Jueves 13 de diciembre 2001



"No pensamos en la muerte"

"No debemos dejar de pensar en la mejor solución hasta el ultimo momento, porque con eso podemos salvar vidas".

Alberto López
El Diario de Hoy

El avión, un Stearman de 1944, es una joya con mantenimiento periódico que responde a las más demandantes acrobacias. El piloto Roberto González tiene 50 años de edad, más de dos mil horas de vuelo y ha sobrevivido a dos accidentes graves y dos emergencias importantes. Teti Gómez, de 20, es diestra instructora de vuelo y la primera mujer piloto comercial del país. Ambos trabajan para la Academia de Vuelo Dárdano.

Pero una corriente descendente de aire y la imposibilidad de maniobra en la pista del aeropuerto Tobías Bolaños, en Pavas, San José, Costa Rica, conspiraron contra los pilotos salvadoreños. A lo anterior se sumaron la vertiginosa velocidad que habían tomado y la dificultad para remontar el vuelo. En cuestión de segundos estaban cara a cara con la muerte.

"Pero nunca pensamos en la muerte. Mantuvimos la esperanza y la serenidad hasta el último momento", aseguró Roberto, quien, con éxito, conjugó experiencia y sangre fría para evitar una tragedia. Teti se puso a orar a Dios entre los continuos altibajos y una sensación de bandazos. De repente comenzó a escuchar el aleteo de pájaros en desbandada y un traqueteo del aparato rozando violentamente las copas de los árboles. Los pilotos hicieron que la avioneta impactara de panza contra unos árboles.

Aunque el aparato quedó parcialmente destrozado, sus tripulantes resultaron prácticamente ilesos: Teti sufrió una magulladura en su brazo izquierdo, y Roberto, una pequeña cortadura en su mano derecha.

La misión

Roberto y Teti fueron encomendados por su jefe, Carlos Dárdano, para llevarle la avioneta Stearman, de 1944, hasta San José, Costa Rica, para un espectáculo de acrobacias aéreas con motivo del Día de la Virgen de Loreto, patrona de los aviadores.

Dárdano dirige la Academia de Aviación que lleva su nombre y es un experimentado piloto de la aerolínea TACA, en uno de cuyos aviones protagonizó, hace varios años, un exitoso aterrizaje de emergencia en Nueva Orleans. Dárdano "es un entusiasta de la acrobacia y le encanta lucir ese avión, el Stearman, porque es un clásico, una belleza que todo el mundo le encanta ver", dice Roberto.

Dárdano lleva un avión Champion, Súper-Decatlón, pero se luce con el Stearman, que está construido para acrobacias y para duras operaciones militares. Tiene dos asientos, uno adelante del otro.

Roberto y Teti salieron en el Stearman de San Salvador el sábado al mediodía, con la idea de llegar antes del anochecer al aeropuerto de Liberia, Costa Rica. Pero antes tenían que pasar por Managua para reabastecerse de combustible.

Lograron llegar a Liberia bajo un cielo anaranjado por la puesta de sol, a las 5:45 p.m., como se habían propuesto, y en el pueblo se celebraba la fiesta de la Inmaculada Concepción, de la que ambos se confiesan devotos. Tras cenar, se fueron a descansar a una hostería de la localidad.

Las demostraciones

El domingo, temprano por la mañana, los pilotos salieron hacia el aeropuerto de Pavas, en San José, que está destinado para vuelos internos.

Al llegar a la terminal, el Stearman fue la atracción de los visitantes. A las 11:30, Carlos Dárdano ofreció su espectáculo. "Al final del día, la gente había quedado tan impactada con el "show" aéreo del capitán que nunca habían visto algo así...", relató Teti.

Tanto es así que en cierto momento se "subastó" una plaza para volar con Dárdano en el Decatlón. El ganador fue un joven. El asiento costó 150 dólares que servirían para obras benéficas.

El regreso

Los pilotos tenían previsto regresar a El Salvador, el Día de la Aviación Nacional.

Habían decidido salir temprano, lo más tarde a las 8:30 de la mañana, pero al llegar al aeropuerto les retrasaron los trámites de exención de pago que les habían ofrecido a los participantes en las demostraciones. "Nuestro plan de vuelo decía 8:30 a.m., pero salimos a las 9:16 a.m.", dice Teti.

Cuando el avión comenzó a recorrer la pista o "taxear", la gente que estaba trabajando en los hangares, mecánicos y estudiantes, paró sus labores y salió a las puertas para ver pasar el avión y saludar a los pilotos. "El chiste de nosotros es que les íbamos diciendo adiós a todo el mundo, como si íbamos tirando dulces y eso... imagínese toda una línea hangares llena de gente y diciéndonos adiós...", explica Teti.

González explica el peor momento como si viera una película. Hicieron las pruebas antes del despegue y oraron antes de salir.

Apretó el acelerador. El avión corrió normalmente y despegó. Pero cuando ya había avanzado unas dos terceras partes de la pista, comenzaron a sentir una corriente descendente de aire que les dificultaba el ascenso.

Parecía que se había formado una cascada de aire que, pensó González, terminaría en un muro que está al final de la pista.

Pero el viento seguía presionando hacia abajo. Roberto comenzó a preocuparse y ladear un poco el avión para poder ver hacia adelante, al tiempo que de la torre le preguntaban por qué no ascendía. Teti sólo alcanzó a preguntar: "¿Qué pasa, Roberto?", sin perder la calma.

Siguieron evitando obstáculos, y ganando distancia y tiempo. "Pasamos una colonia y entramos a una área boscosa, a un como valle, un terreno ascendente. Seguía sin poder ascender, vi que iba hacia los árboles... no regresé porque el virar hacia el aeropuerto con esa corriente habría hecho que el avión cayera...".

Ciertamente, Roberto y Teti no tenían opciones. "Estábamos en una especie de trampa: a la izquierda había cables de alta tensión que ellos lograron evadir con dificultad, y a la derecha, una colonia". En ese caso, no tuvieron más remedio que impactar de panza contra los árboles. En segundos, se enfiló hacia un árbol lleno de enredaderas, apagó el motor, jaló el bastón o timón para levantar el avión dejar que impactara de panza. Eran las 9:17 a.m.

En seguida, abandonaron el avión y fueron auxiliados por lugareños y autoridades locales. La sorpresa es que estaban ilesos.

Roberto confiesa: "yo nunca pensé en morir, pues nuestro propósito era salvar el avión. Salvando el avión, salvábamos nuestras vidas".

"Esto viene del Señor: cuando estoy en peligro de muerte, a mí llega una serenidad muy grande y pienso con claridad..., yo estoy viendo a la muerte cara a cara, pero yo estoy pensando hasta el último momento qué hacer..".

"Lo más importante para los pilotos es que lean esto: no deben dejar de pensar en la mejor solución hasta el último momento, porque eso les va a salvar la vida", agregó.

Epílogo

Para muchos testigos del percance, fue cuestión de suerte. Incluso uno de los paramédicos preguntó a los pilotos qué edades tenían. "Yo tengo 20 años, y Roberto, 50", contestó Teti.

"¡Ah! 50 y 20. A esos números voy a jugar a la lotería para ganar", les dijo el joven medio en broma.

Pero Roberto y Teti están convencidos de que nada de lo que les ocurrió fue casualidad, sino obra de la mano de Dios para "manifestar Su poder por medio de ellos". "En mi gremio, muchos colegas dicen: "Dios es mi copiloto", reflexiona Roberto, "pero yo creo firmemente que Dios es mi piloto y yo soy su instrumento para servir a los demás. Espero que todos dejemos que El dirija nuestras vidas".


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