Domingo 2 de diciembre de 2001


Ministerio Espiga
Bendición para Zaqueo
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

El pueblo de Israel vivió un momento histórico muy difícil en el que lo único que hacía era llorar, pues sentía que ya ni Dios los escuchaba.

Y cuando ellos preguntaron a Dios "¿por qué sufrimos tanto? ¿por qué no nos escuchas?", Dios contestó:

"Porque Yahvé es testigo entre tú y la esposa de tu juventud a la que traicionaste, siendo así que ella era tu compañera, la mujer de tu alianza... Guardáos, pues, vuestro Espíritu: no traiciones a la esposa de tu juventud. Pues yo odio el divorcio, dice Yahvé Dios de Israel..." (Mal 2, 14-16).

Todo un pueblo sufriendo por la falta de fidelidad y responsabilidad de los esposos.

Ser cabeza es guiar al cuerpo con el mayor cuidado y respeto posible para encontrar la felicidad, y la felicidad del cuerpo es también la felicidad de la cabeza. Pues "son una sola carne".

Posiblemente te sientas desanimado, como un hombre que sufre de parálisis en alguna parte de su cuerpo y sufre, pues los miembros no responden al deseo de moverse que él tiene.

Tú debes poner lo que está de tu parte. Correr como Zaqueo. ¿Lo recuerdas? El hombre de pequeña estatura de que nos habla San Lucas en el capítulo 19 de su Evangelio. Pues bien, ese hombre corrió y subió a un árbol para ver a Jesús.

Jesús, al ver su esfuerzo, quiso corresponder quedándose a cenar en su casa y sobre todo pronunciando aquellas palabras tan llenas de amor y de esperanza: "Zaqueo, hoy ha llegado la salvación a tu casa".

¿Cuántos de la casa de Zaqueo corrieron y subieron al árbol para ver al Jesús? Zaqueo hizo sólo el esfuerzo. ¿A quién dijo Jesús que llegaba la salvación? A todos los de la casa.

Dios bendice a los esposos como Zaqueo que en lugar de estar sentados o arrastrándose en el suelo de sus vicios e infidelidades, y tratando de justificar su actitud en la indiferencia o errores de su esposa, están corriendo y luchando por subir cada vez más alto en la vida, sabiendo que quien alcanza la mayor altura ve más lejos y mejores horizontes.

Todos tus esfuerzos serán compensados cuando, sirviendo y cuidando a tu esposa, estás cumpliendo con la voluntad de Dios. Y si en algo estimas tu relación con Dios, si deseas orar y ser escuchado, piensa en las palabras del apóstol San Pedro:

"De igual manera vosotros, maridos, en la vida común, sed comprensivos con la mujer que es un ser frágil, tributándole honor como coherederas que son también de la gracia de vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculos" (1 Pedro 3, 7).

Toda actitud de amor, cuidado y protección a la esposa facilita la relación con Dios.


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