Viernes 21 de diciembre 2001


El fin de la convertibilidad

Fracasó el modelo que muchos creyeron ideal para brindar estabilidad económica. Un triste final para Domingo Cavallo

Antonio Trujillo
El Diario de Hoy

La convertibilidad, el producto estrella del modelo económico que durante diez años se aplicó en Argentina, se colocó ayer a las puertas del cementerio, en medio de un estruendoso fracaso, que arrastró a su creador, el superministro Domingo Cavallo.

Y no sólo hundió a Cavallo, sino a todo el gobierno de Fernando de la Rúa, quien se vio obligado a renunciar ante el evidente estado de ingobernabilidad en que se encontraba.

La convertibilidad fue la creación de la que más se enorgulleció Argentina en la década de los 90, cuando empezó a operar bajo el gobierno de Carlos Menem.

Concebida como la fórmula mágica para evitar la devaluación, frenar la inflación e inducir la estabilida d macroeconómica, la convertibilidad colocó al peso argentino en una paridad inmodificable de uno a uno con el dólar estadounidense.

La "caja"

Para garantizar la vigencia de esa paridad, el Banco Central estaba obligado a vigilar que en la economía argentina circularan por igual pesos y dólares.

En la medida en que a la economía entraran dólares, el Banco debía hacer circular pesos en igual proporción. Y si, al contrario, salían del país dólares, tenía que contraer el circulante en moneda local.

La inflación se frenó, pero antes de ello los precios habían llegado a tal magnitud, que Buenos Aires se convirtió, de lejos, en la ciudad más cara de Latinoamérica.

También se espantó el fantasma de la devaluación, ya que la tasa de cambio era inmodificable. Pero el sistema no garantizaba una protección contra crisis cambiarias en otros países.

Cavallo paseó por América Latina exponiendo las bondades de su modelo, y cautivó a políticos y economistas que empezaron a hacer coro a las bondades de su sistema.

Los postulados de Cavallo sirvieron de máximo argumento a la corriente de fanáticos de la dolarización, que hicieron del argentino, uno de sus ídolos.

Bases débiles

Pero aunque se suponía que era el sistema cambiario ideal, su permeabilidad a la crisis cambiaria brasileña de febrero de 1999 dejó en evidencia que no brindaba competitividad a las exportaciones y en cambio era ideal para favorecer las importaciones. Y era ideal también para endeudarse en dólares.

La deuda se acumuló a lo largo de los años de la orgullosa "paridad uno a uno" y llegó a los $132,000 millones, una suma inimaginable, la cual ningún argentino sabe cómo se pagará.

Tampoco pudo la convertibilidad servir de estímulo a la producción. Creer que sólo con la política de no devaluar era suficiente para que la empresa privada se sintiera en un paraíso fue un craso error

Pensar que la caída de las tasas de interés, causada por la dolarización del crédito, era la panacea para estimular la actividad productiva y por ende, el empleo, fue una ilusión que la realidad fue destruyendo poco a poco.

Al final, se comprobó que de nada vale no tener inflación si no hay creación de empleo y si el país no sabe cómo hacer para que su economía crezca.

El orgullo de creer que pagar en dólares en los supermercados es símbolo de desarrollo y de "estabilidad" es una falsa premisa que la realidad de la economía se encargó de desmentir.

Cavallo salió del gobierno de Menem con el prestigio de ser el economista más brillante de todos los tiempos en Argentina. Era el hombre que con su "caja de convertibilidad" había colocado al país a las puertas del Primer Mundo.

Del gobierno de de la Rúa salió ayer casi que a escondidas, odiado por sus antiguos admiradores y con su teoría cambiaria hecha añicos.

En la agonía de su gestión, imploró al Fondo Monetario Internacional por más ayuda. Fue en vano. Incluso ayer, apresuradamente, ese organismo se apresuró a decir que no tenía nada que ver con la crisis argen tina.

Bajo la presión de los retiros masivos de dinero de los bancos, el superministro ideó la última de sus fórmulas mágicas: limitar las cantidades que la ciudadanía podía retirar de sus cuentas. Con esa medida prendió la mecha que haría estallar una economía sin salida.


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