Esta
boca es mía
Navidad misteriosa
Marcel
Orestes Posada*
Como la Navidad, otro tiempo no hay. Los
días luminosos. Cúpula de azul
intenso; viento amable, apacible. La mirada
hacia el cielo, suspiros anhelantes, deseo de
volar. Noches de raro embrujo, embriagadas de
luces. Las estrellas, la luna, todo distinto
luce.
Luna de lino fino, tan alba como nunca, para
significar la genuina pureza, la tersura y
ternura de aquel niño nacido hace ya dos
mil años. En la sublime escena de la
noche más buena, luna de limpia lana,
vibrante perla viva, exhibidora augusta del
regalo del sol, es comprimida ofrenda del
universo entero, de todas las potencias en
concierto supremo, celebrando el suceso
más grande de la historia. Un presente de
luz ante el pesebre en luz.
Selene, esclava y reina, musa grácil y
altiva, ataviada en secreto con cósmicos
cosméticos, ahonda así el arcano
de su escondida faz, indicando con ello que en
todo lo que existe hay un lado vedado y que
aún muchas cosas están frente a
nosotros expuestas a la vista, sin ser empero
vistas. Y en estando desnudas, no acertamos
siquiera a responder por qué.
Críptico es el sentir del alma en este
tiempo; lenificado espíritu,
alegría indecible, tierna y dulce
tristeza. ¡Insondable misterio!
Al fondo las estrellas, en regio sortilegio,
engarzadas por invisibles lazos que Newton
bautizara como gravitación. Flor de luz
palpitante cada una de ellas, en el
jardín perpetuo del gran domo profundo,
santo templo de Dios. Pero hay una, sólo
una, indicando cómo fue ya cumplido el
tiempo que anunciara Balaam, sin quererlo por
cierto (Números 24:17). Luminaria
mesiánica, lucero de Belén, el
cual signó el gran día cuando
habría de venir el ungido
unigénito que predijo Isaías
(9:6): "... niño nos es nacido,... su
principado al hombro y llevará por nombre
Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno
y Príncipe de Paz".
Navidad misteriosa, gozosa y
melancólica. Quintaesencia del
año, piedra militar del tiempo. Traje de
gala en luces, para vencer tinieblas. Y un
ángel, cual mascarón de proa en
nave de la vida, derrota las fantasmales sombras
de pesados pecados pasados de los
arrepentidos.
Época de recuerdos de una infancia
lejana. Lágrimas por los muertos.
Homenaje a los padres y a veces la ausencia y el
olvido. Apuros y vergüenzas porque hoy
día no ajusta para los regalitos a los
seres amados, menos a los desamparados. Renuncia
obligada a las grandes presiones del fiero
consumismo. Nostalgia por los hijos que
marcharon para nunca volver. Profunda soledad en
medio del bullicio; cada quien va gimiendo sus
cuitas en silencio. Vano sueño de un
retorno risueño y perfumado al ayer
esfumado; el querer repetir con Manrique
"Cómo, a nuestro parecer, cualquier
tiempo pasado fue mejor", aunque ello sea necio,
según Eclesiastés (7:10). Evocar
el pasado inútilmente; invocar en esta
hora el sincero propósito de abocarse al
inmediato futuro, realización de metas y
objetivos repetidos y fallidos de siempre.
Allende la alegría del abrazo y del
beso, del deseo ferviente de "Feliz Navidad y
Próspero Año Nuevo"; más
allá de la angustia, la soledad y el
frío, está el amor misterioso que
cada año renace con el Niño,
manantial de agua viva que se derrame sobre los
corazones y fecunda los páramos del
tiempo que sigue hasta la eternidad.
* Dr. en
Derecho.