Cuento
Chino
Gran cantidad de delicias orientales
venían en dos contenedores, recibidos en
el puerto de Acajutla. Originalmente, el
cargamento no era de alimentos, sino de
llantas.
El Diario de
Hoy
El extraño automotor, que
parecía una araña gigante con
ruedas, se movió lentamente, dio un giro
y cargó bajo sus entrañas el
contenedor, que un día antes había
sido bajado de un barco en el puerto de
Acajutla. En el suelo, alguien hizo una
señal y la gran caja de metal fue
colocada en el lugar indicado. Todo estaba listo
para la afrenta.
Sin esperarlo, de uno de los polvosos
callejones que se forman entre los centenares de
contenedores, salió una columna de
policías, que pronto fueron uno 75.
Traían herramientas, perros amaestrados y
cajas impermeables entre sus manos.
Otro grupo de desconocidos apareció de
otro lado. Uno de ellos traía una tenaza
gigante, se dirigió a las puertas del
contenedor y destruyó el marchamo, una
especie de candado que asegura los cargamentos.
Y se apartó.
Al abrir las puertas, sólo se
observaban llantas nuevas, con sus envoltorio,
meticulosamente colocadas una encima de otras, y
con un profundo olor a nuevo. Entonces, el
pequeño ejército de
policías comenzó a bajar los
neumáticos.
Apenas habían removido una
pequeña parte de llantas, cuando
encontraron un extraño tesoro. En el
espacio que queda en medio de los
neumáticos estaba colocada
meticulosamente una gran cantidad de alimentos
chinos.
El glosario era variado. Comenzaba así
un exuberante viaje por esas lejanas tierras:
comida en botes de vidrio aderezados con
especias (a simple vista parecían
cebollas curtidas); cajas con pastas, tipo
chaomin; largas botellas con la oscura salsa de
soya. Y varios bloques con una oscura hoja
&emdash;conservada con un polvo blanco&emdash;,
enrollada, que más bien parecía un
fardo de tela.
La tarea continuaba y era cada vez más
relevante. Esta vez encontraron jamón
enlatado "Ma-ling", garbanzo "Hong-Long" y
cervezas "Tsingtao beer". Mucho de aquel
descubrimiento, que bien podría ser la
dotación para una despensa familia anual,
era inentendible por las marcas, sugerencias y
lemas, escritos en chino. Los policías
sólo miraban la mercadería,
mientras los perros olían despreocupados
y sin ningún interés la delicias
orientales.
Más tarde, un empleado de Aduanas
regresó y confirmó lo sospechado:
el propietario del cargamento sólo
había declarado los neumáticos. La
comida la traía "aprovechando el viaje".
Según explicaron, la evasión
amerita una multa y una sanción.
Revisados meticulosamente los contenedores,
las llantas fueron colocadas tal como
venían por lo exhaustos policías.
La comida fue confiscada.