Lunes 10 de diciembre 2001



Cuento Chino

Gran cantidad de delicias orientales venían en dos contenedores, recibidos en el puerto de Acajutla. Originalmente, el cargamento no era de alimentos, sino de llantas.

El Diario de Hoy

El extraño automotor, que parecía una araña gigante con ruedas, se movió lentamente, dio un giro y cargó bajo sus entrañas el contenedor, que un día antes había sido bajado de un barco en el puerto de Acajutla. En el suelo, alguien hizo una señal y la gran caja de metal fue colocada en el lugar indicado. Todo estaba listo para la afrenta.

Sin esperarlo, de uno de los polvosos callejones que se forman entre los centenares de contenedores, salió una columna de policías, que pronto fueron uno 75. Traían herramientas, perros amaestrados y cajas impermeables entre sus manos.

Otro grupo de desconocidos apareció de otro lado. Uno de ellos traía una tenaza gigante, se dirigió a las puertas del contenedor y destruyó el marchamo, una especie de candado que asegura los cargamentos. Y se apartó.

Al abrir las puertas, sólo se observaban llantas nuevas, con sus envoltorio, meticulosamente colocadas una encima de otras, y con un profundo olor a nuevo. Entonces, el pequeño ejército de policías comenzó a bajar los neumáticos.

Apenas habían removido una pequeña parte de llantas, cuando encontraron un extraño tesoro. En el espacio que queda en medio de los neumáticos estaba colocada meticulosamente una gran cantidad de alimentos chinos.

El glosario era variado. Comenzaba así un exuberante viaje por esas lejanas tierras: comida en botes de vidrio aderezados con especias (a simple vista parecían cebollas curtidas); cajas con pastas, tipo chaomin; largas botellas con la oscura salsa de soya. Y varios bloques con una oscura hoja &emdash;conservada con un polvo blanco&emdash;, enrollada, que más bien parecía un fardo de tela.

La tarea continuaba y era cada vez más relevante. Esta vez encontraron jamón enlatado "Ma-ling", garbanzo "Hong-Long" y cervezas "Tsingtao beer". Mucho de aquel descubrimiento, que bien podría ser la dotación para una despensa familia anual, era inentendible por las marcas, sugerencias y lemas, escritos en chino. Los policías sólo miraban la mercadería, mientras los perros olían despreocupados y sin ningún interés la delicias orientales.

Más tarde, un empleado de Aduanas regresó y confirmó lo sospechado: el propietario del cargamento sólo había declarado los neumáticos. La comida la traía "aprovechando el viaje". Según explicaron, la evasión amerita una multa y una sanción.

Revisados meticulosamente los contenedores, las llantas fueron colocadas tal como venían por lo exhaustos policías. La comida fue confiscada.


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