- Una selva sin
control
Por Claudia
Zavala
- De gestiones incapaces y corruptas, ni
los animales se escapan. Desde hace cuatro
años, el franco declive del
Zoológico Nacional es evidente.
Celebraciones familiares en el recinto de
"Alfredito", el hipopótamo,
concesiones a jauleros a cambio de comida,
contubernios con miembros del sindicato y
maltrato psicológico hacia empleados
que no entran en su juego son sólo
algunas de las acusaciones anotadas en el
expediente de la actual directora.
- En ese martes era diferente. Aunque
estaba cerrado al público, el
Zoológico recibió la visita de
un grupo de niños para celebrar un
cumpleaños.
- Se trataba del cumpleaños
número once de "Junior", el hijo menor
de Iliana Ochoa, la directora del parque. La
atracción principal era "Alfredito",
el hipopótamo. A cualquiera le
sorprendería que los niños se
acercaran tanto al mamífero o que
ingresaran a su recinto. Sin embargo, a pesar
del peligro que esto representa, los
niños invitados a la fiesta estuvieron
dentro del espacio del animal.
- "Ella dejó a los niños
ahí, jugando, y se fue a sentar al
cafetín, a comer pupusas", relata un
empleado del parque.
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En ese martes era diferente. Aunque
estaba cerrado al público, el
Zoológico recibió la
visita de un grupo de niños para
celebrar un cumpleaños.
Se trataba del cumpleaños
número once de "Junior", el hijo
menor de Iliana Ochoa, la directora del
parque. La atracción principal
era "Alfredito", el hipopótamo.
A cualquiera le sorprendería que
los niños se acercaran tanto al
mamífero o que ingresaran a su
recinto. Sin embargo, a pesar del
peligro que esto representa, los
niños invitados a la fiesta
estuvieron dentro del espacio del
animal.
"Ella dejó a los niños
ahí, jugando, y se fue a sentar
al cafetín, a comer pupusas",
relata un empleado del parque.
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Al escuchar el primer aspecto de la lista de
quejas recopiladas, Ochoa toma sus anteojos y
los sujeta fírmemente, al tiempo que
pregunta: "¿Y quién le ha dicho todo
eso a usted? ¿Cómo es que sabe tanto
detalle?".
Pese a la sorpresa, no tarda en defenderse:
"Es cierto, he celebrado en dos ocasiones el
cumpleaños de mi hijo ahí, con la
total autorización de mi jefe, el doctor
Bonilla. Y a 'Alfredito' mi hijo lo toca porque
es un animal mansito, no hay ningún
peligro en que esté junto a él",
explica.
Relajada la tensión inicial, Ochoa
comenta las bondades de su gestión desde
febrero de 1997. A su juicio, han sido muchas.
Por ejemplo, habla de exitosos intercambios de
animales, sobre todo con el Zoológico "La
Aurora", de Guatemala. Con esta
institución ha logrado aumentar la
colección animal del parque a 123
especies diferentes, que suma un total de 400
especímenes . Estos están
distribuidos a lo largo y ancho de diez
manzanas, que constituyen el parque
zoológico salvadoreño .
"Yo creo que desde que estoy yo ha habido
saneamiento en todo sentido, porque lo que
encontré era tremendo... por eso me
extraña que usted venga con toda esa
información tergiversada. Seguramente
alguien me quiere perjudicar, y ya sé
quién es. Sé muy bien quién
es el que se va a ir", advierte.
¿Intercambio de favores?
La concesión de cafetines a dos
jauleros es una de las principales
críticas hacia la directora.
Las fuentes que revelaron esta
información a Vértice sostienen
que lo ha hecho sin legalidad alguna.
Los favorecidos son los jauleros Francisco
Argueta y Manuel Escalante, con 15 y 25
años de laborar en el parque,
respectivamente. El problema surge cuando ellos
descuidan su trabajo con los animales por estar
atendiendo sus negocios.
Ochoa los defiende tajantemente: "Ellos son
personas trabajadoras, que me ayudan mucho en mi
trabajo. Cuando no tengo dinero para algo, el
señor Argueta me da; también me
presta su carro para hacer cosas del parque.
Además, paga 500 colones cada mes por el
permiso. Lo único que hace es colaborar
conmigo", señala, a la vez que aclara que
esa es una situación que ya
encontró desde el inicio de su
gestión.
Pero dicha colaboración no es bien
juzgada ante el criterio de quienes ven una
especie de contubernio entre la directora y el
jaulero.
"Él le da de comer de gratis, y hasta
le regala la comida en los cumpleaños de
su hijo. A cambio, él hace lo que quiere;
nunca está en su puesto de trabajo. Igual
que Escalante, quien es líder sindical.
Así los tienen contentos a todos y se
evita problemas con los del sindicato", dice una
de las fuentes.
También existe un tercer
cafetín, que es propiedad de la
cooperativa de empleados. Éste, al igual
que los dos anteriores, no están
inscritos en el Instituto Salvadoreño de
Formación de Cooperativas (INSAFOCOOP).
La ilegalidad de sus registros es algo que Ochoa
admite. Asegura estar "haciendo todo lo posible
para lograr que se registren, pero es algo que
se hace poquito a poco".
Posible negligencia
La mortandad actual de los animales del
parque es superior a la de años
anteriores. La muerte de un león marino
es reveladora.
Elizabeth de Quan, ex directora del parque,
declara que el fallecimiento de animales siempre
es normal en todo zoológico, pero, a su
parecer, con lo que se recauda actualmente
gracias a la tarifa de ingreso (que es de 5
colones) los medicamentos y buena
alimentación deberían estar
más que garantizados para ellos. "Si yo
con una tarifa de un colón logré
darles una buena calidad de vida y disminuir las
muertes, no sé por qué ésta
señora está teniendo tantos
problemas", expresa.
Los
técnicos también cuestionan por
qué, si hay un fondo de actividades
especiales destinado específicamente para
los medicamentos de los animales, los
antibióticos recetados a la elefanta
"Manyula" hace dos años, cuando
presentó un constante sangramiento
producto de un tumor, tuvieron que ser donados
por el Laboratorio Lhisa. Ochoa asegura que
parte de esos medicamentos fueron comprados y
que se aceptó la donación, -con
sólo un 80 por ciento de efectividad, por
estar caducos, según consta en un
memorandum en poder de esta revista, fechado el
26 junio de 1998- por el alto costo que
éstos tenían (1,200 colones cada
frasco de 50 mililitros).
Por otro lado, aunque los denunciantes no
detallan una cantidad determinada de animales
fallecidos durante los últimos cuatro
años, sí aseguran que el
desconocimiento técnico de Ochoa en
cuanto al tratamiento específico de
enfermedades de animales -su profesión es
la arquitectura- ha influido en el descenso de
algunos. El caso de un león marino es
ejemplificante. Según uno de los
técnicos encargados de cuidar el animal,
éste necesitaba un filtro de agua para
limpiar constantemente su pileta. Como la
petición de compra nunca era resuelta, se
utilizaban 14 quintales de sal diarios para
limpiar el recinto, lo cual significaba una
inversión de 600 colones. El filtro
implicaba una inversión definitiva de 5
mil colones. Al parecer, el tratamiento se
realizó fielmente durante un mes. Luego,
el cambio de sal se hacía semanal y
quincenalmente. De inmediato, la salud del
animal resintió la falta de agua limpia
para vivir. "Un año después de
estarlo pidiendo, lo compraron. A los veinte
días murió; tenía una
úlcera en el estómago",
señala.
Ochoa argumenta estar satisfecha con el
trabajo realizado por sus técnicos, y no
se atreve a hablar de negligencia en los casos
de muerte. "No le puedo dar un dato exacto, pero
le aseguro que la mayoría de muertes es
por causa natural. Son animales extremadamente
viejos, que han durado tanto por el buen cuidado
que aquí reciben. ¿No le dice algo
eso?".
El señalamiento de haber regalado
cinco venados a Cecilio Bustamante, del
Ministerio de Trabajo, también pesa sobre
las espaldas de Ochoa. Según ellos, "lo
hizo para tener entrada libre en los ranchos de
playa que el Ministerio tiene en el oriente del
país".
Ante la acusación, la funcionaria
aclara: "Lo hice porque había un
excedente en el parque, ya no nos cabían
aquí". Bustamante respalda la
motivación de la directora, y asegura
tener todos los documentos legales de los
animales, que se encuentran en uno de los
centros obreros de desarrollo ecológico,
ubicado en La Palma, Chalatenango.
Quejas interminables
En agosto de este año, Ochoa
llevó a un vigilante del parque a que
custodiara su casa, porque tenía
problemas personales y temía ser
atacada.
El rumor sonó como nunca. De hecho, a
algunos extrañó que el incidente
no figurara en el boletín interno que
periódicamente realizan los miembros del
sindicato.
Cansada ya de escuchar tanta
acusación, Ochoa se reacomoda en su silla
y advierte enfáticamente: "El que le haya
dicho eso, sólo quiere hacerme
daño".
Asegura que el peligro que significaba ser
amenazada por un vecino drogadicto la hizo
buscar ayuda con el jefe de SEGURSA, la empresa
que brinda el servicio de seguridad en el
parque. Éste le dijo que tomara a uno de
los guardias de planta, que él
enviaría un sustituto después, y
que luego se arreglarían
económicamente. Así, el vigilante
designado custodió durante una semana la
vivienda ubicada en la 37 Avenida Sur,
número 565, de la Colonia Flor
Blanca.
"Gracias a Dios, mi vecino está preso
y no corro peligro. Eso es todo lo que
pasó; no sé por qué dicen
que fue una gran cosa", afirma.
La falta de diligencia de la funcionaria ante
las autoridades de CONCULTURA es, a juicio de
los denunciantes, una actitud poco profesional
que se refleja en detalles tan sorprendentes
como el hecho de no tener jabón y papel
higiénico, desde hace dos meses.
"Cuando le pedimos algo, ella nos dice que se
lo pidamos directamente al doctor Bonilla, su
jefe, que ella no va a estar quemándose a
cada rato con esa gente", señalan.
Además, la camándula de
supuestos gastos innecesarios engrosa el
expediente del mal manejo de fondos de la
funcionaria. Por ejemplo, la adquisición
de una incubadora de huevos, con un costo de 5
mil colones, ha sido utilizada sólo dos
veces; al igual que un aparato de anestesia,
valorado en 125 mil colones, que está
prácticamente abandonado.
El colmo parece ser la construcción de
un pozo, con un costo de 500 mil colones, cuya
agua resultó estar seriamente
contaminada. "Nos dimos cuenta porque un
compañero se enfermó del
estómago y los riñones. Su novia,
que trabaja en un laboratorio químico,
analizó el líquido y quedó
asustada del alto índice de
contaminación que tenía. Lo
peligroso es que para entonces se estaba usando
en la cocina y en los chorros de todo el parque.
Cuando se supo eso, se dejó sólo
para las lagunas", explica uno de los
técnicos.
Ochoa
se cruza de brazos y resume brevemente lo
acontecido: "¿Y qué culpa tengo yo
de que el río esté tan cerca y que
las aguas se hayan filtrado?", dice.
Carácter conflictivo
Los contínuos maltratos verbales de
Ochoa hacia sus empleados parecen ser la tapa
que generó la presión necesaria
para las denuncias.
"Grita, insulta, tira puertas, se pone toda
nerviosa cuando uno le lleva la contraria o
simplemente le da su punto de vista sobre algo",
explica un técnico del parque.
Una bióloga que laboró durante
años en el zoológico, y que fue
removida por Ochoa al inicio de su
gestión, narra su experiencia: "Se
enojó porque le dije que por pasar
jugando dominó en la computadora no
hacía nada. Creo que su inmensa
inseguridad la hace estar a la defensiva todo el
tiempo. A mí, que soy una mujer mayor y
con experiencia en mi área, me dijo que
no servía para nada; me insultó.
Yo tampoco me quedé callada. Le dije que
era una víbora y me fui".
La ex técnica afirma que el desorden
que existe entre todo el personal del parque es
lamentable: "Ahí los técnicos
hacen lo que quieren. No llegan, llegan tarde,
se marcan la tarjeta entre ellos mismos, no
hacen sus reportes... como la cabeza está
mal, ¿cómo espera que funcione lo
demás? ".
Según De Quan, la responsabilidad de
todo lo que sucede no es sólo de la
directora, sino de sus superiores que no
supervisan el trabajo que realiza. "Usted sabe
que en arca abierta, hasta el justo peca",
dice.
De hecho, los empleados recuerdan la
única vez que Gustavo Herodier,
presidente de CONCULTURA, ha visitado el parque.
"La directora nos dijo que
bañáramos bien a los cuches de
monte, para que no apestaran tanto. Lo que ella
ignora es que estos animales tienen una
glándula en su espalda que segrega ese
olor fétido, y que por más que los
bañe y perfume, siempre van a apestar" ,
relatan entre risas.
Vértice quiso conocer la postura de
Herodier y Manuel Bonilla, director nacional de
Espacios de Desarrollo Cultural, y jefe
inmediato de Ochoa, sobre la situación
actual del Zoológico. Sin embargo, Carlos
Peña, jefe de Comunicaciones de dicha
entidad, dijo que Herodier se encontraba en
Colombia y Bonilla en Panamá. Al sugerir
hacer la entrevista vía telefónica
para aclarar detalles muy específicos, la
propuesta fue negada.
Posiblemente, cuando la mirada de las
autoridades competentes se pose en esta compleja
problemática, este gigantesco recinto de
errores e inconformidades pase a ser, sin pedir
más, un verdadero parque de animales.