Terremoto para
Navidad
No soy sismólogo, pero es un hecho
que con las medidas impositivas que el gobierno
contempla para los próximos días,
el aumento a la energía, al agua y a la
gasolina, los bolsillos de los
salvadoreños sufrirán una sacudida
de 8.75 grados en la escala Richter.
Cristian
Villalta
Nunca
pondremos buena cara cuando se trate de pagar
impuestos, o subsidiar obras con el aumento en
los recibos. Sin embargo, la cólera
sería menos si, todavía contando
las fichitas que nos dan de vuelto en la caja
del banco, recordaramos que esos dineros
servirán para construir un mejor
país. Lo malo es que ese cuenterete no se
lo traga ni el más bobo.
Y no me vengan con que gracias a esa
inyección inflacionaria tendremos calles
más bonitas, o que el agua caerá
siempre al abrir el chorro, o que en el Seguro
no faltarán medicinas.
Las carteras de Educación y Salud, que
requieren de un refuerzo presupuestario desde
tiempos de María Castaña, nunca
han justificado ese tipo de medidas.
Curiosamente, una calle bien pintadita es
más urgente para los ciudadanos que
encontrar analgésicos para el enfermo, o
que mandar al niño a la escuela, con un
pupitre decente asegurado. Nunca
entenderé la lógica de nuestros
gobernantes.
Para variar, el grado de consulta ciudadana
es nulo, así como la entereza del
presidente en adelantarle al público las
consecuencias de sus iniciativas. Si ya
decidieron darnos el tiro de gracia
después de los dos terremotos, al menos
que nos digan los síntomas que
presentaremos antes de estirar la pata.
En vez de eso, ya empezaremos a ver al
presidente abrazando niños en los
'baratos' anuncios de televisión, al
mejor estilo de la familia Ingalls.
Como fresita del pavo navideño -que
descenderá en los gustos, suplido por un
pollo seco o un zanate panzóncito-, huele
a puchero de buseros, o a aumento del
pasaje.
Hoy sólo falta que además del
FOVIAL, el Ejecutivo propugne por otro plan -el
JOVIAL-, donde gravará el derecho de
sonreir (con carga extra para las carcajadas,
que como van las cosas serán
artículo de lujo), y hasta el JODIAL,
cuyo nombre lo indica todo.
Lo más ingrato es que todavía
hay gente que se rajas las vestiduras por el
inalienable derecho de embriagarse hasta las
2:00 a.m., o palurdos cobardes escudados en
prestanombres que gastan en campos pagados. Ni
modo. Así semos.