Viernes 21 de diciembre 2001


Opinando
El valor de ser abogado
Edgar Hernán Varela*
mail:
edgar_hernan_varela@hotmail.com

Somos más de 7 mil abogados. Aproximadamente 8 mil estudiantes de derecho incursionarán en el campo profesional en el mediano plazo, constituyéndonos en una de las mayores ofertas profesionales nacionales en un área social deprimida por la incredulidad ciudadana en las instituciones que administran justicia y por la falta de una verdadera ética profesional.

Ser abogado requiere mucho valor y coraje. Muchos profesionales del derecho son dignos ejemplos a seguir. Cultivaron pacientemente una escala de valores a lo largo de sus estudios. Otros colegas no lograron consolidar conceptos claros sobre la profesión y simplemente ejercen su trabajo con ínfimas consideraciones éticas. Tales circunstancias afectan al gremio, escuchando al pueblo expresarse sobre la corrupción o ineptitud de los abogados, sin discriminar a los que realmente desde una oficina pública o privada enaltecen su condición profesional.

El valor de ser abogado también se evalúa por el camino limpio y transparente recorrido en la universidad para graduarse y ser autorizado en el ejercicio de la función pública del notariado. Hoy no basta con tener un título, a sabiendas que significativas cantidades de ellos fueron obtenidos en forma fraudulenta; tampoco es suficiente graduarse en determinada universidad para ser reconocido como un verdadero abogado.

El valor de ser abogado radica en demostrar permanentemente una cultura sobre la justicia y la paz, contar con sólidos principios jurídicos, éticos y morales y comportarse pública y privadamente adecuadamente, a pesar de la burla y menosprecio que se ha hecho de la administración de justicia en las ultimas décadas. Si algunas facultades de derecho desestimaron del pensum de estudios las materias de ética, oratoria, gramática superior, sociología o filosofía del derecho, lógico es suponer que algunos abogados no gocen de valores y virtudes relacionadas con la justicia.

A ello unamos el paulatino deterioro nacional de una escala de valores morales, éticos, religiosos y cívicos, como resultado, entre otras causas, de las condiciones económicas, políticas y sociales que El Salvador sufre desde hace varias décadas. La corrupción en la administración de justicia, una de las banderas reivindicatorias del golpe de Estado de 1979, continúa erosionando todas las buenas intenciones de funcionarios honestos del Órgano Judicial. En varias ocasiones la Corte Suprema de Justicia ha propiciado la erradicación de la corrupción y la elaboración y aprobación de un Código de Ética Judicial.

La Federación de Asociaciones de Abogados de El Salvador (FEDAES) también ha realizado importantes esfuerzos en la misma línea, auspiciando la redacción de códigos de ética profesional, enfrentándose incluso a sus mismos asociados, por la falta de credibilidad en estas normas. Paralelamente, la idea de un código de ética profesional ha ido acompasada con la colegiación de los abogados, como el instrumento ideal que permitiría a los abogados encuadrar sus actuaciones en un marco del respeto a su propia persona, a su familia y a la sociedad. El corruptor no sólo ofende a la sociedad, se daña a sí mismo.

Muchos abogados no desean escuchar ni acompañar iniciativas tendientes a autorregularnos éticamente. Son estas voces las que siempre se alzan en cualquier reunión donde se discuten estos temas cruciales para la supervivencia del gremio. Preveo que la globalización nos terminará imponiendo reglas de conducta a obedecer, para participar eficazmente en la modernización de nuestro país y el mejoramiento de la administración de justicia.

El valor de ser abogado pasa necesariamente por la audacia de sujetarnos voluntariamente a respetar una escala de valores vinculados a la justicia y paz, así como aceptar obligatoriamente normas de un colegio de abogados, antes de que sea demasiado tarde. Conozco la decisión de la Corte Suprema de Justicia de declarar inconstitucional la colegiación, pero también conozco alternativas de solución a explorarse con mayor profundidad y dar todos un paso de calidad hacia adelante y convertirnos en un gremio motor del desarrollo humano de El Salvador.

Finalmente, será saludable para la administración de justicia, que las mismas asociaciones de jueces, juezas y magistrados iniciaran un proceso de auto depuración, elaboraran su propio código de ética judicial y propiciaran los cambios en los procesos de investigación y evaluación del comportamiento profesional de todos los abogados. La FEDAES debería acompañar, participar y avalar este singular proceso. La sociedad y la justicia se los agradecerán. Consolidemos la paz con justicia.

*Dr. en Derecho.


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