La imprudencia viaja
en bus
El 19 de mayo pasado, seis personas
murieron carbonizadas tras la explosión
de un tambo de gas en el interior de un
autobús que se dirigía de la
capital hacia el departamento de La
Unión. Al parecer, la ciudadanía
no ha tomado conciencia de la mala
experiencia.
- Iván
Gómez
- El Diario
de Hoy
Estamos
ya a las puertas de celebrar la Navidad y, entre
otras cosas, la festividad despierta la
tentación de quemar pólvora.
Sin embargo, las malas experiencias, como la
ocurrida en mayo pasado, cuando seis personas
murieron tras la explosión de un tambo de
gas en el interior de un autobús
departamental, no parecen hacernos
reflexionar.
La mañana del sábado, los
pasajeros de un bus de la Ruta 41-D, que se
dirigía de Soyapango al centro
capitalino, vivieron momentos de angustia. La
mayoría de ellos iba a visitar a
familiares o a realizar compras, como parte de
la cotidianidad de la época.
Desde mi asiento, el tercero detrás
del conductor, noto que, poco a poco, la
capacidad del vehículo se supera hasta
alcanzar el espacio del pasillo.
A pocas cuadras, antes de llegar al mercado
municipal de la populosa ciudad. En la colonia
Prados de Venecia, mientras el bus hacía
el alto, se escuchan tres detonaciones. Mi
instinto reconoce que se trata de pólvora
de menor potencia que pudo haber sido arrojada a
las llantas del automotor.
Las pequeñas detonaciones
continúan y los pasajeros comienzan a
impacientarse.
Como abejas que les han usurpado su colmena,
hacen presión para buscar la salida.
"Abran la puerta por favor", grita una
señora, quien en sus brazos lleva a un
niño de unos tres años.
Pensé que se podría tratar de
un robo, y la detonación era la
táctica de distracción. Pero no
era así.
Atónito y por estar a sólo dos
asientos de donde salía el humo,
busqué como todos la salida trasera.
Fue imposible, había demasiadas
personas en busca de la misma dirección.
De un salto alcancé el asiento trasero.
Impresionado por el malabar, y al ver que era
imposible salir, opté por refugiarme en
el asiento y me coloqué en
posición fetal.
Otra vez
"Cálmense, son sólo cohetes",
insistía el desafortunado motorista.
"El bus va a explotar", gritó una
mujer, lo que provocó una reacción
en cadena de despavoridos gritos.
Después de unos cinco minutos, el
autobús quedó lleno de hojas de
periódicos destrozadas.
Terminado el susto, pude constatar que el bus
no contaba con extintor, las ventanas estaban
atascadas y, los más absurdo, las
indicaciones en la ventana de emergencia estaban
escritas en inglés.
Por fortuna, la mochila sin dueño no
contenía fuegos artificiales de mayor
potencia. De lo contrario, el susto se hubiera
convertido en tragedia.