Domingo 16 de diciembre 2001



Especial revista Vértice
Una selva sin control
Por Claudia Zavala
De gestiones incapaces y corruptas, ni los animales se escapan. Desde hace cuatro años, el franco declive del Zoológico Nacional es evidente. Celebraciones familiares en el recinto de "Alfredito", el hipopótamo, concesiones a jauleros a cambio de comida, contubernios con miembros del sindicato y maltrato psicológico hacia empleados que no entran en su juego son sólo algunas de las acusaciones anotadas en el expediente de la actual directora.
En ese martes era diferente. Aunque estaba cerrado al público, el Zoológico recibió la visita de un grupo de niños para celebrar un cumpleaños.
Se trataba del cumpleaños número once de "Junior", el hijo menor de Iliana Ochoa, la directora del parque. La atracción principal era "Alfredito", el hipopótamo. A cualquiera le sorprendería que los niños se acercaran tanto al mamífero o que ingresaran a su recinto. Sin embargo, a pesar del peligro que esto representa, los niños invitados a la fiesta estuvieron dentro del espacio del animal.
"Ella dejó a los niños ahí, jugando, y se fue a sentar al cafetín, a comer pupusas", relata un empleado del parque.

En ese martes era diferente. Aunque estaba cerrado al público, el Zoológico recibió la visita de un grupo de niños para celebrar un cumpleaños.

Se trataba del cumpleaños número once de "Junior", el hijo menor de Iliana Ochoa, la directora del parque. La atracción principal era "Alfredito", el hipopótamo. A cualquiera le sorprendería que los niños se acercaran tanto al mamífero o que ingresaran a su recinto. Sin embargo, a pesar del peligro que esto representa, los niños invitados a la fiesta estuvieron dentro del espacio del animal.

"Ella dejó a los niños ahí, jugando, y se fue a sentar al cafetín, a comer pupusas", relata un empleado del parque.

Al escuchar el primer aspecto de la lista de quejas recopiladas, Ochoa toma sus anteojos y los sujeta fírmemente, al tiempo que pregunta: "¿Y quién le ha dicho todo eso a usted? ¿Cómo es que sabe tanto detalle?".

Pese a la sorpresa, no tarda en defenderse: "Es cierto, he celebrado en dos ocasiones el cumpleaños de mi hijo ahí, con la total autorización de mi jefe, el doctor Bonilla. Y a 'Alfredito' mi hijo lo toca porque es un animal mansito, no hay ningún peligro en que esté junto a él", explica.

Relajada la tensión inicial, Ochoa comenta las bondades de su gestión desde febrero de 1997. A su juicio, han sido muchas. Por ejemplo, habla de exitosos intercambios de animales, sobre todo con el Zoológico "La Aurora", de Guatemala. Con esta institución ha logrado aumentar la colección animal del parque a 123 especies diferentes, que suma un total de 400 especímenes . Estos están distribuidos a lo largo y ancho de diez manzanas, que constituyen el parque zoológico salvadoreño .

"Yo creo que desde que estoy yo ha habido saneamiento en todo sentido, porque lo que encontré era tremendo... por eso me extraña que usted venga con toda esa información tergiversada. Seguramente alguien me quiere perjudicar, y ya sé quién es. Sé muy bien quién es el que se va a ir", advierte.

¿Intercambio de favores?

La concesión de cafetines a dos jauleros es una de las principales críticas hacia la directora.

Las fuentes que revelaron esta información a Vértice sostienen que lo ha hecho sin legalidad alguna.

Los favorecidos son los jauleros Francisco Argueta y Manuel Escalante, con 15 y 25 años de laborar en el parque, respectivamente. El problema surge cuando ellos descuidan su trabajo con los animales por estar atendiendo sus negocios.

Ochoa los defiende tajantemente: "Ellos son personas trabajadoras, que me ayudan mucho en mi trabajo. Cuando no tengo dinero para algo, el señor Argueta me da; también me presta su carro para hacer cosas del parque. Además, paga 500 colones cada mes por el permiso. Lo único que hace es colaborar conmigo", señala, a la vez que aclara que esa es una situación que ya encontró desde el inicio de su gestión.

Pero dicha colaboración no es bien juzgada ante el criterio de quienes ven una especie de contubernio entre la directora y el jaulero.

"Él le da de comer de gratis, y hasta le regala la comida en los cumpleaños de su hijo. A cambio, él hace lo que quiere; nunca está en su puesto de trabajo. Igual que Escalante, quien es líder sindical. Así los tienen contentos a todos y se evita problemas con los del sindicato", dice una de las fuentes.

También existe un tercer cafetín, que es propiedad de la cooperativa de empleados. Éste, al igual que los dos anteriores, no están inscritos en el Instituto Salvadoreño de Formación de Cooperativas (INSAFOCOOP). La ilegalidad de sus registros es algo que Ochoa admite. Asegura estar "haciendo todo lo posible para lograr que se registren, pero es algo que se hace poquito a poco".

Posible negligencia

La mortandad actual de los animales del parque es superior a la de años anteriores. La muerte de un león marino es reveladora.

Elizabeth de Quan, ex directora del parque, declara que el fallecimiento de animales siempre es normal en todo zoológico, pero, a su parecer, con lo que se recauda actualmente gracias a la tarifa de ingreso (que es de 5 colones) los medicamentos y buena alimentación deberían estar más que garantizados para ellos. "Si yo con una tarifa de un colón logré darles una buena calidad de vida y disminuir las muertes, no sé por qué ésta señora está teniendo tantos problemas", expresa.

Los técnicos también cuestionan por qué, si hay un fondo de actividades especiales destinado específicamente para los medicamentos de los animales, los antibióticos recetados a la elefanta "Manyula" hace dos años, cuando presentó un constante sangramiento producto de un tumor, tuvieron que ser donados por el Laboratorio Lhisa. Ochoa asegura que parte de esos medicamentos fueron comprados y que se aceptó la donación, -con sólo un 80 por ciento de efectividad, por estar caducos, según consta en un memorandum en poder de esta revista, fechado el 26 junio de 1998- por el alto costo que éstos tenían (1,200 colones cada frasco de 50 mililitros).

Por otro lado, aunque los denunciantes no detallan una cantidad determinada de animales fallecidos durante los últimos cuatro años, sí aseguran que el desconocimiento técnico de Ochoa en cuanto al tratamiento específico de enfermedades de animales -su profesión es la arquitectura- ha influido en el descenso de algunos. El caso de un león marino es ejemplificante. Según uno de los técnicos encargados de cuidar el animal, éste necesitaba un filtro de agua para limpiar constantemente su pileta. Como la petición de compra nunca era resuelta, se utilizaban 14 quintales de sal diarios para limpiar el recinto, lo cual significaba una inversión de 600 colones. El filtro implicaba una inversión definitiva de 5 mil colones. Al parecer, el tratamiento se realizó fielmente durante un mes. Luego, el cambio de sal se hacía semanal y quincenalmente. De inmediato, la salud del animal resintió la falta de agua limpia para vivir. "Un año después de estarlo pidiendo, lo compraron. A los veinte días murió; tenía una úlcera en el estómago", señala.

Ochoa argumenta estar satisfecha con el trabajo realizado por sus técnicos, y no se atreve a hablar de negligencia en los casos de muerte. "No le puedo dar un dato exacto, pero le aseguro que la mayoría de muertes es por causa natural. Son animales extremadamente viejos, que han durado tanto por el buen cuidado que aquí reciben. ¿No le dice algo eso?".

El señalamiento de haber regalado cinco venados a Cecilio Bustamante, del Ministerio de Trabajo, también pesa sobre las espaldas de Ochoa. Según ellos, "lo hizo para tener entrada libre en los ranchos de playa que el Ministerio tiene en el oriente del país".

Ante la acusación, la funcionaria aclara: "Lo hice porque había un excedente en el parque, ya no nos cabían aquí". Bustamante respalda la motivación de la directora, y asegura tener todos los documentos legales de los animales, que se encuentran en uno de los centros obreros de desarrollo ecológico, ubicado en La Palma, Chalatenango.

Quejas interminables

En agosto de este año, Ochoa llevó a un vigilante del parque a que custodiara su casa, porque tenía problemas personales y temía ser atacada.

El rumor sonó como nunca. De hecho, a algunos extrañó que el incidente no figurara en el boletín interno que periódicamente realizan los miembros del sindicato.

Cansada ya de escuchar tanta acusación, Ochoa se reacomoda en su silla y advierte enfáticamente: "El que le haya dicho eso, sólo quiere hacerme daño".

Asegura que el peligro que significaba ser amenazada por un vecino drogadicto la hizo buscar ayuda con el jefe de SEGURSA, la empresa que brinda el servicio de seguridad en el parque. Éste le dijo que tomara a uno de los guardias de planta, que él enviaría un sustituto después, y que luego se arreglarían económicamente. Así, el vigilante designado custodió durante una semana la vivienda ubicada en la 37 Avenida Sur, número 565, de la Colonia Flor Blanca.

"Gracias a Dios, mi vecino está preso y no corro peligro. Eso es todo lo que pasó; no sé por qué dicen que fue una gran cosa", afirma.

La falta de diligencia de la funcionaria ante las autoridades de CONCULTURA es, a juicio de los denunciantes, una actitud poco profesional que se refleja en detalles tan sorprendentes como el hecho de no tener jabón y papel higiénico, desde hace dos meses.

"Cuando le pedimos algo, ella nos dice que se lo pidamos directamente al doctor Bonilla, su jefe, que ella no va a estar quemándose a cada rato con esa gente", señalan.

Además, la camándula de supuestos gastos innecesarios engrosa el expediente del mal manejo de fondos de la funcionaria. Por ejemplo, la adquisición de una incubadora de huevos, con un costo de 5 mil colones, ha sido utilizada sólo dos veces; al igual que un aparato de anestesia, valorado en 125 mil colones, que está prácticamente abandonado.

El colmo parece ser la construcción de un pozo, con un costo de 500 mil colones, cuya agua resultó estar seriamente contaminada. "Nos dimos cuenta porque un compañero se enfermó del estómago y los riñones. Su novia, que trabaja en un laboratorio químico, analizó el líquido y quedó asustada del alto índice de contaminación que tenía. Lo peligroso es que para entonces se estaba usando en la cocina y en los chorros de todo el parque. Cuando se supo eso, se dejó sólo para las lagunas", explica uno de los técnicos.

Ochoa se cruza de brazos y resume brevemente lo acontecido: "¿Y qué culpa tengo yo de que el río esté tan cerca y que las aguas se hayan filtrado?", dice.

Carácter conflictivo

Los contínuos maltratos verbales de Ochoa hacia sus empleados parecen ser la tapa que generó la presión necesaria para las denuncias.

"Grita, insulta, tira puertas, se pone toda nerviosa cuando uno le lleva la contraria o simplemente le da su punto de vista sobre algo", explica un técnico del parque.

Una bióloga que laboró durante años en el zoológico, y que fue removida por Ochoa al inicio de su gestión, narra su experiencia: "Se enojó porque le dije que por pasar jugando dominó en la computadora no hacía nada. Creo que su inmensa inseguridad la hace estar a la defensiva todo el tiempo. A mí, que soy una mujer mayor y con experiencia en mi área, me dijo que no servía para nada; me insultó. Yo tampoco me quedé callada. Le dije que era una víbora y me fui".

La ex técnica afirma que el desorden que existe entre todo el personal del parque es lamentable: "Ahí los técnicos hacen lo que quieren. No llegan, llegan tarde, se marcan la tarjeta entre ellos mismos, no hacen sus reportes... como la cabeza está mal, ¿cómo espera que funcione lo demás? ".

Según De Quan, la responsabilidad de todo lo que sucede no es sólo de la directora, sino de sus superiores que no supervisan el trabajo que realiza. "Usted sabe que en arca abierta, hasta el justo peca", dice.

De hecho, los empleados recuerdan la única vez que Gustavo Herodier, presidente de CONCULTURA, ha visitado el parque. "La directora nos dijo que bañáramos bien a los cuches de monte, para que no apestaran tanto. Lo que ella ignora es que estos animales tienen una glándula en su espalda que segrega ese olor fétido, y que por más que los bañe y perfume, siempre van a apestar" , relatan entre risas.

Vértice quiso conocer la postura de Herodier y Manuel Bonilla, director nacional de Espacios de Desarrollo Cultural, y jefe inmediato de Ochoa, sobre la situación actual del Zoológico. Sin embargo, Carlos Peña, jefe de Comunicaciones de dicha entidad, dijo que Herodier se encontraba en Colombia y Bonilla en Panamá. Al sugerir hacer la entrevista vía telefónica para aclarar detalles muy específicos, la propuesta fue negada.

Posiblemente, cuando la mirada de las autoridades competentes se pose en esta compleja problemática, este gigantesco recinto de errores e inconformidades pase a ser, sin pedir más, un verdadero parque de animales.


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