Miércoles 19 de diciembre 2001


Tema para reflexionar
Una feliz Navidad
Evangelina del Pilar de Sol*

¡Es Navidad! Todo mundo corre. Hay que comprar los regalos para los niños. ¡Ah! Pero sin olvidar los amigos. ¡Necesitamos hacer lista para la cena navideña! Hay que comprar tamales y si alcanza, también un pavo regularcito. Faltan los cohetes, los foquitos del árbol y los muñequitos de barro del nacimiento. ¡Es muy importante recordar todo para nuestra celebración!

Si ¡excelente!, es un tiempo santo y feliz para gozarlo y celebrarlo en familia, pero... ¿qué olvidamos?

A principios de diciembre, me sucedieron dos inesperados incidentes que me hicieron recapacitar sobre nuestra usual actitud en Navidad.

El primero fue haber encontrado un recorte periodístico publicado en "El Diario de Hoy" el 23 de diciembre de 1998, que había olvidado y que guardara obviamente por impactarme entonces, dado su profundo contenido que llama fuertemente a la reflexión.

Éste es un cuento escrito por un autor desconocido, titulado: "El sueño de Navidad de la Virgen María".

&emdash;"Tuve un sueño, José. No lo entendí realmente, pero creo que era una celebración de cumpleaños para nuestro Hijo. Yo creo que de eso se trataba. La gente lo había estado preparando por cerca de seis semanas. Ellos habían decorado la casa y comprado ropa nueva. Habían ido de compras muchas veces y adquirido regalos muy elaborados. Sin embargo había algo muy peculiar, los regalos no eran para nuestro Hijo. Ellos los empacaban en lindos papeles y los ataban con hermosos lazos y los ponían debajo de un árbol. Sí, un árbol José, justo dentro de la casa. Ellos decoraban también el árbol. Las ramas estaban llenas de bolas brillantes y ornamentos centelleantes. Había una figura en la punta del árbol. Parecía un ángel. Era tan hermoso. Todos reían y estaban felices. Todos estaban muy emocionados por los regalos. Se repartieron regalos entre sí José, pero ninguno era para nuestro Hijo. Yo, incluso, creo que nunca lo conocieron. ¿No te parece extraño que alguien se tome tanto trabajo para celebrar el cumpleaños de alguien a quien no conocen? Yo tengo el pensamiento que si nuestro Hijo hubiese asistido a esa celebración, hubiese sido un intruso. Todo era tan hermoso José, y todos estaban felices, pero me dio tristeza. Qué triste para Jesús, el no ser querido en su propia fiesta de cumpleaños. Me alegro que sólo fue un sueño. ¡Qué terrible, José, si hubiese sido realidad!"

Posteriormente, tuve ocasión de leer una historia de la vida real, publicada en la última "Selecciones", sucedida a Gunther Schenz, en Lubeck, Alemania, en Navidad de 1966:

"Mi esposa y yo fuimos de compras a la calle principal de la ciudad. Las calles estaban repletas de gente. A la derecha había llamativas vitrinas y a la izquierda varios puestos, de los que llegaba un delicioso olor a salchichas. Cerca estaba sentado un hombre con la cara hundida entre las manos. Llevaba un rótulo que decía 'Tengo hambre'. La gente pasaba de prisa sin fijarse en él.

-"A lo mejor es uno de esos que piden dinero para embriagarse, comenté a mi esposa.

-"No sé &emdash;contestó ella-. Podríamos ofrecerle algo de comer, para ver qué hace.

"Acepté y le dije al hombre:

-"Quisiéramos comprarle comida, ¿qué le gustaría? -Alzó la cabeza incrédulo y agradecido dijo querer una salchicha.

"Crucé la calle para comprarla y cuando volví más tardé en dársela que él en devorarla.

"Mi esposa y yo nos miramos: allí en medio de la gente cuya única preocupación era hacer sus compras navideñas, había una persona que no tenía nada que llevarse a la boca.

-"¿No tiene sed también?¿Le gustaría beber algo?, pregunté deseando profundamente que no contestara 'licor'.

"Él respondió -Han gastado mucho en mí. Mejor cómprenle algo a otro hambriento. Han sido muy generosos. ¡Feliz Navidad!

"Allí teníamos aquel mendigo que yo había tomado por ebrio y que aún en momentos de necesidad pensaba en los demás.

"Nos hizo ver qué egoístas somos, cuando deberíamos dar a los necesitados algo de lo que gastamos despreocupadamente en quienes, de todos modos, viven rodeados de comodidades, olvidándonos de quienes el destino ha azotado".

Estas dos historias de actualidad en tiempos de tanto sufrimiento, que cayeran en mis manos, precisamente en este tiempo navideño y no en otro tiempo del año, posibilitándome a compartirlas, no parece ser obra de la casualidad.

Cuando Jesús nació, pobres pastorcitos y poderosos magos guiados por una estrella lo encontraron, lo conocieron, y lo obsequiaron con humildes presentes los primeros, y valiosos regalos los segundos. Pero ahora, ¿cómo encontrarlo, conocerlo, y adorarlo para que no sea un intruso en su celebración?

Nuestra propia estrella de Belén, que debe guiarnos a encontrar al Niño, se encuentra en las palabras de Jesús: "Porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba desnudo y me vestiste, era peregrino y me alojaste, enfermo y me visitaste". El rostro del Niño Jesús lo encontramos en el sufriente rostro de la humanidad. En llevar a la práctica estas obras de misericordia, cada cual según sus capacidades, unos como pobres pastores y otros como poderosos reyes, daremos a Jesús la mejor de sus Navidades que debe perdurar todo el Año Nuevo.


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