Para
ver llover
Los regalitos para
Navidad
Antes de que los solteros de la casa (y
uno que otro irresponsable de estado civil
ambiguo) se marche a casa de los amigos a bailar
"la Mayonesa", y poquito después de
atacar al estómago con algún
pedazo de pavo, pollo o perro del vecino, la
Navidad nos regala el chance de intercambiar
regalos.
Por Cristian
Villalta
Ahí
siempre están mi madre, mi hermana, mi
sobrina, mi cuñado, el recuerdo de mi
hermano (al que ahora llamán papá
para alegría de la familia y de los
vendedores de pañales). Millones de
grupos familiares repiten ese rito por todo El
Salvador.
Ha sido un año duro para todos los que
habitamos este voluble pedazo de planeta. Muchos
tendrán una silla vacía en su
comedor. Muchos tendrán razones para
agradecer a Dios las pruebas con que nos
recuerda nuestra miniatura para volvernos
gigantes -y le agradezco ser uno de entre
ellos-. Todos deberíamos preguntarnos
qué nos hace tan especiales para seguir
aquí.
A un lado del nacimiento (que en su
versión 2001 tiene cuatro reyes magos, de
uno de los cuales sospechamos es Bin Laden)
reposan los regalos. Son cosas, no buenos
deseos, pero ¿a qué niño no
vuelve feliz un juguete? Son cosas, no buenos
deseos, pero ¿a quién no emociona
romper un empaque, socando para que no le hayan
dejando pegada la etiqueta con un precio de
rebaja?
Como el dinero no me alcanza, tendré
que conformarme con hacer regalos de pura
retórica, sobre todo tratándose de
aquellos compatriotas que han visitado de modo
asiduo estos párrafos. Espero no olvidar
a ninguno:
A Francisco Merino, una pistola que dispare
agua de Lourdes, para que el milagro obre en su
sinvergüencería. Al presidente
Flores, un 'póster' de Murray Meza. A los
restauranteros, un traguito de conciencia
social. A Genaro Ramírez, unos busitos de
Tacoplast para que los queme enfrente de la
Asamblea. Al viceministro de Transporte, una
semana sin carro. A los niños de este
país, un país. Al FMLN, una
sesión de psicoanálisis en Praga.
A los miembros del nuevo COENA, nada (si ya lo
tienen todo...). Y a todos, absolutamente todos
los salvadoreños, una Navidad con
volcancitos en el corazón.