Lunes 24 de diciembre 2001


Lo que yo quiero para mi país
Una carta especial a Santa Claus
RAFAEL RODRIGUEZ LOUCEL*
e-mail: rloucel@utec.edu.sv

Estamos en diciembre, el último mes del año en el cual se observan luces artificiales, se originan expectativas, renacen esperanzas y se renuevan costumbres; entre éstas últimas sobresalen las peticiones de regalos que cuando niños realizábamos a través de una carta a un personaje que todavía se le observa representado por un actor o empleado en películas y almacenes: Santa Claus. Recurro a ese mundo de ilusiones para realizar peticiones, de lo que yo quisiese fuese mí país.

Desearía que en mi país existiera una coexistencia social caracterizada por: una seguridad personal, sin violencia física y sin amenazas constantes; ausencia de instrumentos ocultos de opresión no necesariamente físicos, pero que sí generan inseguridad ciudadana; que no hubiesen presuntos culpables sin ser sometidos a un juicio en el menor tiempo posible. Un país en el que no existan violaciones a los derechos humanos de ninguna índole y prostitución precoz como fenómenos sociales.

Me gustaría vivir en un país con un estado de derecho que posibilite librarse del temor y el disfrute de las libertades. Un sistema de justicia capaz, imparcial, equitativo, que ignore la pobreza, el rango y la afiliación como elementos de favoritismo o endurecimiento de aplicación de la ley; un sistema judicial que opere eficazmente para que potencie la protección de las libertades y los derechos humanos, que erradique la violencia, el crimen, el secuestro y otras formas delictivas, dando así pauta para un ambiente caracterizado por la libertad y acatamiento de la ley sin discriminación alguna.

Quisiera vivir en un país sin tráfico de influencias o más directamente sin el fenómeno conocido como corrupción y en la cual el dinero y el poder no menoscaben la independencia del sistema judicial y la equidad e imparcialidad de la justicia; un país en el cual no exista una tolerancia perniciosa del crimen organizado, en el cual los encargados de administrar justicia sean respetuosos de la ley con jueces y fiscales de mucha credibilidad que promuevan la confianza del sistema como un todo; un espacio físico en el cual los jurados proporcionen veredictos de acuerdo con la ley y la evidencia, y un cuerpo policial que no infunda temor y hostilidad, ni que participe en una forma visible o disfrazada en el maltrato al sospechoso y que se caracterice por su falta de ética. En pocas palabras: una justicia transparente y sin compromisos.

Una petición esencial es desear vivir en una sociedad que se le reconozca por democrática, partiendo de la existencia de un sistema de igualdad de oportunidades que le permita a todos los ciudadanos la posibilidad de acceso a la libertad y la solidaridad, identificadas ambas con el desarrollo humano. Quisiera también tener posibilidad para participar en la adopción de las decisiones a través de una libertad de prensa y una libertad de expresión que permita emitir opinión sin temor a represalias. Ese deseo nace de la inquietud de la ciudadanía consciente que reclama una trasparencia y una responsabilidad en la gestión gubernamental, porque la formulación de políticas gubernamentales sin la participación ciudadana niega la igualdad de oportunidades, obstaculiza el desarrollo humano y desconoce la democracia.

Anhelo una igualdad de oportunidades que considerara el acceso al trabajo como un medio para lograr una mejor calidad de vida y la posibilidad de habilitar a las personas a la sociedad con dignidad y autoestima. Igualmente me agradaría un país en el cual todas las personas sean reconocidas como parte importante de un sistema eleccionario con la suficiente credibilidad, con una participación masiva como una forma efectiva de que esa sociedad decida su propio destino a través de un gobierno representativo, logrando al mismo tiempo crear en todos los ciudadanos un sentido de pertenencia.

En ese deber ser de sociedad se concibe un gobierno con un Poder Legislativo elegido democráticamente, un Poder Judicial independiente y un Poder Ejecutivo que pueda tener una independencia integral y razonable en la formulación de políticas; esa sociedad debe ser abierta para consolidar la participación, la influencia, la expresión y la responsabilidad. En ese contexto un gobierno democrático constituiría el marco político ideal para la realización de los derechos humanos basado en la extensión de los derechos civiles y políticos, principalmente el derecho a participar en la vida política; permitiendo que se expresen opiniones en la adopción de las decisiones. La necesaria libertad de participación, expresión y asociación, proporcionaría una sensación de injerencia, no limitada a emitir un voto, sino a una participación activa y real en las decisiones y acontecimientos que determinan nuestras vidas.

Ansío, finalmente, para que pidan otros, una mejor distribución del ingreso, una amplia y numerosa clase media, menos pobreza, mejores servicios de salud y una educación para todos. ¡Feliz Navidad y próspero Año Nuevo!


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