Vestidos y
albo-rotados
Las camisas blancas ya ondeaban en el aire
cuando faltaban segundos para el final, pero la
fiesta se fue a la sombra sur tras el empate de
Limeño.
Carlos
Vides
Lo
de local era puro papel, porque la
afición 'alba' se encargó de
vestir de blanco el corazón del Estadio
"Cuscatlán", el sol general, para recibir
a los supuestos 'visitantes', los 'elefantes
albos'. Mientras, para aupar al Municipal
Limeño sólo había unas
decenas de persistentes aficionados azul-oro,
que sabían que lo de 'jugar en casa' era
pura ilusión.
La hinchada 'paquiderma' se metió de
lleno, y es literal: varios aficionados entraron
al campo minutos antes del partido, como para
delimitar territorio. Fue una entrada fugaz,
sesgada con rapidez por la presencia policial,
pero siempre amedrentadora para los
'galleros'.
El pitazo inicial hizo estallar la batalla en
cancha y graderíos, con la barra 'alba'
animando a grito vivo a su equipo, mientras la
'Furia Limeña' acompañaba, al
ritmo de un costante tambor, la garra defensiva
de los unionenses en los primeros minutos.
La euforia 'alba' bajó revoluciones en
ambos frentes, y sólo algunos hinchas
'paquidermos' se sobreponían a su
desesperación con aplausos y
cánticos a medio gas. Parecían
impacientes por el gol. Y cuando llegó,
no pudieron gritarlo, porque el autor era el
municipal Rudy Corrales, al '12.
El tambor 'unionense' se dejó
escuchar, los papeles azul y oro bañaron
la sombra sur, mientras la directiva del equipo
se persignaba y rompía el silencio blanco
en las tribunas.
Cólera, confianza y
desolación
"¡Renuncio al Alianza!", resumió
un aficionado capitalino, descepcionado por el
baldazo tempranero. Pero al '25, el mismo hincha
saltaba eufórico tras el gol del
aliancista Martín García.
"¡Al fin, moreno!", volvió a
encapsular.
Pero la barra 'alba' seguían siendo un
murmullo, pues el dominio de su equipo no
tranquilizaba ante la velocidad de Rudy Corrales
y Raúl Falero. La preocupación
cundía en la 'Ultra' al final del primer
tiempo.
El colombiano Jorge Sandoval trajo la calma,
y lo hizo con un golazo a sólo cuatro
minutos de iniciado el complemento. El
"¿cómo no te voy a querer?"
resonó en el Cuscatlán, y los
papeles blancos afloraron en el cielo. El tambor
limeño calló en un débil
latido.
Engolosinados, los de la 'ultra' disfrutaban
su victoria parcial con "oles" para sus
jugadores, mientras las camisas 'albas'
comenzaron a ondear en el sol general. Las
mismas camisetas sirvieron para empañar
las lágrimas cuando faltaban segundos
para el final del partido, cuando el municipal
Nelson Flores marcó el 2-2.
Algunos clavaron una mirada perdida en el
césped, otros lanzaron trozos de
cartón a sus mismos compañeros de
hinchada. Los amarillo y azul se llevaron la
fiesta a oriente. El tambor se fue latiendo a
plenitud.