Miércoles 19 de diciembre 2001


Tomando la palabra
La geopolítica y el mar
Marcial Vela Ramos*

A través de la historia -así lo dimensionaron en su época España e Inglaterra, quienes dominaron buena parte del mundo hasta que Estados Unidos fincó su poder nacional como nación con la teoría del almirante Mahan- el mar es la vía de comunicación de mayor importancia de que el hombre dispone. Los volúmenes de mercadería transportados por mar son por mucho tiempo en el futuro, los mayores, y lo que acelera y mantiene el progreso de las naciones. A una geopolítica del océano la sostiene el concepto "buque". El buque es el instrumento que hace posible una sistemática político-económica de la explotación del mar. Éste presenta dos dimensiones distintas: el mar como sujeto de economía y el mar como sujeto de política. La unión de ambos conceptos confluye a su definición geopolítica, geoestratégica y geoeconómica.

El mar como sujeto de economía hace descansar su valor propio en su propio valor útil (pesca, petróleo, recursos marítimos y tráfico de mercaderías, pensadas éstas en su primer tiempo, sólo en su valor intrínseco, no en su valor político). El mar como sujeto de política refiere a su presencia en la distribución de las rutas marítimas y de "los nudos" de tráfico en términos del poder del Estado. Los buques no sólo trazan los caminos del mar, sino que también los aseguran para la propia jurisdicción marítima territorial del mismo Estado, a estos los condicionan los factores geográficos. El "valor geopolítico" del mar se traduce como una política de los espacios marítimos. Tal política construyó imperios.

Todos los países con mentalidad geopolítica auténtica (Honduras en la región de Centroamérica) buscan el control de los puntos críticos oceánicos, las encrucijadas en que el haz de comunicaciones es notablemente denso (estrechos, canales, pasos y, en alguna extensión, golfos y bahías). Este control tiene marcado "valor estratégico" y supone una garantía de seguridad para sus propias rutas oceánicas. Constituyen las comunicaciones marítimas el sistema vascular periférico de todas las naciones, incluyendo, desde luego, a todas aquellas que no poseen costas (Honduras no posee costas en el Océano Pacífico).

En este contexto en su política exterior, Honduras ha llevado acabo una gran inversión millonaria por lograr expandir su poder nacional y consecuentemente su poder naval. De aquí la universalidad del mar y la tesis jurídica de la "res nullis". La libertad de navegación, la libertad del uso pacífico del océano, es uno de los puntales que sostienen al Derecho Internacional Público, y en particular, al Derecho Internacional Marítimo. Pero el control de las líneas de comunicación marítima, cuando menos es un área específica, es el fundamento de la política naval de un país y supone la efectividad real de la marina militar, de la marina mercante o comercial. La no existencia de esta última no excluye a la marina militar (pero la deja fuera del equilibrio en caso de guerra) por cuanto las rutas oceánicas que alimentan a la nación existen y, aunque usadas por bandera extraña, deben ser mantenidas libres de la interferencia que obstaculice el flujo de mercancías.

Aquí se desemboca al valor geoestratégico del océano, es decir, a sus posibilidades estratégicas en cuanto a su usufructo y en función de "necesidades vitales" (explotación y robo de productos marítimos en mar jurisdiccional). El valor geopolítico del buque es insoslayable. La política naval es asunto exclusivo del gobierno de un Estado. Su esquema (de la política naval) si racional, contempla fundamentalmente el océano como una extensión de empleo estratégico del territorio en la medida que se desee y se pueda. El presidente Francisco Flores ha manifestado combatir integralmente el narcotráfico, entre otras violaciones en nuestro mar jurisdiccional; sin embargo, no sólo basta la voluntad sino que también acciones reales con medios eficientes y adecuados.

El buque es instrumento poderoso y principalmente en la estructura de una técnica para el desarrollo del pensamiento geopolítico oceánico. Recientemente los Estados Unidos han "donado" un buque de la clase "Point Class" y 4 lanchas "Life boat" (con 30 años de servicio, respectivamente) que no son suficientes para el control del mar territorial. En nuestro mar jurisdiccional muchos barcos con banderas extranjeras explotan nuestros recursos marítimos por la falta de una política naval de Estado. En la actualidad estamos de espaldas al mar, el que no sólo es nuestro futuro principal potencial fuente financiero, sino que también alimenticio y desarrollo industrial entre otros. En la actualidad apenas llegamos al 3% de su explotación.

En fin, la geopolítica del océano no se concibe ni se entiende sin el buque, aunque éste sea consecuencia y no causa de un pensamiento político dirigido al mar. El buque es instrumento poderoso y principalmente en la estructura de una técnica para el desarrollo del pensamiento geopolítico oceánico y fortalece a la estructura de una geopolítica cósmica. Por lo tanto el Estado salvadoreño debe colocarse frente al mar y darle la cara, con una visión de futuro, a través de una política marítima real. Habría que preguntarse por qué "la hermana" República de Honduras reclama su derecho de mar territorial en el Pacífico.

*Cnel. y Lic. en Ciencias Políticas.


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