Miércoles 19 de diciembre 2001


La Nota del Día
 

Legalizando sinvergüenzadas

Las universidades-garaje, por muy legales que hayan sido, eran un engaño para la sociedad, para los padres de los estudiantes y para estos.

No hemos encontrado a nadie a quien no repugne la idea de legalizar, por decreto legislativo, los títulos falsos o irregulares emitidos por centros universitarios, que precisamente por tales prácticas fueron clausurados. La sinvergüenzada se comete aunque quien la tolere o fomente tenga sus credenciales en orden; lo que debe examinarse caso por caso, se quiere borrar de un golpe.

En ningún momento, como pretenden los considerandos de un proyecto de ley presentado a la Legislatura, se ha impugnado la legalidad de las universidades-garaje que operaban con base en las leyes entonces vigentes. Pero los títulos en cuestión fueron otorgados pasando sobre las normas mismas de dichos centros; de acuerdo con las investigaciones efectuadas por el Fiscal Especial que tomó el caso en sus manos, los requisitos establecidos por esos centros no se cumplían.

Las universidades-garaje, por muy legales que hayan sido, eran un engaño para la sociedad, para los padres de los estudiantes y para estos. Su instrucción era muy deficiente, la disciplina casi nula, la infraestructura paupérrima, los docentes mal preparados. Lo más grave es que pagando ciertas sumas era posible aprobar cursos, aunque no se asistiera a los mismos, y así acumular los créditos necesarios para graduarse.

Y aquí hay que señalar la diferencia entre el "licenciado" que se gradúa de una mala o pésima universidad, pero cumpliendo con las exigencias del centro, y el que se vale de subterfugios, sinvergüenzadas y falsificaciones para conseguir título. Se dio el caso de una de esas universidades-garaje (y decimos así porque cabían en un espacio de garaje) que después de ser clausurada continuó emitiendo "títulos". Las autoridades luego encontraron tales evidencias en los archivos que un concejal capitalino se llevó a su casa.

El precedente de inmoralidad es terrible

El proyecto de decreto pretende que todos los títulos impugnados se obtuvieron en iguales circunstancias, y por tanto se pueden legalizar en un solo acto legislativo. Sin embargo cada caso es una sinvergüenzada única, aunque casi la mitad de los denunciados se dieron en una universidad garaje que tenía "venta de cartones". Hubo estudiantes que al pasar de una universidad a otra, obtuvieron el doble de créditos por los ya logrados; otros que pagaban materias y no las cursaban; unos terceros que, en seis meses, comprimieron dos años de estudio. Uno de estos centros "universitarios" cambió los programas que tenía aprobados pero sin notificarlo al Ministerio de educación y, valiéndose de la artimaña, procedió a licenciar alumnos. El responsable de tal centro es ahora uno de los promotores del decreto de amnistía presentado.

Pero encima de las ilegalidades y de lo claramente inconstitucional de la medida (un Poder del Estado pasa por encima de las potestades de otro Poder), está la cuestión moral y la clase de precedente y ejemplo que se deja al país. Lo primero, que unos diputados pretenden echar tierra legislativa sobre las sinvergüenzadas cometidas por gente diversa. Como se dijo, equivale a que más tarde, grupos de "mareros" y asaltantes exijan que por decreto se les exonere de cargos, aunque cada delito sea único en sus características. Lo segundo, que la Asamblea quedará sujeta a las presiones de otros sinvergüenzas, como digamos los corruptos que cesan como funcionarios. De hecho la Constitución lo hace al establecer diez años como plazo para encausar corruptos.


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