En
defensa de la moral
La
globalización de la
pornografía
Julia
Regina de Cardenal*
Antes
de morir en la silla eléctrica, Ted
Bundy, violador y asesino en serie,
advirtió a los padres de familia sobre
los peligros que corren los niños en
estos tiempos. Permitió que grabaran una
entrevista en la que cuenta cómo se fue
hundiendo en el mundo de la pornografía,
hasta llegar a convertirse en un protagonista
más de videos del mercado negro que
compraba. Estos videos muestran secuestros,
violaciones y asesinatos reales de mujeres y
niños.
Bundy manifiesta que cuando tenía 12
años, él y sus amigos
tenían que salir de su casa a buscar
revistas pornográficas, en farmacias y
tiendas. Declara que la pornografía es
tan adictiva como las drogas; las revistas
fueron el comienzo, pero en búsqueda de
más placer, llegó hasta caer en
las garras del crimen organizado. Dice que al
mezclar toda la porquería que
tenía en la cabeza con alcohol,
violó y mató a su primera
víctima. Al día siguiente, no
podía creer lo que había hecho
pero añade: "La segunda vez es más
fácil".
Este criminal, antes de su ejecución,
aconseja a los padres de familia a cuidar a sus
hijos, pues ahora, los niños, reciben en
su propia casa todo tipo de pornografía
en la música, televisión, revistas
de modas o de chambres, Internet, etc. El
desarrollo y el incremento de la
pornografía en nuestra sociedad cuenta
hoy con dos grandes aliados: uno
ideológico, como es la defensa
irrestricta de la libertad de expresión
por sobre todo otro valor, y otro
tecnológico, como es la revolución
en las tecnologías de la
información.
AT&T Corporation, la mayor empresa de
comunicaciones, ofrece un canal de sexo duro,
llamado Hot Network. También es
propietaria de una compañía que
vende videos de sexo a cerca de un millón
de habitaciones de hotel. Según la
industria hotelera, al menos la mitad de todos
los huéspedes compra estas
películas para adultos, lo que puede
generar unas ventas de en torno a 190 millones
de dólares al año. Los
estadounidenses compran o alquilan videos de
sexo por más de 4 mil millones al
año y gastan otros 800 millones
adicionales en filmes sexuales menos
explícitos. Según los servicios de
clasificación de la red de Internet, 21
millones de norteamericanos visitan uno de los
más de 60 mil sitios de sexo en la red,
al menos una vez al mes.
Según el "Globe and Mail" (2-11-00),
casi una tercera parte de 77,4 millones de
norteamericanos con acceso a Internet de estos
usuarios, más de 23 millones, es
visitante habituales de sitios porno. Ofrecer
pornografía poniéndola en manos de
cualquiera que tenga acceso a Internet ha
llevado a un vasto aumento del número de
personas adictas a material clasificado X. Se
estima que 5,5 millones de norteamericanos
emplean más de 11 horas a la semana en
este tipo de sitios.
En una conferencia sobre pornografía,
Robert Showers, fiscal de Washington, en el
último Congreso de Vida Humana
Internacional que se llevó a cabo en
Toronto, Canadá, expuso unas
estadísticas escalofriantes: una de cada
tres niñas y uno de cada siete
niños son abusados sexualmente antes de
los 18 años. 1.3 millones de niños
son abusados sexualmente cada año. Una de
cada 8 mujeres es violada. Cada 46 segundos
ocurre una violación. 85 a 90% de toda la
pornografía es controlada por el crimen
organizado. 86% de los violadores usa
pornografía antes de la
agresión.
Cada vez más las grandes
compañías de medios de
comunicación están promoviendo
programas de sexo explícito. Canales
nacionales están produciendo programas de
consejos íntimos para la mujer, la pareja
y los jóvenes, patrocinados por
organismos internacionales, en obvio detrimento
de la familia y los niveles de moralidad. Los
anuncios, cada vez más agresivos y bajos
-a toda hora- con mensajes perjudiciales a los
adolescentes: "Vive tu mejor momento". Esta
campaña millonaria de "Pro familia"
(filial de la IPPF) -organización
inescrupulosa-, con tal de vender su producto,
viola los derechos de los padres, robando la
inocencia y pureza de los niños.
Nuestro sufrido país, por desastres
naturales y guerras, ya está viendo
cómo la pornografía está
cobrando demasiadas víctimas inocentes
aquí también: violaciones,
enfermedades de transmisión sexual,
desintegración familiar, secuestros,
entre otras. Hagamos valer nuestros derechos
contra la corrupción de niños con
cartas de protesta o llamadas a los canales de
TV, radio, prensa, Ministerio del Interior,
almacenes o cualquier negocio que esté
dando un mensaje nocivo. No podemos quedarnos en
la queja cómoda, esperando que alguien
más lo haga. Mujeres, no permitamos que
usen nuestro cuerpo como objeto sexual para
propaganda. Padres de familia, no sigamos
cerrando nuestros ojos, unámonos en
defensa del futuro nuestros hijos.