Miércoles 19 de diciembre 2001


Para ver llover
Los regalitos para Navidad

Antes de que los solteros de la casa (y uno que otro irresponsable de estado civil ambiguo) se marche a casa de los amigos a bailar "la Mayonesa", y poquito después de atacar al estómago con algún pedazo de pavo, pollo o perro del vecino, la Navidad nos regala el chance de intercambiar regalos.

Por Cristian Villalta

Ahí siempre están mi madre, mi hermana, mi sobrina, mi cuñado, el recuerdo de mi hermano (al que ahora llamán papá para alegría de la familia y de los vendedores de pañales). Millones de grupos familiares repiten ese rito por todo El Salvador.

Ha sido un año duro para todos los que habitamos este voluble pedazo de planeta. Muchos tendrán una silla vacía en su comedor. Muchos tendrán razones para agradecer a Dios las pruebas con que nos recuerda nuestra miniatura para volvernos gigantes -y le agradezco ser uno de entre ellos-. Todos deberíamos preguntarnos qué nos hace tan especiales para seguir aquí.

A un lado del nacimiento (que en su versión 2001 tiene cuatro reyes magos, de uno de los cuales sospechamos es Bin Laden) reposan los regalos. Son cosas, no buenos deseos, pero ¿a qué niño no vuelve feliz un juguete? Son cosas, no buenos deseos, pero ¿a quién no emociona romper un empaque, socando para que no le hayan dejando pegada la etiqueta con un precio de rebaja?

Como el dinero no me alcanza, tendré que conformarme con hacer regalos de pura retórica, sobre todo tratándose de aquellos compatriotas que han visitado de modo asiduo estos párrafos. Espero no olvidar a ninguno:

A Francisco Merino, una pistola que dispare agua de Lourdes, para que el milagro obre en su sinvergüencería. Al presidente Flores, un 'póster' de Murray Meza. A los restauranteros, un traguito de conciencia social. A Genaro Ramírez, unos busitos de Tacoplast para que los queme enfrente de la Asamblea. Al viceministro de Transporte, una semana sin carro. A los niños de este país, un país. Al FMLN, una sesión de psicoanálisis en Praga. A los miembros del nuevo COENA, nada (si ya lo tienen todo...). Y a todos, absolutamente todos los salvadoreños, una Navidad con volcancitos en el corazón.


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