Viernes 28 de diciembre 2001



























Samaritanos de fin de año

Veinte estudiantes de la Universidad Albert Einstein llevaron alegría y regalos a niños del hogar San Vicente de Paúl, de San Jacinto, y a los internos de dos hogares para ancianos, en Santa Tecla y en San Salvador.

José Osmín Monge
El Diario de Hoy

En esta época de fin de año no hay mayor satisfacción que ver a un niño o a un anciano sonreír a plenitud, y no hay mejor forma de sentirse feliz y de demostrar nuestra caridad y misericordia que ayudando al prójimo, sobre todo a aquellos que carecen de bienes materiales o de las caricias de familiares y amigos.

Es por ello que en la temporada navideña y de fin de año muchas instituciones y personas se esfuerzan por llevar un poco de diversión y alimentos a los internos de hogares infantiles y asilos de ancianos.

Estos lugares son abarrotados por grupos de personas caritativas, quienes comparten un poco de su tiempo con aquellos que han sido abandonados, han sufrido por causa del maltrato o han quedado en la orfandad.

Uno de los grupos que sacó su ángel en Navidad fue el conformado por 20 jóvenes estudiantes de diferentes carreras de la Universidad Albert Einstein.

Ellos decidieron unirse para llevarse un poco de cariño, sorpresas y regalos a los ancianos de los asilos San Vicente de Paúl, de Santa Tecla y de la colonia La Sultana, de San Salvador, y a los niños del Hogar San Vicente de Paúl, de San Jacinto.

Entre alegrías y tristezas

El viernes 14 de diciembre, estos jóvenes entusiastas se dieron cita a las instalaciones del asilo de ancianos de la Sultana. Ahí fueron recibidos por los adultos mayores, quienes dejaron de lado sus tristezas y se entregaron de lleno a la fiesta que se les había preparado.

Hubo baile, comida, regalos y villancicos, interpretados por el coro estudiantil de la universidad.

"En este hogar algunos ancianitos bailaron. Estaban muy contentos con nuestra visita", expresa Manuel Torres, de 24 años, estudiante de quinto año de Ingeniería Industrial y coordinador del grupo de proyección social de la Albert Einstein.

Tres días después del agasajo en la Sultana, los estudiantes acudieron al hogar San Vicente de Paúl, de Santa Tecla, donde compartieron momentos agradables con los internos.

En esta oportunidad el ambiente fue menos ameno, pues muchos de los adultos mayores estaban con los ánimos caídos. Aunque hubo música, ninguno de los internos se animó a bailar. Ellos prefirieron compartir sus historias y sus anécdotas con quienes les ofrecieron la fiesta.

"Fue menos alegre. Los ancianitos estaban tristes, quizá la soledad los pone así. Muchos estaban en sillas de ruedas", comenta Marcela Escobar, estudiante de tercer año de Arquitectura.

Papás por un día

La otra fiesta se llevó a cabo en el hogar San Vicente de Paúl, de San Jacinto, el 21 de diciembre. Ahí 200 niños y niñas fueron agasajos con una fiesta, donde las piñatas, las golosinas y las gracias de tres payasos (alumnos de la universidad) estuvieron a lo orden del día.

Los internos se divirtieron y compartieron con los visitantes algunos de sus sueños e ilusiones.

"Muchos de los niños nos llamaban papá. Era bonito, pero a la vez muy triste escuchar estas palabras", comenta Manuel. En esta oportunidad también se contó con la participación del coro de estudiantes.

"Para ellos es importante que otras personas les escuchen. Ellos necesitan de mucho cariño y comprensión", manifiesta Marcela.

Con el deseo de ayudar

Este no es el primer año en el que estudiantes de la Albert Einsten se unen para celebrar la Navidad con otras personas.

En el 2000 se llevó a cabo una fiesta similar en el hogar de la Sultana, con la diferencia de que en esa ocasión participaron aproximadamente 60 alumnos.

"La realización de estas fiestas surgió para que los jóvenes ganaran horas sociales, pero ese no es el objetivo; cada muchacho lo hace porque realmente siente el deseo ayudar a los demás", dice Marcela.

Según Manuel, hace un año se llevó diversión a un solo hogar, pero en el 2001, aunque el número de estudiantes era menos, se decidió hacerlo en tres hogares.

Para hacer realidad estos festejos, los 20 muchachos hicieron colectas en la universidad, además cada uno aportó cierta cantidad de dinero.

Este grupo de proyección social tiene pensado realizar este tipo de actividades, no sólo en la temporada navideña, sino también en otros meses del año. Esto dependerá del apoyo que brinden las autoridades de la universidad.

Aunque los muchachos obtuvieron algunas horas sociales, para ellos el mejor pago fueron las sonrisas y la felicidad de los niños y de los ancianos que disfrutaron de las fiestas.

Esa es la más grande satisfacción de este grupo de estudiantes de buen corazón.





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