Sábado 1 de diciembre de 2001


Comentario de la semana
El arte de gobernar
EDUARDO TORRES

E-mail: eduardo@elsalvador.com

Cada día se vuelve más clara la mutación.

La "nueva forma de hacer política" se va convirtiendo poco a poco en el arte de gobernar. Esto es hacer posible lo que -en apariencia- se volvía imposible, afrontando, de manera profesional, los principales obstáculos en ruta hacia la estabilidad y el progreso.

No intento con ello expresar que incumplieron su misión los dos anteriores gobiernos. El primero alcanzó la paz y estabilizó la economía; el segundo, cumplió con los compromisos derivados de los acuerdos de paz y realizó a su vez trascendentales reformas. Ambos abonaron al fortalecimiento de la democracia.

Al observar los estándares latinoamericanos, no cabe duda de la tremenda ventaja que ha tenido El Salvador, al tener y mantener la visión de cuál es el rumbo a seguir para salir adelante. Inmersos en el proceso de transición, sufriendo una prolongada y aguda situación económica, la pregunta del millón ante el ciclo recesivo de las principales economías del mundo es: ¿y qué país es el que no se encuentra emproblemado?

La buena noticia para nosotros, a diferencia de nuestros hermanos centroamericanos y de la mayoría de latinoamericanos es que, ante un mejor entorno internacional -a partir del segundo semestre del próximo año, estiman connotados economistas-, El Salvador tiene posibilidad real de despegue.

Ciertamente, difícil le puede resultar a Pedro López, desempleado, cortador de café en Santiago de María, Usulután, ser optimista hacia el futuro. El punto en el cual nos encontramos, es en el de no perder la visión del bosque por los árboles caídos a la vera del camino. Estamos en el rumbo correcto y logrando sortear el temporal. Dentro de nuestras posibilidades, tomando en cuenta todo lo sucedido durante el presente año, lo estamos haciendo en la mejor forma posible.

Por ello es que se vuelve tan importante materializar en 2002 el mayor grado de inversión pública realizado en la historia del país, en el período de un año. Ello sí que debería ser ya un objetivo nacional. A su vez, bien se podría definir una problemática como la que sufre el café, en un asunto de seguridad nacional.

Legalidad y ordenamiento

Lo que hemos visto esta semana, hay que decirlo en forma clara, es una notoria evolución -sofisticación, podríamos decir- en la labor gubernamental. Dejando a un lado la improvisación, que mucha de ella ha habido en el pasado, la ciudadanía percibió un completo y concreto plan de acción bajo el cual se eliminó el subsidio al diesel, se resistió el "hasta el tope" de los buseros, se aseguró la movilización de millones de usuarios y se anunció la entrada en vigencia de un nuevo sistema de transporte público.

No se hicieron esperar los elogios, ya que, salvo los agremiados y muchos de los directamente involucrados en el transporte público, más una que otra argumentación de tipo político, la gente ha aplaudido el colapso del viejo sistema. Las medidas de choque, la prepotencia y el mal trato, de verdad que hicieron mella en la imagen del gremio. Para no profundizar en lo que son muertes y heridas en accidentes de tránsito, que pudieron haber sido evitadas.

El desafío para el país, sin embargo, se mantiene incólume.

Porque lo que en realidad ha sucedido es que colapsó el amañado y disfuncional sistema que por unas tres décadas hemos tenido, el cual se mantuvo artificialmente durante los últimos años. El problema es que tiene que ser sustituido con la velocidad que el cumplimiento de todos los estándares de apertura, orden y transparencia permitan, ya que de lo que se trata es de legalizar, ordenar y brindar un nuevo, cristalino y funcional sistema.

En esta labor de construir un mejor país, viniendo de donde venimos, nadie dijo que iba a ser fácil ordenar y reajustar la casa. El asunto es que lo estamos logrando, posicionándonos cada vez más para cuando llegue el momento del despegue.

Hay que tener fe en El Salvador y en lo que estamos haciendo, ya que de seguir por el rumbo que llevamos, sin duda alguna que dejaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos, un mucho mejor país del que nosotros recibimos.

Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de EL DIARIO DE HOY.


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