Ministerio
Espiga
La matanza de los
inocentes
Por
Salvador Gómez, Predicador
Católico
Dicen
las Sagradas Escrituras que cuando Herodes se
dio cuenta de que los magos tomaron otro camino
para evadirlo y no informarle de dónde
habían encontrado al Niño
Jesús, "se enfureció terriblemente
y envió a matar a todos los niños
de Belén y de toda su comarca" (Mt. 2,
16).
Siempre los más inocentes resultan ser
las víctimas. ¡Cuántos
niños están hoy sufriendo lo que
no podríamos expresar con palabras!
Desde el aborto hasta el maltrato
intrafamiliar y los hogares desintegrados,
sobran las espadas que hieren a los
niños, a los mismos de quien el Divino
Maestro decía: "Quien recibe a uno de
estos pequeños, a Mí me
recibe".
Estos preferidos de Dios son los que muchas
veces vagan pidiendo limosna por las calles, u
oliendo pega o son presas de las pandillas o que
son explotados por sujetos inescrupulosos.
Cómo olvidar a Jaime, de 8
años, y Claudia, de 9, para hacerme la
misma petición: "Hermano Salvador,
pídale a Jesús que mis
papás no se separen, pues los quiero a
los dos y no me gustaría tener que vivir
con uno solo".
No he podido más que llorar con ellos
y enseñarles a orar: Si mi padre y mi
madre me abandonan, Tú nunca me
abandonarás. Los que estamos contigo,
Jesús, no estamos solos. Señor:
que me falte todo, menos Tú".
Ha sido imposible olvidar el rostro de una
niña que cuando me disponía a
iniciar una conferencia para más de mil
empresarios en San Pedro Sula, Honduras,
sorpresivamente se acercó con su madre
para decirme: "He venido para pedirle una
fantasía: quiero que usted me ayude a que
mi papá regrese a casa".
Aproveché que dos estaciones de radio
estaban transmitiendo en vivo y que se estaba
filmando para la televisión; puse a todos
a orar, no por una fantasía, sin para
pedir a Dios el milagro de que ese y muchos
otros padres tomaran concienciade lo valiosos
que son y cuánta falta hacen al lado de
sus hijos.
Todavía no he podido evaluar lo que
pasó aquella noche, pero al menos
sé que desde ese día estoy
más consciente del dolor de los
niños abandonados por sus padres.
No quiero relatar aquí los casos
reales que conozco de niños que han
intentado suicidarse pues no soportan la
desintegración de su hogar; otros no se
que daron en el intento y cada día
aumenta el índice de suicidios de
niños y adolescentes.
Muchos más, aun viviendo con sus
padres, son víctimas del maltrato, el
abuso sexual, la explotación, sin que a
los adultos les importen las heridas que para
toda la vida se hacen en la mente y en el
corazón de esos inocentes.
Sólo Dios, y no el tiempo,
podrán sanarlos.