La
Nota del
Día
¿Cómo era el
Niño Jesús?
No nos es posible, a los humanos, separar
la poesía y las imágenes que dan
forma a la vida de Jesús, de lo que son
las tradiciones
elén era una apacible aldea con un
mercado bullanguero, cuando hace años
visitamos la linda basílica cristiana del
siglo IV, edificada por Santa Elena, donde la
tradición sitúa el lugar en que
estuvo el pesebre y tomaron refugio María
y José. Es Nazareth una región de
suaves colinas, fría en el invierno y
calurosa en el verano, aunque en la
antigüedad debe haber sido boscosa,
muchísimo más verde que hoy en
día.
La Palestina de entonces era parte del mundo
helénico, suelo en el cual, y a lo largo
de milenios, se asentaron sumerios, egipcios,
hititas, semitas, griegos y, en el Año
Sexto, los romanos. Con toda probabilidad la
población era blanca, de ojos y cabellos
claros, bien formada e inteligente.
Empédocles afirmaba que si los bueyes
tuvieran dioses, estos se concebirían
también como bueyes. El Cristo, como el
Niño Jesús, es rubio para los
nórdicos, moreno para los pueblos del
mediodía, oscuro para los negros y de
ojos rasgados para los orientales. Muy poco dice
la Biblia sobre su infancia, la que rodea de
poesía, de predestinación, y de un
acendrado amor prodigado por sus padres
terrenales.
No hay, fuera de las Sagradas Escrituras,
ninguna referencia a magos que llegaran del
Oriente, ni de una matanza ordenada por el rey
Herodes, que la historia recuerda como "El
Grande". Lo que se ha logrado establecer es una
coincidencia de la fecha probable del nacimiento
de Jesús con la aparición de un
cometa, fenómeno celestial que los
antiguos siempre interpretaron como el preludio
de sucesos portentosos. Según la Biblia,
María y José huyeron a Egipto con
el infante Jesús para escapar de la
persecución ordenada por Herodes.
¿Cómo era Jesús? A los
doce años se vio rodeado de doctores, que
lo interrogaban y se maravillaban de su
sabiduría y su encanto. Él ayudaba
a José en su trabajo de carpintero. Y
después de deslumbrar a los que
enseñaban y juzgaban, nada más se
dice sobre él hasta que comienza su
magisterio al recibir las aguas bautismales de
su primo, San Juan Bautista.
Llegando a la verdad a través de la
poesía
En una enigmática realización,
el gran director de cine Luis Buñuel se
pregunta cómo era Jesús. Igual
interrogante se vienen planteando los
teólogos y luego los historiadores por
dos milenios. ¿Es que Jesús era
solemne, pausado en el andar, de pocas palabras,
intenso en su trato, ensimismado? ¿O acaso
fue un espíritu risueño y poseedor
de un magnetismo extraordinario, que sin embargo
no le salvó cuando lo condujeron ante
Pilato?
¿Era Jesús
sonriente, alegre, lleno de vida y
pletórico de gracia?
Hasta el siglo V de nuestra era, Jesús
fue representado joven y sin barba, usando la
vestimenta corta de los pastores. Es el supremo
pastor de almas. El Jesús de los mosaicos
y relieve de la época, concuerda con la
imagen y personalidad del que nace con un
irresistible carisma y enciende un amor capaz de
ofrendar la propia existencia.
No nos es posible, a los humanos, separar la
poesía y las imágenes que dan
forma a la vida de Jesús, de lo que son
las tradiciones asentadas sobre hechos reales.
La visita de Arcángel a María, el
anuncio a los pastores, el milagro del
nacimiento en el pesebre, el largo peregrinaje
de los reyes magos con sus ofrendas de oro,
incienso y mirra, la fuga a tierras ignotas,
revela infinitamente más sobre las
esencias de una figura, y de todo su mensaje de
redención, de lo que se puede elucubrar y
deducirse de datos históricos.
Ese carácter poético de la
religión universal, que también
perfila la historia de Buda, es escueto en el
detalle pero inmensamente rico en profundidad y
grandeza. Corazonadas, intuiciones, la
emoción de la fe, el amor que despierta
el milagro de la maternidad, llevan más
allá de lo que podría el
testimonio directo y la reflexión
fría. Es la diferencia medular entre lo
terrenal y lo celestial.