CAOS EN
ARGENTINA
El presidente de Argentina, Fernando de la
Rúa, dimitió ayer a mitad de su
mandato, acorralado por violentas protestas
callejeras y por la oposición, que
exigían su renuncia.
- BUENOS
AIRES, ARGENTINA
- SEVICIOS
CABLEGRAFICOS.-
"El
presidente ha enviado su renuncia al Congreso",
dijo Nicolás Gallo, Secretario General de
la Presidencia, después de que el
opositor peronismo rechazó el desesperado
llamado de De la Rúa a un gobierno de
salvación nacional.
Según la actual línea de
sucesión, el presidente del Senado de la
Nación, el peronista Ramón Puerta,
sucederá a De la Rúa en su cargo
temporalmente.
Puerta tiene la obligación de convocar
a una asamblea legislativa en 48 horas, que
deberá elegir a un gobernador, diputado o
senador para que llame a una nuevas
elección presidencial. La asamblea
legislativa también podría optar
por confirmar a Puerta y determinar una nueva
fecha para la elección.
A apenas pocos metros del despacho del
presidente, cientos de manifestantes chocaron
durante todo el día violentamente con la
policía al grito de "abajo De la
Rúa", convirtiendo el centro de Buenos
Aires en un campo de batalla, con el aire
contaminado por los gases lacrimógenos,
pilas de basuras incendiadas en las esquinas y
dos bancos ardiendo por los desmanes.
Los efectivos policiales perseguían a
los manifestantes por las calles, usando en
algunos casos carros hidrantes; paralelamente,
muchos supermercados y comercios decidieron
cerrar sus puertas por temor a los saqueos que
se produjeron el miércoles, durante los
cuales murieron 22 personas.
Tres duros golpes
En horas de la tarde de ayer, De la
Rúa realizó un último
intento por mantenerse en el poder y
llamó a formar un gabinete de
salvación nacional con el peronismo, que
domina el Congreso y administra la
mayoría de las provincias argentinas.
Pero recibió el rechazo de las
principal fuerza de la oposición: "El
justicialismo (peronismo) va a seguir ejerciendo
su rol de oposición y no va a participar
de ningún cogobierno", aseguró el
partido, en un comunicado del bloque de sus
diputados nacionales.
En otro golpe al gobierno, la principal
central obrera en Argentina --la
Confederación General del Trabajo--
convocó a una huelga general junto con un
brazo disidente a su organización.
El gobierno también recibió un
golpe legislativo cuando el peronismo usó
su control del Congreso para que la
Cámara de Senadores le retirara al
gobierno unos poderes especiales que el
parlamento le había cedido para enfrentar
la crisis económica. La cámara
alta anuló además algunas de las
restricciones bancarias impuestas por el ex
ministro de Economía Domingo Cavallo para
frenar una fuga de depósitos.
Las medidas ya habían sido derogadas
por la Cámara de Diputados,
también dominada por la
oposición.
Las protestas del miércoles forzaron
la salida del ministro de Economía
Cavallo, quien presentó su renuncia cerca
de la medianoche junto con todo el gabinete.
Cavallo, considerado hasta esta semana el hombre
fuerte del gobierno, solicitó medidas
especiales de seguridad por temor a que la
población tome represalias contra
él y su familia.
La
recesión
Argentina está afectada por una severa
recesión económica que lleva 42
meses y cuyas consecuencias sociales son
visibles, aunque el gobierno dijo que los
saqueos y los episodios de violencia se deben a
una agitación política
planificada.
Las cifra de la economía argentina
reflejan que un tercio de los 36 millones de
habitantes vive por debajo de la línea de
la pobreza. Alrededor de 5,5 millones de
personas enfrentan problemas de empleo y casi 15
millones se encuentran en situación de
pobreza.
¿Y Washington?
De valioso aliado, Argen-tina ha pasado a ser
potencialmente una causa perdida para Estados
Unidos.
En dos ocasiones el jueves, el gobierno se
resistió a dar el más
mínimo indicio de una intervención
directa en ayuda de un país cuya crisis
económica y política ha derivado
en pillaje y violencia.
Ari Fleischer, vocero de la Casa Blanca, ha
dicho en ambas ocasiones que el presidente
George W. Bush vería con buenos ojos que
el país sudamericano continuara tratando
de hacer buenas migas con el Fondo Monetario
Internacional.
''Estamos preocupados por los
acontecimientos'', dijo Fleischer.