En
sintonía con Dios
Vida moderna del
matrimonio
Por
el padre Eugenio Hoyos
E-mail:
fatherhoyos@utinet.net
Gracias
a Dios, el matrimonio se estableció como
una institución sagrada que Jesucristo
elevó como sacramento santo e
indisoluble; es el compromiso del hombre y la
mujer para vivir eternamente hasta que la muerte
los separe.
Pero al hablar de matrimonio como compromiso
serio no podemos dejar atrás la palabra
"pareja". Son tantas las demandas encontradas,
nos dice el escritor Luis Carlos Restrepo en su
libro " El Derecho a la Ternura", que parece
sser que construir este tipo de relación
es por momentos una tarea imposible.
La primera de estas exigencias en apariencia
insoluble consiste en la obligación que
tiene la pareja de resolver en su vida privada,
en el escaso espacio de la alcoba, algo que no
ha podido solucionar la humanidad en su
conjunto: la batalla de los sexos. Sólo a
partir de los años Cincuenta del siglo
pasado podemos hablar con propiedad de
pareja.
Antes el matrimonio era, incluso legalmente,
una relación desigual. Sin derechos
ciudadanos, la mujer no podía aspirar a
una relación de igualdad amorosa con el
esposo. Su condición era más bien
de hija mayor de la familia, bajo la soberana
autoridad del pater familias. Desde entonces
hasta hoy las cosas han cambiado. Vino la moda
"unisex", las mujeres se tomaron los tractores,
la universidad y las fábricas. creciendo
de manera sensible su presencia en la vida
pública. Hoy asistimos a una
feminización del espacio social y de la
escena política. Sin embargo, estamos
lejos de saber cómo vivir en la intimidad
con una pareja del otro sexo.
Es triste que en este nuevo milenio los
viejos modelos de la sociedad machista y del
dominio femenino sobre la casa y los hijos,
siguen aún vigentes. Da lástima
cuando vemos las noticias de los últimos
acontecimientos de la guerra contra el
terrorismo y nos damos cuenta de que, por
ejemplo, en Afganistán existe terrorismo
desfondado contra la institución del
matrimonio y contra la mujer. A la mujer, el
hombre afgano la ha enjaulado y le ha mutilado
los derechos, Mientras que en otros
países la mujer goza de todas las
libertades y derechos que la sociedad le ha
concedido y que bien se merece.
Durante los siglos los amantes se
diferenciaron de los cónyuges porque los
primeros se entregaban a su pasión con
una intensidad que podía conducirles a la
muerte, mientras al interior del matrimonio el
alboroto erótico era un buen escaso, no
siendo del todo necesaria su presencia.
Hoy hay que construir una relación
íntima gratificante. Hace falta una
educación directa de vida conyugal, de
enamoramiento continuo, de toma de decisiones
del hogar en armonía.
Es cierto que matrimonios perfectos no los
vamos a encontrar pero si vamos a empezar a ver
parejas que aprenden a ser felices, más
amorosos que oran y trabajan juntos.
¡Animo! ¡Piensa positivo y
busca a Dios!