Miércoles 19 de diciembre 2001


Creer y confiar
Creer en que hay fuerzas superiores que dominan nuestra existencia y no dejar de lado la esperanza, parece ser una fórmula que funciona a maravillas cuando de ordenar nuestro interior se trata.

Janet Cienfuegos

Mienten quienes afirman que no creen en nadie que esté arriba de ellos. La naturaleza del ser humano le hace buscar, casi de manera involuntaria, ese poder superior con quien pueda comparar fuerzas y medir, sus malas y buenas acciones.

Es imposible dejar de sentirse miserable de vez en cuando, sin que para que ello suceda importe si creemos que somos lo máximo de la creación.

Al hombre lo vence, por regla casi general, sus propias fuerzas, las que emanan de su interior... de allí la importancia de fortalecer esa parte que, más que la física, es la que nos hace lo que esencial y verdaderamente somos.

Personas hay que -de manera casi siempre inconciente- andan "de mesa en mesa" contándole a los demás su historia, utilizando las palabras justas para describir su interior, casi siempre plagado de envidias, odios, de ese deseo de sacar siempre provecho y vivir a expensas de las demás personas.

"Yo... esto, yo... lo otro... yo le dije a... yo hice..." son las palabras que como chorros de mentiras transformadas en sonidos, escuchamos salir de sus bocas.

Poco habla de sí mismo aquel que se conoce mejor, porque entre sus aspiraciones está la de hallar personas que sencillamente "se identifiquen", que penetren su fondo y hallen su esencia...

"No me gusta estar solo" es una de las frases que con mayor frecuencia escuchamos, de distintas bocas. La conclusión siempre es la misma: nunca se está solo, siempre se está con lo que llevamos dentro, si no nos gusta estar a solas con esa parte nuestra debe ser porque no hay muchas cosas buenas en ella, tanto que nos resulte atractivo quedarnos solo con ella.

En cambio, quien ha logrado superarlo y lucha en ese día a día para mejorar por dentro, para ver en el espejo algo más que un rostro acompañado de un cuerpo, nunca se atemorizará al quedarse a solas con su yo. Y aunque en algún momento de nuestras vidas tomamos conciencia de este hecho, no todos estamos dispuestos a afrontarlo, lo cual significa corregir, palabra que no siempre es bien recibida.

¿Para qué la esperanza?... ésta sirve especialmente cuando tomamos la decisión, a veces bastante difícil, de realizar cambios oportunos en nuestras vidas, cambios que aunque a veces nos causan dolor, los realizamos convencidos de que es por nuestro bien, que a la larga, se convertirá en bien para muchas personas que nos rodean...


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