Miércoles 7 de noviembre 2001


Comentando
"El perfil de un nicaragüense"
Manuel J. Aguilar Trujillo

Asiduo lector y espontáneo colaborador de El Diario de Hoy, debo de confesar que al igual que pasa con mis colaboraciones, no todas son del agrado de muchos, y con toda seguridad las pasan por alto. Sin embargo, hay otros, columnistas les dicen hoy -muy pocos por cierto- que leo sus "columnas" con agrado y atención. Entre ellos, una, que escribe muy, pero muy esporádicamente. Y es por eso que me tomo la libertad, libertad que me dan los muchos años que tengo cumplidos, para hacerle las siguientes observaciones, todas ellas relacionadas con la mención que hace del episodio del sitio del Castillo de la Pura, Limpia e Inmaculada Concepción de María, aquel lejano 1762, cuando un puñado de oficiales de su graciosa majestad Jorge III, rey de Inglaterra, es enviado a nueva expedición pirática sobre Nicaragua, acompañado de sus inseparables auxiliares, zambos, moscos y caribes.

Este episodio ha sido tema de historiadores nicaragüenses, entre ellos don Tomás Ayón y don José Dolores Gámez, quienes al referirse a este interesante episodio de la vida colonial de Nicaragua, parece que consultaron únicamente el Memorial que doña Rafaela de Herrera y Udiarte dirige al rey de España Carlos III (1759-1788), el 16 de marzo de 1780.

Sobre este Memorial, en que doña Rafaela, acuciada por la extrema pobreza en que se encontraba, pide, basada en los indudables méritos de sus antepasados y los de su propio padre, se le dé una pensión, para lo cual y reafirmar su petición, menciona los suyos, ocultando el nombre del verdadero defensor de la fortaleza, consiguiendo así la tan ansiada como necesaria pensión. Este documento que se encuentra en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España bajo "Guatemala 875 (5)" fue, hasta hace pocos años, el único conocido sobre este suceso, hasta que el distinguido historiador nicaragüense don Carlos Molina Argüello descubre en el Archivo General de Indias, en Sevilla, España bajo "Guatemala 425" el diario que se llevó durante la acción, en el que se demuestra una serie de errores, no solamente de doña Rafaela, sino de los dos historiadores que hemos mencionado: Ayón y Gámez.

El primero, confunde dos fechas, dando como verdadero 1780, año en que el castillo cayó en manos de los invasores ingleses, siendo su alcaide don Juan De Aysa. También se equivoca llamando al padre de doña Rafaela, don Juan de Herrera, cuando su nombre fue Joseph, error que comete Gámez llamándolo a su vez Pedro.

En cuanto al hundimiento de la famosa balandrita y lo del "fuego griego" son invención de Gámez, en un afán de magnificar el sitio y defensa del castillo, y digo es invento por la sencilla razón que siendo de tanta importancia el hundimiento y lo del "fuego griego" ni doña Rafaela en su Memorial ni el alférez real don Juan Francisco de Aguilar y Santa Cruz, verdadero defensor del castillo, lo hubiesen omitido en el diario.

Muchas otras cosas, mitos y leyendas se han escrito en la historia de Nicaragua, en especial sobre el sitio y defensa del castillo de la Pura, Limpia e Inmaculada Concepción de María, aquel lejano año de gracias de 1762, los que por falta de espacio y no agobiar a nuestros lectores, con tantos datos y fechas, los he dejado detallados en mi trabajo de incorporación al Ateneo de El Salvador, el jueves 21 de febrero de 1985, que titulé: "La leyenda y la historia".

Para poner punto final a estos "brevísimos comentarios", únicamente me resta lamentar el que a los nicaragüenses se les aplique en "El perfil de un nicaragüense" el despectivo mote de "chochos".


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