Ministerio
Espiga
Jesús,
José y María
Por
Salvador Gómez, Predicador
Católico
Al
lado de San José, en silencio pero no
pasiva, está la Virgen María, que
con su confianza, docilidad y apoyo se convierte
una vez más en el modelo, especialmente
cuando estamos llamados a animar a quien a
nuestro lado se esfuerza cada día por
escuchar y cumplir la palabra de edios.
El ángel le habló en
sueños a José por lo menos cuatro
veces en siete años: antes de que
Jesús naciera, papra decirle que
recibiera a María; después de la
visita de los magos para advertirle de los
funestos planes de Herodes y decirles que
huyeran a Egipto; luego en Egipto tras la muerte
del rey Herodes, para ordenarles que regresaran
a Israel; y por último en Judeo para
decirle que subiera a Galilea y se estableciera
en Nazareth.
Esto quiere decir que no fue un buen
día que San José despertó
de buenas y aceptó el mensaje de Dios.
Escuchar y obedecer era su estilo de vida, la
actitud del que quiere ser discípulo de
Jesús.
En los evangelios, José casi no habla,
pero dice mucho con su testimonio. No
sólo cumple la voluntad de Dios, sino que
arriesga su vida por proteger al Hijo de Dios.
Por eso es que San José es el protector
de la Iglesia, que es el Cuerpo Místico
de Cristo.
José dijo con sus actos lo que
María respondió con el
corazón al ángel del Señor:
"Hágase en mí como tú has
dicho".
En el camino
Dios permita que junto a cada hombre, mujer,
joven, niño, camine alguien con la misma
energía y fortaleza de la Virgen
María, quien lejos de poner dudas u
obstáculos colaboró a responder
pronta y dócilmente al llamado.
Dios nos dé sabiduría y
prudcencia para actuar como María y ser
la ayuda idónea, los buenos
compañeros de camino. De esa manera nadie
podrá decir que por falta d
ecolaboración nuestra no alcanzó
la meta a la que el Señor lo
lllamaba.
Que Dios nos libre de ser el
escándalo, obstáculo o piedra de
tropiezo para quienes desean cambiar
positivamente el rumbo de sus vidas.
No desanimes a los que buscan a Dios. Si no
puedes caminar a la velocidad delos que avanzan,
no trates de detener sus pasos; si no puedes
unir tu voz, no trates de callar a los que
rezan.
No desprecies ni te burles de la fe de nadie,
porque te darás cuenta de que estabas
luchando contra Dios.
No sigamos pecando de omisión. Seamos
desde ahora compañeros activos y eficaces
de los que marchan en las sendas de Dios.
Así no tendremos que lamentar más
tarde el no haber hecho lo que teníamos
que hacer ni lloraremos delante del que se
perdió cuando pudimos salvarlo.