Domingo 16 de diciembre 2001


Ministerio Espiga
Jesús, José y María
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

Al lado de San José, en silencio pero no pasiva, está la Virgen María, que con su confianza, docilidad y apoyo se convierte una vez más en el modelo, especialmente cuando estamos llamados a animar a quien a nuestro lado se esfuerza cada día por escuchar y cumplir la palabra de edios.

El ángel le habló en sueños a José por lo menos cuatro veces en siete años: antes de que Jesús naciera, papra decirle que recibiera a María; después de la visita de los magos para advertirle de los funestos planes de Herodes y decirles que huyeran a Egipto; luego en Egipto tras la muerte del rey Herodes, para ordenarles que regresaran a Israel; y por último en Judeo para decirle que subiera a Galilea y se estableciera en Nazareth.

Esto quiere decir que no fue un buen día que San José despertó de buenas y aceptó el mensaje de Dios. Escuchar y obedecer era su estilo de vida, la actitud del que quiere ser discípulo de Jesús.

En los evangelios, José casi no habla, pero dice mucho con su testimonio. No sólo cumple la voluntad de Dios, sino que arriesga su vida por proteger al Hijo de Dios. Por eso es que San José es el protector de la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo.

José dijo con sus actos lo que María respondió con el corazón al ángel del Señor: "Hágase en mí como tú has dicho".

En el camino

Dios permita que junto a cada hombre, mujer, joven, niño, camine alguien con la misma energía y fortaleza de la Virgen María, quien lejos de poner dudas u obstáculos colaboró a responder pronta y dócilmente al llamado.

Dios nos dé sabiduría y prudcencia para actuar como María y ser la ayuda idónea, los buenos compañeros de camino. De esa manera nadie podrá decir que por falta d ecolaboración nuestra no alcanzó la meta a la que el Señor lo lllamaba.

Que Dios nos libre de ser el escándalo, obstáculo o piedra de tropiezo para quienes desean cambiar positivamente el rumbo de sus vidas.

No desanimes a los que buscan a Dios. Si no puedes caminar a la velocidad delos que avanzan, no trates de detener sus pasos; si no puedes unir tu voz, no trates de callar a los que rezan.

No desprecies ni te burles de la fe de nadie, porque te darás cuenta de que estabas luchando contra Dios.

No sigamos pecando de omisión. Seamos desde ahora compañeros activos y eficaces de los que marchan en las sendas de Dios. Así no tendremos que lamentar más tarde el no haber hecho lo que teníamos que hacer ni lloraremos delante del que se perdió cuando pudimos salvarlo.


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