Palabras
Anatomía
interior
Carlos
Balaguer
Casi todos cuidan su anatomía
exterior, física, pero olvidan la
interna. Allá donde por un mal desarrollo
hemos quedado tuertos, paralíticos o
malformes. El hombre que no cuida su
anatomía interior es como los sepulcros
blanqueados por fuera, pero llenos de miseria
por dentro, que menciona la Biblia en una de sus
bellas parábolas. Así, como el
encargado del manzano poda, cuida, da forma al
follaje del árbol, así el Divino
Agricultor de más allá de las
estrellas, poda el corazón del hombre,
quitándole lo que le no es suyo, lo que
no le conviene, lo que le estorba.
Estructurando así su anatomía
interior. La anatomía del manzano se
observa en la similitud del fruto con nuestros
corazón. ¡Dos frutos rojos, iguales,
palpitante en la luz, perfumados de miel!
¡Ocupando el aire con su dulzura! Con el
sonido del amor palpitante.
La diferencia es que el fruto del manzano se
da por fuera y el hombre lleva dentro el fruto
de su corazón. Fruto desdeñado, el
corazón humano. De tal forma hizo
hermanos Dios al hombre y al manzano, hermanos
de la misma primavera. Del mismo día de
sus vidas. A tal punto que sus destinos se
encuentran el día de la cosecha.
Entonces la vida una al manzano con el
hombre. En el tiempo de la sublime cosecha.
Hombre y manzano entonces se tocan, se enlazan
sus ramas de carne y celulosa, se abrazan los
hermanos de crianza, de la aurora cenital. Se
aman. El uno necesita al otro. Se han reunido en
la inesperada alianza el hombre y la cosecha; el
manzano y la esperanza.
Día a
Día
Para su absoluta y amarga sorpresa, los
talibanes han descubierto los colosales alcances
de la guerra tecnológica, capaz de
hacerlos morder el polvo en cuestión de
semanas sin que valgan los ataques suicidas de
sus enloquecidos partidarios. La guerra en
Afganistán se está librando con
prácticamente todos los recursos
tecnológicos existentes en el arsenal
norteamericano, lo que a su vez requiere de
renovadas estrategias y sorpresivas
alianzas.
A lo largo de la historia, las innovaciones
tecnológicas -la creación de
nuevas armas o mejoramiento de las
tradicionales- actuaron como un factor decisivo
en favor de quien las adoptaba. La
introducción de la caballería y
los carros de combate por asirios y egipcios; la
falange sumeria; los jinetes que luchaban desde
sus caballos; las armas de hierro empleadas por
los dorios; el estribo de los árabes; el
"fuego griego" de los bizantinos; el arco largo
de los ingleses; la pólvora, la
ametralladora y otros extraordinarios inventos,
cambiaron el carácter de la guerra de su
tiempo.
En la actual contienda contra el terrorismo
se emplea una formidable serie de equipos
capaces de detectar fortificaciones bajo tierra,
de "ver" en la noche a distancias de trescientos
metros, de oír el zumbido de un motor a
treinta metros de profundidad, de seguir, por el
calor que generan, movimientos de batallones y
vehículos.