Viernes 14 de diciembre 2001


La "ley del cuche"

Los moderados de la izquierda empezaron a sospechar que algo estaba mal desde que el empate con los duros tuvo sabor a derrota.

Luis Laínez

Corría el último mes de 1999 y los moretones de la elección presidencial aún arrancaban lamentos.

Los duros, con la métodica paciencia obtenida por más de 60 años de conspirar, empezaron su trabajo de hormiga: casa por casa para convencer de la maldad derechista de los moderados.

Pero también actuaban a otro nivel, el que también conocían por su larga trayectoria de intrigas: empezaron a hacer alianzas con los antiguos aliados de los blandos. Y, a secretas, se repartieron el pastel, antes de la fiesta.

Los moderados pusieron en práctica la antigua e inútil "ley del cuche", es decir, "puede llorar, gritar y patalear todo lo que quiera, de todos modos haremos lo que nos dé la gana".

Usaron todos los métodos conocidos por la izquierda de la que querían diferenciarse: hablaron de fraude, de maniobras sucias ("propias de la derecha") y de un sinfín de recursos desesperados.

De nada sirvió: los verdugos, con mucha satisfacción, habían sacado filo a la guillotina.

Y esto es en sentido literal: decapitaron a los blandos, de un tajo.

Aún así, el paladín de los moderados, que antes fuera tan duro como una Roca, empezó a sentirse incómodo.

Con su fuerte voz reclamaba los derechos que sus simpatizantes habían perdido.

Lanzaba llamados a concertar, a volver a los tiempos cuando la comandancia se ponía de acuerdo en hoteles de cinco estrellas en el Viejo Continente.

Pero no. Era como hablarle de frente al Muro de Berlín. Lo único que consiguió fue que uno de los guardias del Telón de Acero le lanzara un tiro de advertencia.

El otrora pétreo parecía desmoronarse, tanto así que el día más importante de la conflagración interna, perdió el tino.

Como otros grandes dirigentes, tardó más de 40 minutos en marcar a sus candidatos.

- ¡Qué terrible! -exclamó cuando hubo terminado de votar.

De inmediato, buscó al hombre fuerte del departamento, para reclamar.

- ¡Nos han quitado candidatos a convencionistas! ¡No son los mismos que yo tengo en esta lista! ¡Hay que denunciarlo! -vociferó.

En esos momentos llegó el estratega. Le pidió el papel y la comparó con sus anotaciones.

- Te equivocaste de lista -dijo en voz baja.


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