El traspaso de la
Hacienda
Era una especie de Doña
Bárbara, pero en la política
salvadoreña. A pesar que el
mandamás de la Hacienda nunca le tuvo
confianza (era machista hasta los
tuétanos), ella logró escalar
posiciones de poder.
Luis
Laínez
Bueno, la verdad es que no sólo
tenía a favor la voluntad inquebrantable,
el ánimo exultante y la fuerza de
activista.
También tenía enormes recursos
económicos, heredados de un pasado
humeante y servido en taza, una hacienda
real.
Estaba antes que surgiera la Hacienda, y su
firma, claro está, estaba de entre las
fundadoras.
Para evitarse confrontaciones, el
líder la envió a la Casa del
Pueblo. Ahí permaneció más
de tres lustros seguidos.
En el penúltimo período tuvo
todo en la bolsa.
Dirigía la Hacienda y a la Casa del
Pueblo con voluntad férrea, gracias a que
el conejo comerciante se encontró en un
encrucijada y depositó en ella el
regentazgo.
Era tal su habilidad de convencimiento que
logró que la mayor organización de
colonos se rompiera en dos pedazos.
Con el trozo más pequeño
logró sacó del hoyo financiero a
la Asociación de Haciendas. Hundió
a sus colonos amigos, pero después hizo
que una pequeña finca los acogiera en una
extraña alianza, para evitar que murieran
por no tener nada que llevarse a la boca).
Los colonos de la casa del pueblo
temían su ferocidad y la forma de dar
órdenas.
- ¡Cree que está en su propia
hacienda! -exclamaban por lo bajo.
Y así era.
En mal momento. A pesar de haber puesto a sus
amigas en candidaturas seguras (¡hombre!,
¡esto se trata de fomentar la
participación femenina!), la hacienda
perdió una docena de socios de la casa
del Pueblo.
Y le echaron la culpa. De ser la propietaria
de la Hacienda pasó a ser una capataz sin
nadie a cargo.
Los que antes, literalmente, comieron de su
mano se convirtieron en sus enemigos.
Uno de ellos, que luego se convirtió
en gerente interino de la Hacienda, le
llegó a decir en la Casa del Pueblo que
ella no representaba al grupo.
Esas y otras cosas empezaron a hartarla,
sobre todo porque la Hacienda ya no tenía
el mismo método de trabajo.
Hizo su esfuerzo para que todo volviera a ser
como antes, como cuando ella y otros 32 fundaron
la Hacienda. Pero no le hicieron caso.
Así que compró una finca.
- ¡Eso sí, me devuelven la casa
que les presté durante 20 años!
-amenazó.