Lunes 10 de diciembre 2001


Invaluable tesoro
Niñez y adolescencia: la oportunidad para forjar un mejor futuro
Lourdes de Flores*

*Primera Dama de la República

Los salvadoreños tenemos un tesoro invaluable: la adolescencia, ese grupo de hombres y mujeres llenos de sueños, energía y esperanza, que mueven y refuerzan nuestros ideales por construir un país cada vez mejor.

La cuarta parte de nuestra población es adolescente. Este es un hecho que nos motiva, pero también nos causa gran inquietud, pues da cuenta de la responsabilidad que tenemos, como familias, como gobierno y como sociedad, de rodearlos de un ambiente que les permita desarrollar su potencialidad y sus proyectos de vida, sin que nada los entorpezca.

Los ilimitados atributos que tiene la adolescencia nos llevan a pensar en ella de manera romántica, y con justa razón, pero a menudo olvidamos que también se trata de una etapa compleja, en la cual el individuo experimenta la mayoría de cambios biológicos, sociales y psicológicos que enfrentará en toda su vida.

Es durante la adolescencia cuando se introduce más concretamente la noción de futuro, cuando la vida se replantea e inician los procesos de búsqueda de pertenencia y de razón de ser; es entonces que se consolida la autoestima y se desarrollan aptitudes para la vida, entre ellas la conducta frente a los jóvenes del sexo opuesto. Es decir, no se trata de un simple período de crecimiento o el mero tránsito hacia la adultez, sino de una etapa tan compleja como peligrosa y los salvadoreños tenemos a más de un millón de adolescentes atravesando por ella; adolescentes que necesitan de la formación adecuada para tomar las decisiones correctas cuando la vida, la presión social y la búsqueda individual les lleve por terrenos desconocidos hasta entonces, como por ejemplo la sexualidad o la drogadicción.

¿Por qué nos preocupa tanto? En El Salvador tenemos razones de sobra. La cantidad de embarazos en adolescentes, la creciente incidencia de contagio de enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el VIH/SIDA, la exposición a la violencia y la drogadicción nos hablan de una juventud vulnerable, que no está respondiendo en forma adecuada a las situaciones propias de su desarrollo, por múltiples razones.

Antes, veamos cuál es nuestro panorama. El año pasado, en El Salvador, uno de cada tres partos atendidos por el Ministerio de Salud, correspondió a niñas de entre 10 y 19 años, es decir, 23,317 adolescentes. Es más lamentable aún que por lo menos un millar de esas jóvenes madres ni siquiera habían cumplido 15 años. Si a estos números se suman las 18 muertes de jóvenes por complicaciones con el embarazo o el parto, tenemos cifras escalofriantes que dan cuenta del estado de nuestras adolescentes. De hecho, El Salvador es contado como el cuarto país con mayor tasa de fecundidad adolescente de entre las 26 naciones de América Latina y el Caribe, según estudios de Naciones Unidas de inicios de año.

Esto resulta preocupante, pues implica una carga social inmensa para estas jóvenes que enfrentarán mayores dificultades para continuar con la formación académica que les permita insertarse en mejores condiciones al mercado de trabajo. Aunque no es el único motivo, el embarazo precoz es uno de los factores que acentúan la alta tasa de deserción escolar en el nivel de educación media, que alcanza el 10.88 por ciento de una matrícula de por sí, baja: la cobertura escolar en este nivel apenas abarca al 34.5 por ciento de los adolescentes entre 16 y 18 años.

Las abultadas cifras de maternidad precoz no hacen más que confirmar que nuestros jóvenes inician a temprana edad la actividad sexual. La encuesta FESAL-98 cita como edad promedio del primer contacto sexual los 18.5 años y un estudio realizado el año pasado con 305 adolescentes que llegaron a dar a luz a los dos principales hospitales obstétricos en los meses de noviembre y diciembre de 1998, encontró que la edad promedio para la primera relación sexual fue de 15 años; un veintiocho por ciento de estas adolescentes tenía ya por los menos un hijo.

Estos datos merecen nuestra total atención, pues el inicio precoz de las relaciones sexuales no sólo deriva en embarazos no deseados como consecuencia única, sino también en abortos y en enfermedades de transmisión sexual, tales como el SIDA, que en la actualidad hace presa de por lo menos 500 jóvenes entre 15 y 24 años, así como de más de un millar de adultos que se infectaron con VIH durante la adolescencia.

Estos datos nos encaran a una realidad dura, pero no imposible de revertir y es ese el motivo de nuestro esfuerzo. Estamos conscientes que durante generaciones venimos arrastrando elementos culturales que no nos permiten hablar abiertamente sobre sexualidad con nuestros jóvenes, lo cual crea el vacío formativo que los mantiene al borde del abismo.

La familia, que debería fungir como el ambiente ideal para la formación de los jóvenes en temas de sexualidad, no está cumpliendo con su labor. La comprensión y el apoyo de los adultos, en especial de los padres de familia, reviste una importancia clave en este tema, pero no siempre es asumido.

En nuestra sociedad el tema de la sexualidad sigue estigmatizado y esto nos genera un problema creciente, pues mientras menor sea la educación en sexualidad y mientras menos hablemos con nuestros jóvenes sobre los riesgos que su práctica entraña, mayores serán las consecuencias que estos acarreen, y con ellos, la sociedad entera.

Es para suplir estas carencias, que la Secretaría Nacional de la Familia, en estrecha coordinación con los ministerios de Salud Pública y de Educación, estamos desarrollando desde inicios de este año, el "Programa Educación para la Vida", un esfuerzo importante por fomentar en nuestra adolescencia y juventud, la vivencia de valores y el desarrollo de aptitudes que le permitan aprender a conducir sus emociones y su sexualidad con madurez y responsabilidad, así como a crear un proyecto de vida definido.

Este esfuerzo busca, entre otras cosas, brindar a los maestros de todos los centros educativos, las herramientas para facilitar la enseñanza de los temas relacionados con la Educación para la Vida; asimismo, a los padres de familia, que recibirían la orientación necesaria para que aborden esta temática con sus hijos.

Este programa aborda los temas de proyecto de vida, educación de la sexualidad, prevención de conductas adictivas, prevención de violencia intrafamiliar y de pandillas y prevención de desastres; cinco grandes áreas a través de las cuales, los adolescentes y jóvenes deberán lograr una nueva visión.

Esta formación daría a nuestros jóvenes una mejor oportunidad de tener éxito en la vida y alentaría el comportamiento responsable, en todos los ámbitos de su vida.

El país tiene en su adolescencia y juventud uno de sus principales bienes y es dotándoles de formación en valores y brindándoles condiciones de salud y educación adecuadas como garantizaremos un relevo generacional saludable, que les lleve a asumir, con toda su capacidad, el rol que les corresponde como nuevos actores sociales, responsables de continuar la línea de desarrollo social y económico del país.


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