Sábado 29 de diciembre 2001


Orientando
Proyectándose con base en prioridades
René Mejía Vides* 
e-mail:
moasis@fal.gbm..net

Cada vez que se acerca el fin de año, casi por inercia comenzamos a hacer un proceso de evaluación, en el cual ponderamos el cumplimiento de nuestras metas personales el año que estamos finalizando y a la vez nos proyectamos en pos de nuevas metas para el siguiente. El cumplimiento de esas metas siempre obedece a un orden de prioridades, es decir a aquello que ha sido más importante, a lo que hemos dedicado mayor tiempo y esfuerzos.

El problema del hombre moderno es que sus prioridades no están debidamente ordenadas, por ejemplo a veces damos mayor tiempo y dedicación al trabajo y ocupaciones que a Dios y la familia. En estos casos nuestra vida espiritual y familiar sufren por no haber sido atendidas adecuadamente. Una persona puede ser exitosa en su ocupación o profesión. Pero fracasada en su vida personal y familiar.

Dios tiene su propio orden de prioridades para la vida del hombre. La Palabra de Dios nos dice: "Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo". Para amar a Dios con todas nuestras facultades, se requiere haber experimentado el nuevo nacimiento, ya que escrito está: "Y todo aquel que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios". Conocer por experiencia personal a nuestro Padre, es el mayor privilegio que una persona puede tener en esta vida. La persona renacida experimenta un profundo amor por Dios y su Palabra y desea complacerle por medio de la obediencia.

Cuando la primera prioridad en una persona está bien, esto traerá como consecuencia que las demás se encuentren en su debido lugar.

Del segundo mandamiento extraemos la segunda prioridad, es decir "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Una pregunta que muchos nos hemos hecho es: ¿Y quién es mi prójimo?. Algunos han dado una respuesta muy sencilla a esta interrogante es sustituir la "j" por una "x", lo que nos llevaría a leer "próximo", en lugar de "prójimo". Siendo nuestra familia las personas más próximas a nosotros, se constituyen en nuestra segunda prioridad. Pero dentro de la misma familia encontramos que antes de procrear hijos, primeramente se constituye el matrimonio. Por esta razón consideraremos el matrimonio como nuestra segunda prioridad y nuestros hijos como la tercera.

No hay relación en esta tierra que tenga mayor prioridad, que la relación que el esposo tiene con su esposa.

Winston Churchill fue a un banquete en Londres. Numerosos dignatarios y celebridades estuvieron presentes. Alguien hizo la siguiente pregunta: "Si Ud. no pudiera ser quien es, quién le gustaría ser? Todos tenían curiosidad por saber la respuesta de Churchill. Cuando llegó su turno, se puso en pie y dio una respuesta clásica: "Si yo no pudiera ser quien soy, desearía ser (aquí pausó para tomar la mano de su esposa) el segundo marido de la dama Churchill". ¡Qué forma tan buena de expresar públicamente lo que para él significaba su esposa!

Ningún hombre puede estar bien con Dios y a la vez tener una mala relación con su esposa. Entre más cerca estemos de Dios, mejor relación tendremos con nuestro cónyuge, ya que está escrito: "Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros... "

La esposa es un regalo especial de Dios para el hombre. El marido necesita estar atento a las necesidades, esperanzas y sueños de su esposa. Una mujer feliz hace un hogar feliz. Detrás de muchos hombre felices y exitosos, se encuentra una mujer virtuosa.

Se necesitan dos para hacer un matrimonio exitoso, y solamente uno para hacer de éste un fracaso.

La tercera prioridad en una familia, la constituyen los hijos. Todo lo que hagamos por la vida de los hijos que Dios ha puesto a nuestro cuidado es una inversión eterna. Alguien expresó la siguiente resolución: "Oraré por mis hijos, procuraré instruirlos en el buen camino y suplicaré Gracia para poder ser el modelo de padre que ellos necesitan de modo que no les haga tropezar con mi mal ejemplo".

Nunca conoceremos a nuestros hijos si no tomamos el tiempo para escucharlos.

Tómese tiempo para escuchar hoy, lo que sus hijos están tratando de decir. Escúchelos hoy, no importa lo que tenga que hacer, o si no estarán para escucharlo a usted. Conozca sus problemas y necesidades, elogie sus triunfos, sea tolerante, comparta sus risas y ellos vendrán mañana a escucharlo a usted.

El filósofo Sócrates escribió lo siguiente: "Si pudiera subir a lo más alto de Atenas, alzaría mi voz y proclamaría lo siguiente: Conciudadano, ¿por qué voltea y rasguña cada piedra a su paso en busca de acumular riquezas y se ocupa tan poco de su hijo, a quien un día deberá dejar todo lo que tiene?"

Estoy convencido de que si más salvadoreños buscásemos ordenar nuestras prioridades, nuestra nación no sería la misma.


[Nacional] [Negocios] [Deportes] [Editorial] [Escenarios] [El País] [Chat]
[
Obituario] [Escríbanos] [Ediciones anteriores] [Otros Sitios] [Hablemos] [VIDA] [Guanaquín] [Vértice]
[
RUZ'01] [Portada] [Planeta Alternativo]

Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com