"No pensamos en la
muerte"
"No debemos dejar de pensar en la mejor
solución hasta el ultimo momento, porque
con eso podemos salvar vidas".
- Alberto
López
- El Diario
de Hoy
El
avión, un Stearman de 1944, es una joya
con mantenimiento periódico que responde
a las más demandantes acrobacias. El
piloto Roberto González tiene 50
años de edad, más de dos mil horas
de vuelo y ha sobrevivido a dos accidentes
graves y dos emergencias importantes. Teti
Gómez, de 20, es diestra instructora de
vuelo y la primera mujer piloto comercial del
país. Ambos trabajan para la Academia de
Vuelo Dárdano.
Pero una corriente descendente de aire y la
imposibilidad de maniobra en la pista del
aeropuerto Tobías Bolaños, en
Pavas, San José, Costa Rica, conspiraron
contra los pilotos salvadoreños. A lo
anterior se sumaron la vertiginosa velocidad que
habían tomado y la dificultad para
remontar el vuelo. En cuestión de
segundos estaban cara a cara con la muerte.
"Pero nunca pensamos en la muerte. Mantuvimos
la esperanza y la serenidad hasta el
último momento", aseguró Roberto,
quien, con éxito, conjugó
experiencia y sangre fría para evitar una
tragedia. Teti se puso a orar a Dios entre los
continuos altibajos y una sensación de
bandazos. De repente comenzó a escuchar
el aleteo de pájaros en desbandada y un
traqueteo del aparato rozando violentamente las
copas de los árboles. Los pilotos
hicieron que la avioneta impactara de panza
contra unos árboles.
Aunque el aparato quedó parcialmente
destrozado, sus tripulantes resultaron
prácticamente ilesos: Teti sufrió
una magulladura en su brazo izquierdo, y
Roberto, una pequeña cortadura en su mano
derecha.
La misión
Roberto y Teti fueron encomendados por su
jefe, Carlos Dárdano, para llevarle la
avioneta Stearman, de 1944, hasta San
José, Costa Rica, para un
espectáculo de acrobacias aéreas
con motivo del Día de la Virgen de
Loreto, patrona de los aviadores.
Dárdano dirige la Academia de
Aviación que lleva su nombre y es un
experimentado piloto de la aerolínea
TACA, en uno de cuyos aviones
protagonizó, hace varios años, un
exitoso aterrizaje de emergencia en Nueva
Orleans. Dárdano "es un entusiasta de la
acrobacia y le encanta lucir ese avión,
el Stearman, porque es un clásico, una
belleza que todo el mundo le encanta ver", dice
Roberto.
Dárdano lleva un avión
Champion, Súper-Decatlón, pero se
luce con el Stearman, que está construido
para acrobacias y para duras operaciones
militares. Tiene dos asientos, uno adelante del
otro.
Roberto y Teti salieron en el Stearman de San
Salvador el sábado al mediodía,
con la idea de llegar antes del anochecer al
aeropuerto de Liberia, Costa Rica. Pero antes
tenían que pasar por Managua para
reabastecerse de combustible.
Lograron llegar a Liberia bajo un cielo
anaranjado por la puesta de sol, a las 5:45
p.m., como se habían propuesto, y en el
pueblo se celebraba la fiesta de la Inmaculada
Concepción, de la que ambos se confiesan
devotos. Tras cenar, se fueron a descansar a una
hostería de la localidad.
Las demostraciones
El domingo, temprano por la mañana,
los pilotos salieron hacia el aeropuerto de
Pavas, en San José, que está
destinado para vuelos internos.
Al llegar a la terminal, el Stearman fue la
atracción de los visitantes. A las 11:30,
Carlos Dárdano ofreció su
espectáculo. "Al final del día, la
gente había quedado tan impactada con el
"show" aéreo del capitán que nunca
habían visto algo así...",
relató Teti.
Tanto es así que en cierto momento se
"subastó" una plaza para volar con
Dárdano en el Decatlón. El ganador
fue un joven. El asiento costó 150
dólares que servirían para obras
benéficas.
El regreso
Los pilotos tenían previsto regresar a
El Salvador, el Día de la Aviación
Nacional.
Habían decidido salir temprano, lo
más tarde a las 8:30 de la mañana,
pero al llegar al aeropuerto les retrasaron los
trámites de exención de pago que
les habían ofrecido a los participantes
en las demostraciones. "Nuestro plan de vuelo
decía 8:30 a.m., pero salimos a las 9:16
a.m.", dice Teti.
Cuando el avión comenzó a
recorrer la pista o "taxear", la gente que
estaba trabajando en los hangares,
mecánicos y estudiantes, paró sus
labores y salió a las puertas para ver
pasar el avión y saludar a los pilotos.
"El chiste de nosotros es que les íbamos
diciendo adiós a todo el mundo, como si
íbamos tirando dulces y eso...
imagínese toda una línea hangares
llena de gente y diciéndonos
adiós...", explica Teti.
González explica el peor momento como
si viera una película. Hicieron las
pruebas antes del despegue y oraron antes de
salir.
Apretó el acelerador. El avión
corrió normalmente y despegó. Pero
cuando ya había avanzado unas dos
terceras partes de la pista, comenzaron a sentir
una corriente descendente de aire que les
dificultaba el ascenso.
Parecía que se había formado
una cascada de aire que, pensó
González, terminaría en un muro
que está al final de la pista.
Pero el viento seguía presionando
hacia abajo. Roberto comenzó a
preocuparse y ladear un poco el avión
para poder ver hacia adelante, al tiempo que de
la torre le preguntaban por qué no
ascendía. Teti sólo alcanzó
a preguntar: "¿Qué pasa, Roberto?",
sin perder la calma.
Siguieron evitando obstáculos, y
ganando distancia y tiempo. "Pasamos una
colonia y entramos a una área boscosa, a
un como valle, un terreno ascendente.
Seguía sin poder ascender, vi que iba
hacia los árboles... no regresé
porque el virar hacia el aeropuerto con esa
corriente habría hecho que el
avión cayera...".
Ciertamente, Roberto y Teti no tenían
opciones. "Estábamos en una especie de
trampa: a la izquierda había cables de
alta tensión que ellos lograron evadir
con dificultad, y a la derecha, una colonia". En
ese caso, no tuvieron más remedio que
impactar de panza contra los árboles. En
segundos, se enfiló hacia un árbol
lleno de enredaderas, apagó el motor,
jaló el bastón o timón para
levantar el avión dejar que impactara de
panza. Eran las 9:17 a.m.
En seguida, abandonaron el avión y
fueron auxiliados por lugareños y
autoridades locales. La sorpresa es que estaban
ilesos.
Roberto confiesa: "yo nunca pensé en
morir, pues nuestro propósito era salvar
el avión. Salvando el avión,
salvábamos nuestras vidas".
"Esto viene del Señor: cuando estoy en
peligro de muerte, a mí llega una
serenidad muy grande y pienso con claridad...,
yo estoy viendo a la muerte cara a cara, pero yo
estoy pensando hasta el último momento
qué hacer..".
"Lo más importante para los pilotos es
que lean esto: no deben dejar de pensar en la
mejor solución hasta el último
momento, porque eso les va a salvar la vida",
agregó.
Epílogo
Para muchos testigos del percance, fue
cuestión de suerte. Incluso uno de los
paramédicos preguntó a los pilotos
qué edades tenían. "Yo tengo 20
años, y Roberto, 50", contestó
Teti.
"¡Ah! 50 y 20. A esos números voy
a jugar a la lotería para ganar", les
dijo el joven medio en broma.
Pero Roberto y Teti están convencidos
de que nada de lo que les ocurrió fue
casualidad, sino obra de la mano de Dios para
"manifestar Su poder por medio de ellos". "En mi
gremio, muchos colegas dicen: "Dios es mi
copiloto", reflexiona Roberto, "pero yo creo
firmemente que Dios es mi piloto y yo soy su
instrumento para servir a los demás.
Espero que todos dejemos que El dirija nuestras
vidas".