Viernes 21 de diciembre 2001



CAOS EN ARGENTINA

El presidente de Argentina, Fernando de la Rúa, dimitió ayer a mitad de su mandato, acorralado por violentas protestas callejeras y por la oposición, que exigían su renuncia.

BUENOS AIRES, ARGENTINA
SEVICIOS CABLEGRAFICOS.-

"El presidente ha enviado su renuncia al Congreso", dijo Nicolás Gallo, Secretario General de la Presidencia, después de que el opositor peronismo rechazó el desesperado llamado de De la Rúa a un gobierno de salvación nacional.

Según la actual línea de sucesión, el presidente del Senado de la Nación, el peronista Ramón Puerta, sucederá a De la Rúa en su cargo temporalmente.

Puerta tiene la obligación de convocar a una asamblea legislativa en 48 horas, que deberá elegir a un gobernador, diputado o senador para que llame a una nuevas elección presidencial. La asamblea legislativa también podría optar por confirmar a Puerta y determinar una nueva fecha para la elección.

A apenas pocos metros del despacho del presidente, cientos de manifestantes chocaron durante todo el día violentamente con la policía al grito de "abajo De la Rúa", convirtiendo el centro de Buenos Aires en un campo de batalla, con el aire contaminado por los gases lacrimógenos, pilas de basuras incendiadas en las esquinas y dos bancos ardiendo por los desmanes.

Los efectivos policiales perseguían a los manifestantes por las calles, usando en algunos casos carros hidrantes; paralelamente, muchos supermercados y comercios decidieron cerrar sus puertas por temor a los saqueos que se produjeron el miércoles, durante los cuales murieron 22 personas.

Tres duros golpes

En horas de la tarde de ayer, De la Rúa realizó un último intento por mantenerse en el poder y llamó a formar un gabinete de salvación nacional con el peronismo, que domina el Congreso y administra la mayoría de las provincias argentinas.

Pero recibió el rechazo de las principal fuerza de la oposición: "El justicialismo (peronismo) va a seguir ejerciendo su rol de oposición y no va a participar de ningún cogobierno", aseguró el partido, en un comunicado del bloque de sus diputados nacionales.

En otro golpe al gobierno, la principal central obrera en Argentina --la Confederación General del Trabajo-- convocó a una huelga general junto con un brazo disidente a su organización.

El gobierno también recibió un golpe legislativo cuando el peronismo usó su control del Congreso para que la Cámara de Senadores le retirara al gobierno unos poderes especiales que el parlamento le había cedido para enfrentar la crisis económica. La cámara alta anuló además algunas de las restricciones bancarias impuestas por el ex ministro de Economía Domingo Cavallo para frenar una fuga de depósitos.

Las medidas ya habían sido derogadas por la Cámara de Diputados, también dominada por la oposición.

Las protestas del miércoles forzaron la salida del ministro de Economía Cavallo, quien presentó su renuncia cerca de la medianoche junto con todo el gabinete. Cavallo, considerado hasta esta semana el hombre fuerte del gobierno, solicitó medidas especiales de seguridad por temor a que la población tome represalias contra él y su familia.

La recesión

Argentina está afectada por una severa recesión económica que lleva 42 meses y cuyas consecuencias sociales son visibles, aunque el gobierno dijo que los saqueos y los episodios de violencia se deben a una agitación política planificada.

Las cifra de la economía argentina reflejan que un tercio de los 36 millones de habitantes vive por debajo de la línea de la pobreza. Alrededor de 5,5 millones de personas enfrentan problemas de empleo y casi 15 millones se encuentran en situación de pobreza.

¿Y Washington?

De valioso aliado, Argen-tina ha pasado a ser potencialmente una causa perdida para Estados Unidos.

En dos ocasiones el jueves, el gobierno se resistió a dar el más mínimo indicio de una intervención directa en ayuda de un país cuya crisis económica y política ha derivado en pillaje y violencia.

Ari Fleischer, vocero de la Casa Blanca, ha dicho en ambas ocasiones que el presidente George W. Bush vería con buenos ojos que el país sudamericano continuara tratando de hacer buenas migas con el Fondo Monetario Internacional.

''Estamos preocupados por los acontecimientos'', dijo Fleischer.


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