Lunes 24 de diciembre 2001


Esta boca es mía
Navidad misteriosa
Marcel Orestes Posada* 

Como la Navidad, otro tiempo no hay. Los días luminosos. Cúpula de azul intenso; viento amable, apacible. La mirada hacia el cielo, suspiros anhelantes, deseo de volar. Noches de raro embrujo, embriagadas de luces. Las estrellas, la luna, todo distinto luce.

Luna de lino fino, tan alba como nunca, para significar la genuina pureza, la tersura y ternura de aquel niño nacido hace ya dos mil años. En la sublime escena de la noche más buena, luna de limpia lana, vibrante perla viva, exhibidora augusta del regalo del sol, es comprimida ofrenda del universo entero, de todas las potencias en concierto supremo, celebrando el suceso más grande de la historia. Un presente de luz ante el pesebre en luz.

Selene, esclava y reina, musa grácil y altiva, ataviada en secreto con cósmicos cosméticos, ahonda así el arcano de su escondida faz, indicando con ello que en todo lo que existe hay un lado vedado y que aún muchas cosas están frente a nosotros expuestas a la vista, sin ser empero vistas. Y en estando desnudas, no acertamos siquiera a responder por qué. Críptico es el sentir del alma en este tiempo; lenificado espíritu, alegría indecible, tierna y dulce tristeza. ¡Insondable misterio!

Al fondo las estrellas, en regio sortilegio, engarzadas por invisibles lazos que Newton bautizara como gravitación. Flor de luz palpitante cada una de ellas, en el jardín perpetuo del gran domo profundo, santo templo de Dios. Pero hay una, sólo una, indicando cómo fue ya cumplido el tiempo que anunciara Balaam, sin quererlo por cierto (Números 24:17). Luminaria mesiánica, lucero de Belén, el cual signó el gran día cuando habría de venir el ungido unigénito que predijo Isaías (9:6): "... niño nos es nacido,... su principado al hombro y llevará por nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno y Príncipe de Paz".

Navidad misteriosa, gozosa y melancólica. Quintaesencia del año, piedra militar del tiempo. Traje de gala en luces, para vencer tinieblas. Y un ángel, cual mascarón de proa en nave de la vida, derrota las fantasmales sombras de pesados pecados pasados de los arrepentidos.

Época de recuerdos de una infancia lejana. Lágrimas por los muertos. Homenaje a los padres y a veces la ausencia y el olvido. Apuros y vergüenzas porque hoy día no ajusta para los regalitos a los seres amados, menos a los desamparados. Renuncia obligada a las grandes presiones del fiero consumismo. Nostalgia por los hijos que marcharon para nunca volver. Profunda soledad en medio del bullicio; cada quien va gimiendo sus cuitas en silencio. Vano sueño de un retorno risueño y perfumado al ayer esfumado; el querer repetir con Manrique "Cómo, a nuestro parecer, cualquier tiempo pasado fue mejor", aunque ello sea necio, según Eclesiastés (7:10). Evocar el pasado inútilmente; invocar en esta hora el sincero propósito de abocarse al inmediato futuro, realización de metas y objetivos repetidos y fallidos de siempre.

Allende la alegría del abrazo y del beso, del deseo ferviente de "Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo"; más allá de la angustia, la soledad y el frío, está el amor misterioso que cada año renace con el Niño, manantial de agua viva que se derrame sobre los corazones y fecunda los páramos del tiempo que sigue hasta la eternidad.

* Dr. en Derecho.


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