Opinando
El valor de ser
abogado
Edgar
Hernán Varela*
mail: edgar_hernan_varela@hotmail.com
Somos más de 7 mil abogados.
Aproximadamente 8 mil estudiantes de derecho
incursionarán en el campo profesional en
el mediano plazo, constituyéndonos en una
de las mayores ofertas profesionales nacionales
en un área social deprimida por la
incredulidad ciudadana en las instituciones que
administran justicia y por la falta de una
verdadera ética profesional.
Ser abogado requiere mucho valor y coraje.
Muchos profesionales del derecho son dignos
ejemplos a seguir. Cultivaron pacientemente una
escala de valores a lo largo de sus estudios.
Otros colegas no lograron consolidar conceptos
claros sobre la profesión y simplemente
ejercen su trabajo con ínfimas
consideraciones éticas. Tales
circunstancias afectan al gremio, escuchando al
pueblo expresarse sobre la corrupción o
ineptitud de los abogados, sin discriminar a los
que realmente desde una oficina pública o
privada enaltecen su condición
profesional.
El valor de ser abogado también se
evalúa por el camino limpio y
transparente recorrido en la universidad para
graduarse y ser autorizado en el ejercicio de la
función pública del notariado. Hoy
no basta con tener un título, a sabiendas
que significativas cantidades de ellos fueron
obtenidos en forma fraudulenta; tampoco es
suficiente graduarse en determinada universidad
para ser reconocido como un verdadero abogado.
El valor de ser abogado radica en demostrar
permanentemente una cultura sobre la justicia y
la paz, contar con sólidos principios
jurídicos, éticos y morales y
comportarse pública y privadamente
adecuadamente, a pesar de la burla y menosprecio
que se ha hecho de la administración de
justicia en las ultimas décadas. Si
algunas facultades de derecho desestimaron del
pensum de estudios las materias de ética,
oratoria, gramática superior,
sociología o filosofía del
derecho, lógico es suponer que algunos
abogados no gocen de valores y virtudes
relacionadas con la justicia.
A ello unamos el paulatino deterioro nacional
de una escala de valores morales, éticos,
religiosos y cívicos, como resultado,
entre otras causas, de las condiciones
económicas, políticas y sociales
que El Salvador sufre desde hace varias
décadas. La corrupción en la
administración de justicia, una de las
banderas reivindicatorias del golpe de Estado de
1979, continúa erosionando todas las
buenas intenciones de funcionarios honestos del
Órgano Judicial. En varias ocasiones la
Corte Suprema de Justicia ha propiciado la
erradicación de la corrupción y
la elaboración y aprobación de un
Código de Ética Judicial.
La Federación de Asociaciones de
Abogados de El Salvador (FEDAES) también
ha realizado importantes esfuerzos en la misma
línea, auspiciando la redacción de
códigos de ética profesional,
enfrentándose incluso a sus mismos
asociados, por la falta de credibilidad en estas
normas. Paralelamente, la idea de un
código de ética profesional ha ido
acompasada con la colegiación de los
abogados, como el instrumento ideal que
permitiría a los abogados encuadrar sus
actuaciones en un marco del respeto a su propia
persona, a su familia y a la sociedad. El
corruptor no sólo ofende a la sociedad,
se daña a sí mismo.
Muchos abogados no desean escuchar ni
acompañar iniciativas tendientes a
autorregularnos éticamente. Son estas
voces las que siempre se alzan en cualquier
reunión donde se discuten estos temas
cruciales para la supervivencia del gremio.
Preveo que la globalización nos
terminará imponiendo reglas de conducta a
obedecer, para participar eficazmente en la
modernización de nuestro país y el
mejoramiento de la administración de
justicia.
El valor de ser abogado pasa necesariamente
por la audacia de sujetarnos voluntariamente a
respetar una escala de valores vinculados a la
justicia y paz, así como aceptar
obligatoriamente normas de un colegio de
abogados, antes de que sea demasiado tarde.
Conozco la decisión de la Corte Suprema
de Justicia de declarar inconstitucional la
colegiación, pero también conozco
alternativas de solución a explorarse con
mayor profundidad y dar todos un paso de calidad
hacia adelante y convertirnos en un gremio
motor del desarrollo humano de El Salvador.
Finalmente, será saludable para la
administración de justicia, que las
mismas asociaciones de jueces, juezas y
magistrados iniciaran un proceso de auto
depuración, elaboraran su propio
código de ética judicial y
propiciaran los cambios en los procesos de
investigación y evaluación del
comportamiento profesional de todos los
abogados. La FEDAES debería
acompañar, participar y avalar este
singular proceso. La sociedad y la justicia se
los agradecerán. Consolidemos la paz con
justicia.
*Dr. en
Derecho.