primeramente se constituye el matrimonio. Por
esta razón consideraremos el matrimonio
como nuestra segunda prioridad y nuestros hijos
como la tercera.
No hay relación en esta tierra que
tenga mayor prioridad, que la relación
que el esposo tiene con su esposa.
Winston Churchill fue a un banquete en
Londres. Numerosos dignatarios y celebridades
estuvieron presentes. Alguien hizo la siguiente
pregunta: "Si Ud. no pudiera ser quien es,
quién le gustaría ser? Todos
tenían curiosidad por saber la respuesta
de Churchill. Cuando llegó su turno, se
puso en pie y dio una respuesta clásica:
"Si yo no pudiera ser quien soy, desearía
ser (aquí pausó para tomar la mano
de su esposa) el segundo marido de la dama
Churchill". ¡Qué forma tan buena de
expresar públicamente lo que para
él significaba su esposa!
Ningún hombre puede estar bien con
Dios y a la vez tener una mala relación
con su esposa. Entre más cerca estemos de
Dios, mejor relación tendremos con
nuestro cónyuge, ya que está
escrito: "Pero si andamos en luz, como Él
está en luz, tenemos comunión unos
con otros... "
La esposa es un regalo especial de Dios para
el hombre. El marido necesita estar atento a las
necesidades, esperanzas y sueños de su
esposa. Una mujer feliz hace un hogar feliz.
Detrás de muchos hombre felices y
exitosos, se encuentra una mujer virtuosa.
Se necesitan dos para hacer un matrimonio
exitoso, y solamente uno para hacer de
éste un fracaso.
La tercera prioridad en una familia, la
constituyen los hijos. Todo lo que hagamos por
la vida de los hijos que Dios ha puesto a
nuestro cuidado es una inversión eterna.
Alguien expresó la siguiente
resolución: "Oraré por mis hijos,
procuraré instruirlos en el buen camino y
suplicaré Gracia para poder ser el modelo
de padre que ellos necesitan de modo que no les
haga tropezar con mi mal ejemplo".
Nunca conoceremos a nuestros hijos si no
tomamos el tiempo para escucharlos.
Tómese tiempo para escuchar hoy, lo
que sus hijos están tratando de decir.
Escúchelos hoy, no importa lo que tenga
que hacer, o si no estarán para
escucharlo a usted. Conozca sus problemas y
necesidades, elogie sus triunfos, sea tolerante,
comparta sus risas y ellos vendrán
mañana a escucharlo a usted.
El filósofo Sócrates
escribió lo siguiente: "Si pudiera subir
a lo más alto de Atenas, alzaría
mi voz y proclamaría lo siguiente:
Conciudadano, ¿por qué voltea y
rasguña cada piedra a su paso en busca de
acumular riquezas y se ocupa tan poco de su
hijo, a quien un día deberá dejar
todo lo que tiene?"
Estoy convencido de que si más
salvadoreños buscásemos ordenar
nuestras prioridades, nuestra nación no
sería la misma.