Miércoles 7 de noviembre 2001


Terremoto para Navidad

No soy sismólogo, pero es un hecho que con las medidas impositivas que el gobierno contempla para los próximos días, el aumento a la energía, al agua y a la gasolina, los bolsillos de los salvadoreños sufrirán una sacudida de 8.75 grados en la escala Richter.

Cristian Villalta

Nunca pondremos buena cara cuando se trate de pagar impuestos, o subsidiar obras con el aumento en los recibos. Sin embargo, la cólera sería menos si, todavía contando las fichitas que nos dan de vuelto en la caja del banco, recordaramos que esos dineros servirán para construir un mejor país. Lo malo es que ese cuenterete no se lo traga ni el más bobo.

Y no me vengan con que gracias a esa inyección inflacionaria tendremos calles más bonitas, o que el agua caerá siempre al abrir el chorro, o que en el Seguro no faltarán medicinas.

Las carteras de Educación y Salud, que requieren de un refuerzo presupuestario desde tiempos de María Castaña, nunca han justificado ese tipo de medidas.

Curiosamente, una calle bien pintadita es más urgente para los ciudadanos que encontrar analgésicos para el enfermo, o que mandar al niño a la escuela, con un pupitre decente asegurado. Nunca entenderé la lógica de nuestros gobernantes.

Para variar, el grado de consulta ciudadana es nulo, así como la entereza del presidente en adelantarle al público las consecuencias de sus iniciativas. Si ya decidieron darnos el tiro de gracia después de los dos terremotos, al menos que nos digan los síntomas que presentaremos antes de estirar la pata.

En vez de eso, ya empezaremos a ver al presidente abrazando niños en los 'baratos' anuncios de televisión, al mejor estilo de la familia Ingalls.

Como fresita del pavo navideño -que descenderá en los gustos, suplido por un pollo seco o un zanate panzóncito-, huele a puchero de buseros, o a aumento del pasaje.

Hoy sólo falta que además del FOVIAL, el Ejecutivo propugne por otro plan -el JOVIAL-, donde gravará el derecho de sonreir (con carga extra para las carcajadas, que como van las cosas serán artículo de lujo), y hasta el JODIAL, cuyo nombre lo indica todo.

Lo más ingrato es que todavía hay gente que se rajas las vestiduras por el inalienable derecho de embriagarse hasta las 2:00 a.m., o palurdos cobardes escudados en prestanombres que gastan en campos pagados. Ni modo. Así semos.


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