Miércoles 19 de diciembre 2001


Ministerio Espiga
Busquemos la luz
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

Lo que estamos viviendo es semejante a lo que nos narra el libro del Éxodo: "Extendió pues Moisés su mano hacia el cielo, y hubo por tres días densas tinieblas en todo el país de Egipto, no se veían unos a otros, y nadie se levantó de su sitio por espacio de tres días, mientras que todos los israelitas tenían luz en sus moradas". (Éxodo 10, 22-23).

En el mismo país hay dos tipos de familias, las egipcias y las israelitas. ¿Cuál es la diferencia?

Muy sencilla, unas están en tinieblas y las otras tienen luz.

¿De qué lado queremos estar? ¿Vamos a construir nuestra vida familiar sin tomar en cuenta la luz de Dios? ¿Vamos a decidir por nosotros mismos que hacer con el matrimonio y la familia?

Con cuánta sabiduría los obispos de América Latina nos dicen: "El matrimonio y la familia en el proyecto original de Dios son instituciones de origen divino y no producto de la voluntad humana..." (Santo Domingo 211)

Lo menos que podemos hacer es reconocer con humildad los "derechos de autor" de Dios. Cuánto se habla de los derechos humanos, de los "derechos de propiedad intelectual", pues sería bueno hablar de los "Derechos Divinos" y reconocer que el matrimonio y la familia por ser instituciones de origen divino, tienen leyes y principios establecidos por su Creador.

Desconocer esas leyes o ignorar los principios, peor aún a pesar de conocerlos no respetarlos, tiene consecuencias tan desastrosas como las que estamos viviendo.

"Con demasiada frecuencia, se desconoce que el matrimonio y la familia son un proyecto de Dios, que invita al hombre y a la mujer creados por amor a realizar su proyecto de amor en fidelidad hasta la muerte, debido al secularismo reinante, inmadurez psicológica y a causas socioeconómicas y políticas, que llevan a quebrantar valores morales y éticos de la misma familia. Dando como resultado la dolorosa realidad de familias incompletas, parejas en situación irregular, el creciente matrimonio civil sin celebración sacramental y uniones consensuales" (Santo Domingo 217).

Siempre ha sido difícil la convivencia entre los seres humanos; podemos imaginar las dificultades que se dan en el seno de una familia, en donde se relacionan: Hombres, mujeres, niños, adolescentes, ancianos... todos ellos con intereses diferentes y maneras muy distintas de ver la vida.

Si cada uno actuara con responsabilidad, asumiera con madurez el papel que le corresponde y buscara su bien y el bien de los demás, podríamos crecer y desarrollarnos en un ambiente de paz, al lado de las personas que amamos y que nos aman.

Pero: ¿Qué es lo que en realidad viven muchas de nuestras familias? Conflictos, frustraciones, tristeza, separación, soledad, divorcio, abandono y tantas otras cosas que se resumen en un nombre: "desintegración familiar".


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