Una pareja de mucha
bondad
En los últimos cinco años,
el caserío Costa Azul, en Sonsonate, ha
experimentado un notorio progreso, gracias a la
ayuda de los esposos Bernd y Miriam Grabs,
quienes han realizado obras
humanitarias.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- FOTOS
EDH/CÉSAR AVILÉS
El
sábado 24 de noviembre, los habitantes
del caserío Costa Azul estuvieron de
fiesta.
Toda la mañana y parte de ese
día disfrutaron de carreras de cintas,
competencias de bicicletas, un partido de
balompié y juegos de salón, que se
realizaron en la amplia cancha de la
localidad.
Los niños y los adultos también
degustaron ricos platillos típicos y se
deleitaron con música de moda.
La algarabía que se vivió ese
día se realizó en el marco de la
celebración del primer aniversario de
funcionamiento de la casa comunal de esa
comunidad.
Entre los asistentes destacaban los esposos
Bernd y Miriam Grabs, quienes recibieron
múltiples atenciones y muestras de
cariño y afecto de parte de los
habitantes.
Y no era para menos. Gracias a la bondad de
esta pareja ese caserío ha progresado
notoriamente.
Realizadores de sueños
En 1996 se construyó la cancha de
baloncesto, ubicada en la pequeña escuela
de la comunidad, la cual lleva por nombre Bernd
Grabs. Posteriormente se inició la
edificación de un aula y de una bodega en
ese centro escolar. Actualmente ese salón
es utilizado por los pequeños alumnos de
parvularia.
Luego construyeron la casa comunal, donde se
realizan actividades, como bodas, fiestas rosas,
infantiles y reuniones.
También han donado los instrumentos
musicales de la banda de paz y una computadora
para la escuela. Todas estas obras han tenido un
costo aproximado de 300 mil colones.
"Los pobladores del caserío Costa Azul
agradece a los esposos Bernd por todo lo que han
hecho. Desde hace mucho tiempo queríamos
tener una casa comunal y ellos hicieron realidad
nuestros sueños", expresó el
señor Salvador Cruz Herrera, presidente
de la Comunidad Costa Azul, de la directiva
Nuevo Amanecer.
Sonrisas
como pago
Esta pareja ha realizado todas esas obras, no
por llamar la atención de los
demás ni por recibir halagos y homenajes,
sino para mejorar la educación de los
niños y jóvenes de ese
caserío y para fomentar el desarrollo
local.
Y es que don Bernd y doña Miriam son
dos filántropos, poseedores de corazones
bondadosos, que ayudan a sus semejantes sin
esperar nada a cambio. Lo único que
reciben como paga son las sonrisas de los
niños y de los demás habitantes
del lugar.
La idea de ayudar a ese caserío
surgió al observar las condiciones de
vida y las necesidades de los pobladores.
"Cuando construimos nuestro rancho en una
playa cercana nos dimos cuenta de que la escuela
de este caserío requería de una
cancha de baloncesto. Desde entonces, año
con año hemos realizado distintos
proyectos", manifiesta el señor Grabs, un
alemán que reside en nuestro país
desde hace 35 años.
Según el señor Grabs, El
Salvador le ha brindado muchas alegrías y
satisfacciones, por lo que, a través de
sus obras, quiere devolver un poco de lo que ha
recibido.
"Quiero devolver parte de lo que me han dado
con la gente que más necesita", expresa
el señor Grabs.
Doña Miriam, por su parte, dice que la
educación es el pilar del futuro del
país y que por ello sus obras
humanitarias iniciaron en la escuela.
"Nos sentimos satisfechos al ver a tantos
niños, jóvenes y adultos
contentos. Nosotros ayudamos para que el
país progrese. Esperamos hacer nuevos
proyectos ", expresa doña Miriam, una
salvadoreña que tiene por pasatiempo la
astronomía.
Durante cada año, las visitas que esta
pareja de esposos realiza al caserío
Costa Azul son muy pocas; sin embargo, cuando lo
hacen son recibidos con los brazos abiertos, con
emoción, felicidad y sobre todo con mucha
gratitud.