Recreación
del poeta triste
La biografía es un difícil
ejercicio literario, por la estricta fidelidad
en el dato que este género requiere;
pero, un experimento de mayor dificultad es la
recreación imaginaria de la vida de un
hombre, a partir de datos dispersos, de
testimonios cargados de sobreprotección
de la imagen, del emotivo recuerdo, el riesgo de
la distorsión y otras impurezas que
tienden a mitificar, antes que a describir e
informar.
Rolando
Monterrosa
Al
escribir la "recreación
biográfica" del poeta Alfredo Espino, el
autor Francisco Andrés Escobar transita
con buen pie por una accidentada
topografía, en la que es fácil
tropezar.
La biografía exige la mención
exacta de lugares, fechas, episodios sobre el
sujeto y su entorno; la recreación
biográfica, en cambio, es el imaginar, el
casi adivinar, lo que el personaje pudo haber
hecho o dicho en circunstancias más o
menos conocidas.
En su libro "La lira, la cruz y la sombra -
Biogra-fía de Alfredo Espino", editada
por Concultura, Francisco se aproxima al poeta
como un paleontólogo que reconstruye la
totalidad de un ejemplar jurásico, a
partir de un pequeño hueso.
Toma como referencia, además de los
poemas, lo poco que se sabe sobre la timidez, el
alcoholismo, la sospechada homosexualidad y el
presunto suicidio del poeta, para recrear la
vida de este.
Comienza con una entrevista imaginaria. Debo
confesar que empecé a leerla con un poco
de escepticismo, pero a medida que iba avanzando
en el diálogo, este adquiría tal
verosimilitud e interés que me
llevó a leer de un tirón todo el
volumen.
También incluye en su libro una pieza
teatral en la que los protagonistas, si bien
sólo los llama "Él y Ella", se
intuye son los padres del poeta. La obra, en dos
actos, se desenvuelve con gran vigor
dramático. En ella, la pareja expresa su
culpa por el triste destino del hijo.
Francisco logra efectos que dan credibilidad
a lo que uno sabe es sólo ficción:
lo imaginado enlaza tan bien con el hecho real
que ambos se ajustan entre si como la pieza de
un rompecabezas con su par correcto.
Otro rasgo de refinada audacia literaria, por
parte de Francisco, son los trozos imaginarios
del diario de Espino. Supone con mesura, hasta
ese sutil límite en el que sólo al
lector le es lícito complementar lo
supuesto.
Me quedo corto al decir cuanto me ha gustado
esta recreación biográfica del
autor de "Jícaras Tristes", escrita con
mucho atrevimiento, sí, pero con una
justa medida de delicadeza, respeto y, sobre
todo, con singular ingenio.
Y, gracias a Miguel Huezo Mixco quien, con
este interesante libro, me hizo el más
grato regalo de la temporada.
¡Les deseo a todos un próspero
Año 2002!