Ministerio
Espiga
Bendición para
Zaqueo
Por
Salvador Gómez, Predicador
Católico
El
pueblo de Israel vivió un momento
histórico muy difícil en el que lo
único que hacía era llorar, pues
sentía que ya ni Dios los escuchaba.
Y cuando ellos preguntaron a Dios "¿por
qué sufrimos tanto? ¿por qué
no nos escuchas?", Dios contestó:
"Porque Yahvé es testigo entre
tú y la esposa de tu juventud a la que
traicionaste, siendo así que ella era tu
compañera, la mujer de tu alianza...
Guardáos, pues, vuestro Espíritu:
no traiciones a la esposa de tu juventud. Pues
yo odio el divorcio, dice Yahvé Dios de
Israel..." (Mal 2, 14-16).
Todo un pueblo sufriendo por la falta de
fidelidad y responsabilidad de los esposos.
Ser cabeza es guiar al cuerpo con el mayor
cuidado y respeto posible para encontrar la
felicidad, y la felicidad del cuerpo es
también la felicidad de la cabeza. Pues
"son una sola carne".
Posiblemente te sientas desanimado, como un
hombre que sufre de parálisis en alguna
parte de su cuerpo y sufre, pues los miembros no
responden al deseo de moverse que él
tiene.
Tú debes poner lo que está de
tu parte. Correr como Zaqueo. ¿Lo
recuerdas? El hombre de pequeña estatura
de que nos habla San Lucas en el capítulo
19 de su Evangelio. Pues bien, ese hombre
corrió y subió a un árbol
para ver a Jesús.
Jesús, al ver su esfuerzo, quiso
corresponder quedándose a cenar en su
casa y sobre todo pronunciando aquellas palabras
tan llenas de amor y de esperanza: "Zaqueo, hoy
ha llegado la salvación a tu casa".
¿Cuántos de la casa de Zaqueo
corrieron y subieron al árbol para ver al
Jesús? Zaqueo hizo sólo el
esfuerzo. ¿A quién dijo Jesús
que llegaba la salvación? A todos los de
la casa.
Dios bendice a los esposos como Zaqueo que en
lugar de estar sentados o arrastrándose
en el suelo de sus vicios e infidelidades, y
tratando de justificar su actitud en la
indiferencia o errores de su esposa,
están corriendo y luchando por subir cada
vez más alto en la vida, sabiendo que
quien alcanza la mayor altura ve más
lejos y mejores horizontes.
Todos tus esfuerzos serán compensados
cuando, sirviendo y cuidando a tu esposa,
estás cumpliendo con la voluntad de Dios.
Y si en algo estimas tu relación con
Dios, si deseas orar y ser escuchado, piensa en
las palabras del apóstol San Pedro:
"De igual manera vosotros, maridos, en la
vida común, sed comprensivos con la mujer
que es un ser frágil, tributándole
honor como coherederas que son también de
la gracia de vida, para que vuestras oraciones
no encuentren obstáculos" (1 Pedro 3,
7).
Toda actitud de amor, cuidado y
protección a la esposa facilita la
relación con Dios.