Tomando
la palabra
La geopolítica
y el mar
Marcial Vela
Ramos*
A través de la historia -así lo
dimensionaron en su época España e
Inglaterra, quienes dominaron buena parte del
mundo hasta que Estados Unidos fincó su
poder nacional como nación con la
teoría del almirante Mahan- el mar es la
vía de comunicación de mayor
importancia de que el hombre dispone. Los
volúmenes de mercadería
transportados por mar son por mucho tiempo en el
futuro, los mayores, y lo que acelera y mantiene
el progreso de las naciones. A una
geopolítica del océano la sostiene
el concepto "buque". El buque es el instrumento
que hace posible una sistemática
político-económica de la
explotación del mar. Éste presenta
dos dimensiones distintas: el mar como sujeto de
economía y el mar como sujeto de
política. La unión de ambos
conceptos confluye a su definición
geopolítica, geoestratégica y
geoeconómica.
El mar como sujeto de economía hace
descansar su valor propio en su propio valor
útil (pesca, petróleo, recursos
marítimos y tráfico de
mercaderías, pensadas éstas en su
primer tiempo, sólo en su valor
intrínseco, no en su valor
político). El mar como sujeto de
política refiere a su presencia en la
distribución de las rutas
marítimas y de "los nudos" de
tráfico en términos del poder del
Estado. Los buques no sólo trazan los
caminos del mar, sino que también los
aseguran para la propia jurisdicción
marítima territorial del mismo Estado, a
estos los condicionan los factores
geográficos. El "valor
geopolítico" del mar se traduce como una
política de los espacios
marítimos. Tal política
construyó imperios.
Todos los países con mentalidad
geopolítica auténtica (Honduras en
la región de Centroamérica) buscan
el control de los puntos críticos
oceánicos, las encrucijadas en que el haz
de comunicaciones es notablemente denso
(estrechos, canales, pasos y, en alguna
extensión, golfos y bahías). Este
control tiene marcado "valor estratégico"
y supone una garantía de seguridad para
sus propias rutas oceánicas. Constituyen
las comunicaciones marítimas el sistema
vascular periférico de todas las
naciones, incluyendo, desde luego, a todas
aquellas que no poseen costas (Honduras no posee
costas en el Océano Pacífico).
En este contexto en su política
exterior, Honduras ha llevado acabo una gran
inversión millonaria por lograr expandir
su poder nacional y consecuentemente su poder
naval. De aquí la universalidad del mar y
la tesis jurídica de la "res nullis". La
libertad de navegación, la libertad del
uso pacífico del océano, es uno de
los puntales que sostienen al Derecho
Internacional Público, y en particular,
al Derecho Internacional Marítimo. Pero
el control de las líneas de
comunicación marítima, cuando
menos es un área específica, es el
fundamento de la política naval de un
país y supone la efectividad real de la
marina militar, de la marina mercante o
comercial. La no existencia de esta
última no excluye a la marina militar
(pero la deja fuera del equilibrio en caso de
guerra) por cuanto las rutas oceánicas
que alimentan a la nación existen y,
aunque usadas por bandera extraña, deben
ser mantenidas libres de la interferencia que
obstaculice el flujo de mercancías.
Aquí se desemboca al valor
geoestratégico del océano, es
decir, a sus posibilidades estratégicas
en cuanto a su usufructo y en función de
"necesidades vitales" (explotación y robo
de productos marítimos en mar
jurisdiccional). El valor geopolítico del
buque es insoslayable. La política naval
es asunto exclusivo del gobierno de un Estado.
Su esquema (de la política naval) si
racional, contempla fundamentalmente el
océano como una extensión de
empleo estratégico del territorio en la
medida que se desee y se pueda. El presidente
Francisco Flores ha manifestado combatir
integralmente el narcotráfico, entre
otras violaciones en nuestro mar jurisdiccional;
sin embargo, no sólo basta la voluntad
sino que también acciones reales con
medios eficientes y adecuados.
El buque es instrumento poderoso y
principalmente en la estructura de una
técnica para el desarrollo del
pensamiento geopolítico oceánico.
Recientemente los Estados Unidos han "donado" un
buque de la clase "Point Class" y 4 lanchas
"Life boat" (con 30 años de servicio,
respectivamente) que no son suficientes para el
control del mar territorial. En nuestro mar
jurisdiccional muchos barcos con banderas
extranjeras explotan nuestros recursos
marítimos por la falta de una
política naval de Estado. En la
actualidad estamos de espaldas al mar, el que no
sólo es nuestro futuro principal
potencial fuente financiero, sino que
también alimenticio y desarrollo
industrial entre otros. En la actualidad apenas
llegamos al 3% de su explotación.
En fin, la geopolítica del
océano no se concibe ni se entiende sin
el buque, aunque éste sea consecuencia y
no causa de un pensamiento político
dirigido al mar. El buque es instrumento
poderoso y principalmente en la estructura de
una técnica para el desarrollo del
pensamiento geopolítico oceánico y
fortalece a la estructura de una
geopolítica cósmica. Por lo tanto
el Estado salvadoreño debe colocarse
frente al mar y darle la cara, con una
visión de futuro, a través de una
política marítima real.
Habría que preguntarse por qué "la
hermana" República de Honduras reclama su
derecho de mar territorial en el
Pacífico.
*Cnel. y Lic. en Ciencias
Políticas.