Martes 6 de noviembre 2001


Sentido común
Desenganchados
Ricardo Rivas*

El bloque de diputados de la derecha ha levantado la mano para aprobar la Ley Reguladora del Alcohol y las Bebidas Alcohólicas, pero, al parecer, han levantado la que no era. De eso que aprobaron el otro día, dos cosas han llamado la atención: la primera, el horario de las 2:00 a las 6:00 de la mañana; la segunda, la exclusión de la cerveza en el proyecto avalado por los diputados de ARENA, PCN et al. Con respecto al horario aprobado para vender y consumir bebidas alcohólicas, lo acordado es un merengue que raya en burla para la ciudadanía. Lo otro, la exclusión de la cerveza del paquete, una broma de mal gusto para medio mundo… hasta para la misma empresa que elabora la cerveza en el país.

Lo infiere su mismo presidente &emdash;quien a su vez es presidente de ARENA&emdash; en una carta dirigida al jefe del Ejecutivo el 30 de octubre : "La Constancia, S.A. respetuosamente desea solicitar a usted incorporar al referido decreto, la inclusión de la venta de cerveza dentro de los límites de horario que la ley busca establecer, de manera que su aplicación no pueda ser malinterpretada de ninguna forma". La empresa cervecera del país tiene un largo historial de éxitos y preferencia reconocida por la historia y por los mismos consumidores, y lo que menos necesita son "regalitos" o flirteos diputadiles que la pongan en el lado negro de la mira.

Tampoco lo acordado por los diputados de su partido favorece a Roberto Murray, empresario de visión que no ha necesitado de la política ni de los políticos para conducir con éxito las empresas e instituciones a él encomendadas o por él mismo fundadas. Los diputados, pues, no han quedado bien ni con Dios ni con el diablo.

Y es que en estos tiempos en los que se intenta que cada salvadoreño valga por igual, que cada empresa sea tratada como al resto y que las políticas públicas se elaboren en función del bienestar de la mayoría, salir con imposiciones de esta naturaleza &emdash;que de ribete son absurdas&emdash;, desengancha a la gente de la calle con nuestros representantes, puestos ahí para decidir, velar y empujar en favor nuestro.

Hoy han sido los diputados de la derecha los desenganchados: desenganchados con lo que quiere, siente y pide la mayoría. Desenganchados con la realidad social de la calle, a donde el alcohol ciega vidas, trunca ilusiones y deshace hogares. Desenganchados con el llamado de quienes sí se juegan la vida preservando la seguridad de los demás: la PNC, las autoridades de Tránsito, los cuerpos de socorro, las unidades antidopaje y los hospitales. Desenganchados con la población y enganchados en los garfios del juego político que busca golpear al oponente a costa de cualquier cosa, aun del mismo bienestar ciudadano. Por eso lo actuado y aprobado por estos diputados se ha quedado sin el aplauso de nadie.

Esta discusión ha evidenciado cuánto nos falta crecer en madurez cívica y política. Es como haber regresado a la época en que los diputados vestían elegantes guayaberas yucatecas, usaban lentes de sol Ray Ban y al unísono levantaban la mano para congraciarse con su jefecito, sin que les importara medio rábano lo que pensara y necesitara la gente allá afuera. Es como cuando la izquierda se empecina en no aprobar créditos que serán de gran beneficio para el país, sólo porque piensa que con esto favorece al partido en el gobierno. Es como cuando el PCN cambia de opinión y de posición conforme a la dirección en la que sople el norte. Es como no haber entendido que el país ha cambiado. Es como pensar que los salvadoreños somos borregos &emdash;por no decir otra cosa menos elegante&emdash;.

Escribir o decir las cosas entre líneas, quedando bien con todos y mal con nadie, es una las tantas virtudes de las que algunos adolecemos. Hoy, los diputados de ARENA, PCN et al han votado en contra de una ordenanza que, si bien va pintada de rojo y rubricada con la firma del alcalde Silva, es positiva y ha comenzado a dar resultados concretos. Los diputados de la derecha han pensado más en términos partidarios que en el beneficio ciudadano. Han querido golpear a Silva y no se han dado cuenta de que nos han golpeado a todos. Han estimulado ese enanismo mental que no alcanza a distinguir entre lo que le conviene a la gente y lo que le conviene a un partido.

Gobernar y legislar a expensas del fracaso del oponente, despreciando las necesidades de la mayoría, además de ser un claro síntoma de desenganche con la realidad del mundo actual, exalta la impunidad política y es dar marcha atrás. No importa del partido que venga. En el pasado hemos visto a un FMLN cerrado en sus posiciones, privilegiando sus dogmas y buscando a toda costa zancadillear a ARENA, sin percatarse que muchas veces lo que en realidad afecta, es la seguridad y el bienestar de la familia salvadoreña. Hoy, el partido de gobierno ha caído en el mismísimo error. Desafortunadamente, al final, los costos de tanta politiquería los terminamos pagando la mayoría.


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