Lunes 10 de diciembre 2001



Sudafricanos y agrisal deciden caminar juntos

Producirán la cerveza y Coca Cola de Honduras y El Salvador

Lafitte Fernández
El Diario de Hoy

Los teléfonos del prestigioso despacho de abogados de Washington están conectados, a una extraña hora, con tres ciudades de tres continentes diferentes: Londres, Johannesburgo y San Salvador.

Existe una generosa razón para que ese contacto telefónico ocurra: un importante grupo de hombres de negocios, rodeados de toda suerte de asesores, está a punto de cerrar una de las mayores negociaciones financieras que se recuerda en Centroamérica.

Todos esas personas saben que aquello se convertirá en el inicio de un verdadero remezón en la industria cervecera del área, en el que salvadoreños, unidos con poderosos sudafricanos, tratarán de construir un nuevo mapa de esa actividad en la región, para contener la voracidad de uno de los más fuertes grupos económicos de Colombia.

Son las 4:00 de la mañana del jueves 29 de noviembre. Graham Mackey, director ejecutivo de South African Breweries (SBA), la quinta compañía cervecera del mundo, y su negociador, Dominique de Lorenzo, caminan, tranquilamente, por los pasillos del bufete de Valentine y sus abogados asociados, localizado en una de las calles más céntricas de Washington.

Roberto Murray Meza, cabeza de la mayor empresa cervecera de El Salvador y presidente del partido en el poder en su país, trata de buscar algún sitio que le permita fumar un cigarrillo. Sus familiares y socios se juegan todo, esa fría madrugada, incluidos 95 años de tradición y dominio en el mercado de cervezas de su país.

Todos esperan, a las 4:00 de la mañana, que abran los bancos de Londres. Nada pueden hacer ante la diferencia horaria en Europa. Necesitan escuchar la voz de un banquero londinense para consolidar y confirmar los bienes de una nueva "trading" que sudafricanos y salvadoreños formaron algunas horas antes.

Del banquero necesitan escuchar cuatro vocablos: "La transacción está hecha". Desde ese momento, juntos serán propietarios, en Honduras, de una empresa cervecera, de la embotelladora de Coca Cola, de un ingenio y unas siete mil manzanas de tierra, a cambio del pago de varias centenas de millones de dólares.

Ese dinero lo recibirán los banqueros estadounidenses de la malograda transnacional frutera Dole Food Company, empresa que decidió deshacerse de esos bienes en Honduras desde que caminó hacia una quiebra que mantenía nerviosos a sus acreedores.

Cuando finalmente sonó el teléfono de Washington y una grave voz avisó que la gigantesca transacción estaba hecha, Murray Meza y sus nuevos socios se estrechan las manos: el negocio está listo y, en adelante, la cerveza y Coca Cola que toman los salvadoreños y hondureños será producida y vendida por un consorcio local y por descendientes de ingleses que hace muchísimos años se instalaron en Sudáfrica.

El pago que se hizo a la Dole se convirtió en una de las sumas más grandes que se recuerda en Centroamérica:$537 millones.

El dinero lo pusieron los sudafricanos pero Agrisal colocaría, a cambio de eso, el 100 por ciento de las acciones a una nueva "trading" en la que se asociaría con los nuevos inversionistas.

La globalización manda

El Grupo Agrisal, propietario, en El Salvador, de la embotelladora de Coca Cola, de la cervecería La Constancia, de una fábrica de empaques, de otras embotelladoras de agua y de jugos no carbonatados, pasó tiempos difíciles, al igual que otras compañías, durante el conflicto armado salvadoreño.

Cuando acabaron las balaceras, hace casi diez años, Roberto Murray Meza y sus asociados levantaron la vista y trataron de recuperar el terreno perdido, en un momento en que los empresarios del mundo hablaban de globalización, nuevas inversiones y un mayor desarrollo tecnológico.

El mercado cervecero centroamericano, en el que el grupo Agrisal participa, muestra características muy particulares. Así, por ejemplo, los salvadoreños toman, en promedio, 16 litros de cerveza al año, mientras los costarricenses duplican esa cifra. La firma cervecera de ese país gana más dinero porque ese producto posee menos gravámenes para impedir que la gente tome licor fuerte . De esa manera, se piensa, se combate el alcoholismo.

En la búsqueda de nuevos esquemas de negocios, Murray Meza y sus colaboradores siempre mantuvieron conversaciones con los dueños de las restantes cervecerías centroamericanas, para tratar de hacer negocios juntos.

La verdad es que todos ellos coincidían en encuentros. Cada firma es propietaria de cervecerías aisladas que comercializan cinco, seis o siete marcas diferentes, incluidas las locales y algunas extranjeras como Guinnes, Heineken y otras.

Esos empresarios centroamericanos siempre estuvieron tentados a realizar negocios conjuntos. Por eso es que, no hace muchos años, cuando cayeron los sandinistas, los cerveceros de Guatemala, Costa Rica y El Salvador se asociaron y, junto con el grupo nicaragüense Pellas, compraron la industria de su ramo en Nicaragua, a pesar de que sabían que Daniel Ortega y sus hombres la dejaron hecha una verdadera chatarra.

Ahora, la productora de la cerveza "Toña" y otras marcas que se toma en Nicaragua, no sólo posee una planta moderna. También es símbolo de negocios conjuntos entre los cerveceros de tres países centroamericanos, incluido El Salvador.

Murray Meza, al fin y al cabo, siempre caminó con ojo globalizador. En el caso de la Coca Cola, sabía que, tarde o temprano, su competidor local de Pepsi Cola caería en manos de empresarios mucho más agresivos, como recientemente ocurrió. Todo eso aumentaba los retos para Agrisal y su gente, y la necesidad de hacer nuevos negocios, sin temor a lo foráneo.

El primer esfuerzo

Calladamente , Roberto Murray Meza; Rodolfo Jiménez, de Costa Rica; los Castillo, de Guatemala, y representantes de los intereses de la Dole Food Company en Honduras, realizaron, desde principios del año 2000, una serie de reuniones para tratar de hacer una alianza estratégica entre los cerveceros centroamericanos.

Discutieron, durante muchísimas horas, la necesidad de realizar compras conjuntas de materias primas, racionalizar el mercado centroamericano y los procesos de transacciones. Pero, sobre todo, examinar la idea de crear una nueva "trading", entre ellos, intercambiándose acciones, de acuerdo con los valores de cada planta y su rentabilidad.

Cuando todo caminaba hacia eso y los empresarios centroamericanos esperaban celebrar la unión material de la industria cervecera de la región, ocurrió un hecho inesperado: la transnacional Dole Food Company, una de las compañías fruteras más grandes del mundo, y dueña de la cervecería y de la embotelladora de Coca Cola de Honduras, se declaró en quiebra.

Los problemas del mercado del banano, una sequía que arruinó sus gigantescas plantaciones de piña en Hawai, la caída de sus acciones en la Bolsa de Nueva York, la presión de créditos que nunca terminaron de pagarse y una retahíla de dificultades, acabaron con el futuro de la Dole.

El huracán "Mitch" le dio el tiro de gracia a los intereses de la Dole en Honduras y en buena parte del mundo porque destruyó millares de hectáreas sembradas de banano que mantenía en ese país centroamericano.

Por todo eso es que, en mayo del 2000, los intercambios de acciones y la unión de los cerveceros centroamericanos se vinieron en picada.

Pero, eso también agitó a los productores de cerveza de todo el mundo, sobre todo cuando banqueros acreedores de la Dole Food Company, ansiosos por tener dinero en efectivo, sacaron a la venta, mediante una subasta privada, importantes bienes que poseían en Honduras: la cervecería, la embotelladora de Coca Cola, un ingenio de azúcar y unas 7 mil manzanas de tierra.

Algunas de las más importantes compañías cerveceras del mundo retiraron los formularios de participación, apenas los banqueros estadounidenses anunciaron la venta de esos bienes. Entre ellas, algunas compañías cerveceras de Estados Unidos y Europa. El platillo era apetitoso para todos.

Otros efectos

La venta de bienes en Honduras produjo, quizá sin quererlo, dos efectos adicionales al rompimiento del primer esfuerzo centroamericano de crear una nueva "trading" regional en el que todos aportarían acciones de sus empresas.

Primero, los propietarios de las cervecerías de Guatemala y Costa Rica se unieron para tratar de adquirir, entre ellos, los bienes que dejaba la Dole Food Company. Murray Meza y su gente quedó fuera de ese esquema.

¿Por qué esa unión? Porque comprar la partida de bienes hondureños suponía desembolsar unos $500 millones en dinero efectivo. Frente a ese reto, ninguna cervecera de la región podía encarar ese reto en forma aislada.

El segundo hecho que evidenciaron los movimientos en Honduras es que la cervecería Bavaria, de Colombia, apenas parte de uno de los grupos económicos más importantes de Colombia y América Latina, estaba dispuesta a comprar y comerse, como "pac man" moderno, las industrias de su ramo en Centroamérica.

El mejor ejemplo de eso es que ese grupo, dueño, entre otras cosas, de la aerolínea colombiana Avianca, alista la adquisición de la cervecera panameña y está dispuesta a seguir, camino arriba, ofreciendo jugosas ofertas a los cerveceros de cada país centroamericano.

La guerra colombiana y una cantinela de problemas juntos obligó a los empresarios de ese país sudamericano, a lanzarse afuera de sus fronteras, como una forma de madurar nuevas inversiones y mejores negocios.

La cervecería colombiana es propiedad del grupo Santo Domingo, un conglomerado de empresas que maneja, en ese país, bancos, compañías de seguros, aerolíneas, medios de comunicación, inversiones en petróleo y gas y muchas otras actividades.

Aparecen los sudafricanos

Puestos en venta los bienes de la Dole Food Company en Honduras, nuevos personajes inician una serie de visitas por las empresas cerveceras centroamericanas. Son representantes de la South African Breweries (SAB), otro inmenso conglomerado de firmas de ese país africano, que maneja, entras otras cosas, una cervecería, la embotelladora de Coca Cola, inversiones en minas y muchísimas otras actividades.

Se trata de Graham Mackey, director ejecutivo de la SBA, y Dominique de Lorenzo. Ellos forman parte de una suerte de avanzada de hombres de negocios que quieren no sólo comprar los bienes de Honduras sino que traen en sus portafolios una propuesta interesante: buscan, entre los cerveceros del área, un socio que esté dispuesto a entrar con ellos en el futuro de las bebidas hondureñas.

Al parecer, en los restantes países del área no les prestan toda la atención que pretendían. Roberto Murray Meza se interesa por ellos e inician una relación que se traduciría, en poco tiempo, en muchos viajes entre Sudáfrica y El Salvador, llamadas telefónicas y diálogos personales hasta que deciden estudiar, seriamente, la posibilidad de crear un "trading" entre ambas cerveceras.

La fase de negociaciones y supervisiones fue intentísima, principalmente para determinar las condiciones en que se podría producir la fusión y valorar, entre otras cosas, los bienes de cada compañía. Los sudafricanos se asesoraron con expertos de un prestigioso banco extranjero y los miembros del grupo Agrisal se acercaron a "Mesoamérica", una firma de expertos que, entre otras cosas, supervisó los procesos de privatización que se realizaron en El Salvador.

Los sudafricanos, además de poderío económico, gustaron a los salvadoreños no sólo por poseer la quinta compañía cervecera del mundo y por hacer buena cerveza, sino también porque, en la última década, se especializaron en mercados emergentes. Son dueños de cervecerías en varios países de África, Europa, incluyendo la India pero también en países que dejaron el comunismo como Rusia, Polonia, Checoslovaquia, China y muchos otros.

Además, a los africanos les atrae trabajar con empresarios de cada país y no tienden a imponer sus marcas sino a potenciar las cervezas de cada país. Y esto último lo hacen con tecnología y calidad mundial.

Los salvadoreños también agradaron a los sudafricanos. Opinaron que hacen cerveza de excelente calidad, dominan el mercado local, poseen una estupenda tecnología y cuadros gerenciales valiosos, entre muchísimas otras cosas. Pero, un hecho que tomaron muchísimo en cuenta es que harían una inversión en un país dolarizado y que eso daría estabilidad a sus ganancias porque, en la mayoría de países donde poseen intereses, las monedas locales están sujetas a devaluaciones y fluctuaciones.

Puestos de acuerdo

Terminadas todas las evaluaciones, Murray Meza, en representación de todos los socios de Agrisal, y los sudafricanos acordaron, finalmente, hace muy pocas semanas, juntar el poder de ambas compañías y lanzarse a la compra de los bienes que la Dole dejó en Honduras.

Los acuerdos finales se tomaron la madrugada del 29 de noviembre en la ciudad de Washington. A las cuatro de la mañana también se cerró la compra de los bienes en Honduras y el traspaso de las acciones de Agrisal. Graham Mackay llamó a un periodista de su compañía en África del Sur y le dictó las siguientes declaraciones: "esta adquisición es consistente con nuestra estrategia de invertir en grandes mercados. Bevco nos dará una posición líder en el crecimiento de los mercados de cerveza y bebidas suaves en El Salvador y Honduras. Creemos que podemos obtener significativos réditos, crecimiento y sustanciales ahorros de costos, mientras trabajemos muy estrechamente con nuestro socio local".

Pero, hasta ahí no llegarán las cosas. A los nuevos socios les interesa contener las pretensiones de compra de cerveceras centroamericanas que muestran los directores del Grupo Santo Domingo de Colombia.

Estos últimos simplemente compran ( como en Panamá). No atraen socios locales. la nueva "trading" tiene otros propósitos: invitará a los cerveceros centroamericanos a participar junto con ellos en los negocios que puedan hacer en la región.

Quizá por eso es que, este día, Roberto Murray Meza y representantes de sus nuevos socios sudafricanos tomarán un avión hacia Costa Rica para reunirse con los propietarios de la cervecería de ese país. ¿El ofrecimiento? "Únanse a nosotros y háganse dueños de un tercio del nuevo "trading". Para eso, aporten sus acciones y terminemos de globalizarnos".

Más de 100 años de historia

La South African Breweries, SAB, es la quinta compañía cervecera del mundo fundada en 1895 en Johannesburgo, bajo la sombra de emigrantes ingleses que también explotaban minas de oro.

Se fundó con un capital de 350 mil libras esterlinas y rápidamente diversificaron sus negocios, desde esa época, para producir tabaco y pimienta en tierras sudafricanas.

Su producción inicial de cerveza apenas alcanzó los 50 mil barriles por año, pero el crecimiento empresarial fue una constante.

A mediados del siglo XX extendió sus negocios de bebidas a Zambia y Rhodesia, mientras el capital de la empresa crecía a más de seis millones de libras esterlinas.

Para 1961, la SAB producía 800 mil hectolitros de cerveza pero, con el paso del tiempo, comenzaron a producir otras marcas como la Guinnes que se agregó a la Carling que es su marca original.

Con un enorme empuje económico y empresarial, la SAB no sólo creció aceleradamente en su país sino que nunca cesó de introducirse en nuevos mercados como en Angola y hasta se convirtió,en los años setenta, en la empresa embotelladora de Coca Cola.

La diversificación también ha sido política de los sudafricanos. A todo lo que hacían le agregaron la producción de jugos de frutas y colocaron inversiones en las islas Canarias no sólo en una cervecería sino en la producción de bienes agrícolas. Mientras tanto, la producción de cerveza para los nativos de aquel país llegó, en 1990, a 20 millones de hectolitros.

Cuando cayó el muro de Berlín, los líderes de SAB se especializaron en mercados emergentes. Comenzaron por la producción de cerveza en Hungría. Luego siguió China, Rusia, Rumania, Checoslovaquia, India y otros más.

La SAB se convierte, ahora, en la primera compañía extranjera que invierte en cerveza y Coca Cola en Centroamérica. Los ejecutivos de esa compañía se harán cargo de la administración de las plantas en El Salvador y Honduras, mientras los hombres fuertes de Agrisal serán la junta directiva del nuevo "holding".

Los sudafricanos tienen, como prioridad en sus negocios, globalizar sus inversiones. Son expertos en tecnología cervecera y manejo de grandes compañías. La nueva propuesta de Agrisal y SAB es, ahora, invitar a las restantes empresas cerveceras centroamericanas para que se les unan.


Más de 100 años de historia

La South African Breweries, SAB, es la quinta compañía cervecera del mundo fundada en 1895 en Johannesburgo, bajo la sombra de emigrantes ingleses que también explotaban minas de oro.


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