Jueves 8 de noviembre 2001


Realidad financiera
Desarrollo se escribe "Cutuco"
María Eugenia Brizuela de Avila*

Canciller de El Salvador

He dejado atrás las transitadas calles y avenidas de Tokio, icono moderno de un pueblo que, tras la destrucción, supo levantarse y salir adelante y constituye ahora una de las metrópolis más progresistas del mundo.

He dejado atrás los grandes rascacielos que albergan importantes firmas comerciales e instituciones bancarias y gubernamentales, como el Japan Bank of International Cooperation (JBIC), con cuyas principales autoridades, horas atrás, he estado departiendo tras la firma del contrato de préstamo por 90 millones de dólares para financiar el "Proyecto de Desarrollo del Puerto de La Unión", hecho que fue posible gracias al acompañamiento de los votos en nuestra Asamblea Legislativa.

Y ahora, mientras me acomodo en el asiento del avión que me lleva de regreso a mi país, pienso en lo que significa para todos los salvadoreños, en especial para los unionenses, la firma de este convenio.

En primer lugar, hay dos zonas que fueron fuertemente golpeadas durante la guerra: la zona oriental y el corredor norte, fronterizo con Honduras. En ambos lugares, Cancillería ha puesto especial énfasis en hacer de la diplomacia acciones concretas.

En el caso del corredor norte, Honduras y El Salvador hemos gestionado ante la Unión Europea una donación por 30 millones de dólares para ejecutar el denominado "Programa Binacional de Desarrollo Fronterizo", con el cual esperamos beneficiar a 500 mil personas en 75 municipios de ambos países, contribuyendo a generar un proceso de desarrollo socioeconómico en la zona, al aumentar la capacidad de participación y concertación y mejorar la capacidad de planificación y gestión en el desarrollo local de la población.

Mientras que en el caso de la zona oriental, la reconstrucción del Puerto de Cutuco generará unos mil empleos directos y 10 mil indirectos con la futura instalación de zonas francas, empresas de bodegaje, explotación marítima y otras industrias.

Y así avanza el vuelo, imbuida en mis pensamientos, cuando el piloto informa que estamos a mitad del Océano Pacífico. Ese mismo inmenso mar que baña nuestras costas y que en el Golfo de Fonseca se convierte en un remanso de aguas, ideal para la construcción del nuevo puerto que tendrá capacidad para el manejo de carga a granel, contenedores y atracadero de cruceros. ¡Cuánto necesitamos del turismo mundial y cuánta riqueza tenemos por ofrecer!

Ahora, con la realidad del financiamiento de este megapuerto, muchas empresas de diversos rubros se mostrarán sumamente interesadas en invertir en el país y acompañar el desarrollo de esa zona.

En segundo lugar, para los unionenses la firma de este préstamo es la oportunidad de una mejor vida, de mayores y mejores fuentes de trabajo, de emplear productivamente las remesas de sus familiares.

Desde años inmemoriables, Japón ha sido considerado como la tierra del Sol Naciente. Sueño e imagino que con la reactivación de este puerto, los salvadoreños tendremos la oportunidad de ver en La Unión, un "nuevo sol naciente", un puerto que será referencia para el mundo de eficiencia, de productividad, de desarrollo.

Así, con estos pensamientos, arribo a Los Angeles para transbordar avión. Los Angeles, la segunda ciudad con mayor número de salvadoreños en el mundo; la fuerza productiva que ha ayudado a mantener a nuestro país durante tantos años y que a causa de la guerra tuvo que emigrar.

Por ellos, por los que se fueron y por los que nos quedamos, el gobierno del presidente Francisco Flores hace su máximo esfuerzo por propiciar las condiciones para hacer de El Salvador un lugar donde se pueda progresar, con oportunidades de trabajo, con generación de nuevas fuentes de empleo.

Mientras estoy en este pensamiento, me encuentro con nuestro Cónsul en Los Angeles, con quien aprovecho las horas previas al abordaje del avión hacia San Salvador, para sostener una reunión de trabajo y visitar el Consulado.

-Sabe, señor Cónsul, en la zona oriental de nuestro país, a partir de ahora desarrollo se escribe "Cutuco".

El Cónsul sonríe.


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