Lunes 10 de diciembre 2001


Palabras
Anatomía interior
Carlos Balaguer

Casi todos cuidan su anatomía exterior, física, pero olvidan la interna. Allá donde por un mal desarrollo hemos quedado tuertos, paralíticos o malformes. El hombre que no cuida su anatomía interior es como los sepulcros blanqueados por fuera, pero llenos de miseria por dentro, que menciona la Biblia en una de sus bellas parábolas. Así, como el encargado del manzano poda, cuida, da forma al follaje del árbol, así el Divino Agricultor de más allá de las estrellas, poda el corazón del hombre, quitándole lo que le no es suyo, lo que no le conviene, lo que le estorba.

Estructurando así su anatomía interior. La anatomía del manzano se observa en la similitud del fruto con nuestros corazón. ¡Dos frutos rojos, iguales, palpitante en la luz, perfumados de miel! ¡Ocupando el aire con su dulzura! Con el sonido del amor palpitante.

La diferencia es que el fruto del manzano se da por fuera y el hombre lleva dentro el fruto de su corazón. Fruto desdeñado, el corazón humano. De tal forma hizo hermanos Dios al hombre y al manzano, hermanos de la misma primavera. Del mismo día de sus vidas. A tal punto que sus destinos se encuentran el día de la cosecha.

Entonces la vida una al manzano con el hombre. En el tiempo de la sublime cosecha. Hombre y manzano entonces se tocan, se enlazan sus ramas de carne y celulosa, se abrazan los hermanos de crianza, de la aurora cenital. Se aman. El uno necesita al otro. Se han reunido en la inesperada alianza el hombre y la cosecha; el manzano y la esperanza.


Día a Día

Para su absoluta y amarga sorpresa, los talibanes han descubierto los colosales alcances de la guerra tecnológica, capaz de hacerlos morder el polvo en cuestión de semanas sin que valgan los ataques suicidas de sus enloquecidos partidarios. La guerra en Afganistán se está librando con prácticamente todos los recursos tecnológicos existentes en el arsenal norteamericano, lo que a su vez requiere de renovadas estrategias y sorpresivas alianzas.

A lo largo de la historia, las innovaciones tecnológicas -la creación de nuevas armas o mejoramiento de las tradicionales- actuaron como un factor decisivo en favor de quien las adoptaba. La introducción de la caballería y los carros de combate por asirios y egipcios; la falange sumeria; los jinetes que luchaban desde sus caballos; las armas de hierro empleadas por los dorios; el estribo de los árabes; el "fuego griego" de los bizantinos; el arco largo de los ingleses; la pólvora, la ametralladora y otros extraordinarios inventos, cambiaron el carácter de la guerra de su tiempo.

En la actual contienda contra el terrorismo se emplea una formidable serie de equipos capaces de detectar fortificaciones bajo tierra, de "ver" en la noche a distancias de trescientos metros, de oír el zumbido de un motor a treinta metros de profundidad, de seguir, por el calor que generan, movimientos de batallones y vehículos.


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