Lunes 10 de diciembre 2001


Vestidos y albo-rotados

Las camisas blancas ya ondeaban en el aire cuando faltaban segundos para el final, pero la fiesta se fue a la sombra sur tras el empate de Limeño.

Carlos Vides

Lo de local era puro papel, porque la afición 'alba' se encargó de vestir de blanco el corazón del Estadio "Cuscatlán", el sol general, para recibir a los supuestos 'visitantes', los 'elefantes albos'. Mientras, para aupar al Municipal Limeño sólo había unas decenas de persistentes aficionados azul-oro, que sabían que lo de 'jugar en casa' era pura ilusión.

La hinchada 'paquiderma' se metió de lleno, y es literal: varios aficionados entraron al campo minutos antes del partido, como para delimitar territorio. Fue una entrada fugaz, sesgada con rapidez por la presencia policial, pero siempre amedrentadora para los 'galleros'.

El pitazo inicial hizo estallar la batalla en cancha y graderíos, con la barra 'alba' animando a grito vivo a su equipo, mientras la 'Furia Limeña' acompañaba, al ritmo de un costante tambor, la garra defensiva de los unionenses en los primeros minutos.

La euforia 'alba' bajó revoluciones en ambos frentes, y sólo algunos hinchas 'paquidermos' se sobreponían a su desesperación con aplausos y cánticos a medio gas. Parecían impacientes por el gol. Y cuando llegó, no pudieron gritarlo, porque el autor era el municipal Rudy Corrales, al '12.

El tambor 'unionense' se dejó escuchar, los papeles azul y oro bañaron la sombra sur, mientras la directiva del equipo se persignaba y rompía el silencio blanco en las tribunas.

Cólera, confianza y desolación

"¡Renuncio al Alianza!", resumió un aficionado capitalino, descepcionado por el baldazo tempranero. Pero al '25, el mismo hincha saltaba eufórico tras el gol del aliancista Martín García. "¡Al fin, moreno!", volvió a encapsular.

Pero la barra 'alba' seguían siendo un murmullo, pues el dominio de su equipo no tranquilizaba ante la velocidad de Rudy Corrales y Raúl Falero. La preocupación cundía en la 'Ultra' al final del primer tiempo.

El colombiano Jorge Sandoval trajo la calma, y lo hizo con un golazo a sólo cuatro minutos de iniciado el complemento. El "¿cómo no te voy a querer?" resonó en el Cuscatlán, y los papeles blancos afloraron en el cielo. El tambor limeño calló en un débil latido.

Engolosinados, los de la 'ultra' disfrutaban su victoria parcial con "oles" para sus jugadores, mientras las camisas 'albas' comenzaron a ondear en el sol general. Las mismas camisetas sirvieron para empañar las lágrimas cuando faltaban segundos para el final del partido, cuando el municipal Nelson Flores marcó el 2-2.

Algunos clavaron una mirada perdida en el césped, otros lanzaron trozos de cartón a sus mismos compañeros de hinchada. Los amarillo y azul se llevaron la fiesta a oriente. El tambor se fue latiendo a plenitud.


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