Samaritanos de fin
de año
Veinte estudiantes de la Universidad
Albert Einstein llevaron alegría y
regalos a niños del hogar San Vicente de
Paúl, de San Jacinto, y a los internos de
dos hogares para ancianos, en Santa Tecla y en
San Salvador.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
En
esta época de fin de año no hay
mayor satisfacción que ver a un
niño o a un anciano sonreír a
plenitud, y no hay mejor forma de sentirse feliz
y de demostrar nuestra caridad y misericordia
que ayudando al prójimo, sobre todo a
aquellos que carecen de bienes materiales o de
las caricias de familiares y amigos.
Es por ello que en la temporada
navideña y de fin de año muchas
instituciones y personas se esfuerzan por llevar
un poco de diversión y alimentos a los
internos de hogares infantiles y asilos de
ancianos.
Estos lugares son abarrotados por grupos de
personas caritativas, quienes comparten un poco
de su tiempo con aquellos que han sido
abandonados, han sufrido por causa del maltrato
o han quedado en la orfandad.
Uno de los grupos que sacó su
ángel en Navidad fue el conformado por 20
jóvenes estudiantes de diferentes
carreras de la Universidad Albert Einstein.
Ellos decidieron unirse para llevarse un poco
de cariño, sorpresas y regalos a los
ancianos de los asilos San Vicente de
Paúl, de Santa Tecla y de la colonia La
Sultana, de San Salvador, y a los niños
del Hogar San Vicente de Paúl, de San
Jacinto.
Entre alegrías y tristezas
El viernes 14 de diciembre, estos
jóvenes entusiastas se dieron cita a las
instalaciones del asilo de ancianos de la
Sultana. Ahí fueron recibidos por los
adultos mayores, quienes dejaron de lado sus
tristezas y se entregaron de lleno a la fiesta
que se les había preparado.
Hubo baile, comida, regalos y villancicos,
interpretados por el coro estudiantil de la
universidad.
"En este hogar algunos ancianitos bailaron.
Estaban muy contentos con nuestra visita",
expresa Manuel Torres, de 24 años,
estudiante de quinto año de
Ingeniería Industrial y coordinador del
grupo de proyección social de la Albert
Einstein.
Tres días después del agasajo
en la Sultana, los estudiantes acudieron al
hogar San Vicente de Paúl, de Santa
Tecla, donde compartieron momentos agradables
con los internos.
En esta oportunidad el ambiente fue menos
ameno, pues muchos de los adultos mayores
estaban con los ánimos caídos.
Aunque hubo música, ninguno de los
internos se animó a bailar. Ellos
prefirieron compartir sus historias y sus
anécdotas con quienes les ofrecieron la
fiesta.
"Fue menos alegre. Los ancianitos estaban
tristes, quizá la soledad los pone
así. Muchos estaban en sillas de ruedas",
comenta Marcela Escobar, estudiante de tercer
año de Arquitectura.
Papás por un día
La
otra fiesta se llevó a cabo en el hogar
San Vicente de Paúl, de San Jacinto, el
21 de diciembre. Ahí 200 niños y
niñas fueron agasajos con una fiesta,
donde las piñatas, las golosinas y las
gracias de tres payasos (alumnos de la
universidad) estuvieron a lo orden del
día.
Los internos se divirtieron y compartieron
con los visitantes algunos de sus sueños
e ilusiones.
"Muchos de los niños nos llamaban
papá. Era bonito, pero a la vez muy
triste escuchar estas palabras", comenta Manuel.
En esta oportunidad también se
contó con la participación del
coro de estudiantes.
"Para ellos es importante que otras personas
les escuchen. Ellos necesitan de mucho
cariño y comprensión", manifiesta
Marcela.
Con el deseo de ayudar
Este no es el primer año en el que
estudiantes de la Albert Einsten se unen para
celebrar la Navidad con otras personas.
En el 2000 se llevó a cabo una fiesta
similar en el hogar de la Sultana, con la
diferencia de que en esa ocasión
participaron aproximadamente 60 alumnos.
"La realización de estas fiestas
surgió para que los jóvenes
ganaran horas sociales, pero ese no es el
objetivo; cada muchacho lo hace porque realmente
siente el deseo ayudar a los demás", dice
Marcela.
Según Manuel, hace un año se
llevó diversión a un solo hogar,
pero en el 2001, aunque el número de
estudiantes era menos, se decidió hacerlo
en tres hogares.
Para hacer realidad estos festejos, los 20
muchachos hicieron colectas en la universidad,
además cada uno aportó cierta
cantidad de dinero.
Este grupo de proyección social tiene
pensado realizar este tipo de actividades, no
sólo en la temporada navideña,
sino también en otros meses del
año. Esto dependerá del apoyo que
brinden las autoridades de la universidad.
Aunque los muchachos obtuvieron algunas horas
sociales, para ellos el mejor pago fueron las
sonrisas y la felicidad de los niños y de
los ancianos que disfrutaron de las fiestas.
Esa es la más grande
satisfacción de este grupo de estudiantes
de buen corazón.