Comentario
de la semana
El arte de
gobernar
EDUARDO
TORRES
E-mail:
eduardo@elsalvador.com
Cada
día se vuelve más clara la
mutación.
La "nueva forma de hacer política" se
va convirtiendo poco a poco en el arte de
gobernar. Esto es hacer posible lo que -en
apariencia- se volvía imposible,
afrontando, de manera profesional, los
principales obstáculos en ruta hacia la
estabilidad y el progreso.
No intento con ello expresar que incumplieron
su misión los dos anteriores gobiernos.
El primero alcanzó la paz y
estabilizó la economía; el
segundo, cumplió con los compromisos
derivados de los acuerdos de paz y
realizó a su vez trascendentales
reformas. Ambos abonaron al fortalecimiento de
la democracia.
Al observar los estándares
latinoamericanos, no cabe duda de la tremenda
ventaja que ha tenido El Salvador, al tener y
mantener la visión de cuál es el
rumbo a seguir para salir adelante. Inmersos en
el proceso de transición, sufriendo una
prolongada y aguda situación
económica, la pregunta del millón
ante el ciclo recesivo de las principales
economías del mundo es: ¿y
qué país es el que no se encuentra
emproblemado?
La buena noticia para nosotros, a diferencia
de nuestros hermanos centroamericanos y de la
mayoría de latinoamericanos es que, ante
un mejor entorno internacional -a partir del
segundo semestre del próximo año,
estiman connotados economistas-, El Salvador
tiene posibilidad real de despegue.
Ciertamente, difícil le puede resultar
a Pedro López, desempleado, cortador de
café en Santiago de María,
Usulután, ser optimista hacia el futuro.
El punto en el cual nos encontramos, es en el de
no perder la visión del bosque por los
árboles caídos a la vera del
camino. Estamos en el rumbo correcto y logrando
sortear el temporal. Dentro de nuestras
posibilidades, tomando en cuenta todo lo
sucedido durante el presente año, lo
estamos haciendo en la mejor forma posible.
Por ello es que se vuelve tan importante
materializar en 2002 el mayor grado de
inversión pública realizado en la
historia del país, en el período
de un año. Ello sí que
debería ser ya un objetivo nacional. A su
vez, bien se podría definir una
problemática como la que sufre el
café, en un asunto de seguridad
nacional.
Legalidad y ordenamiento
Lo que hemos visto esta semana, hay que
decirlo en forma clara, es una notoria
evolución -sofisticación,
podríamos decir- en la labor
gubernamental. Dejando a un lado la
improvisación, que mucha de ella ha
habido en el pasado, la ciudadanía
percibió un completo y concreto plan de
acción bajo el cual se eliminó el
subsidio al diesel, se resistió el "hasta
el tope" de los buseros, se aseguró la
movilización de millones de usuarios y se
anunció la entrada en vigencia de un
nuevo sistema de transporte público.
No se hicieron esperar los elogios, ya que,
salvo los agremiados y muchos de los
directamente involucrados en el transporte
público, más una que otra
argumentación de tipo político, la
gente ha aplaudido el colapso del viejo sistema.
Las medidas de choque, la prepotencia y el mal
trato, de verdad que hicieron mella en la imagen
del gremio. Para no profundizar en lo que son
muertes y heridas en accidentes de
tránsito, que pudieron haber sido
evitadas.
El desafío para el país, sin
embargo, se mantiene incólume.
Porque lo que en realidad ha sucedido es que
colapsó el amañado y disfuncional
sistema que por unas tres décadas hemos
tenido, el cual se mantuvo artificialmente
durante los últimos años. El
problema es que tiene que ser sustituido con la
velocidad que el cumplimiento de todos los
estándares de apertura, orden y
transparencia permitan, ya que de lo que se
trata es de legalizar, ordenar y brindar un
nuevo, cristalino y funcional sistema.
En esta labor de construir un mejor
país, viniendo de donde venimos, nadie
dijo que iba a ser fácil ordenar y
reajustar la casa. El asunto es que lo estamos
logrando, posicionándonos cada vez
más para cuando llegue el momento del
despegue.
Hay que tener fe en El Salvador y en lo que
estamos haciendo, ya que de seguir por el rumbo
que llevamos, sin duda alguna que dejaremos a
nuestros hijos y a nuestros nietos, un mucho
mejor país del que nosotros
recibimos.
Licenciado en Ciencias Jurídicas y
columnista de EL DIARIO DE HOY.