Domingo 4 de noviembre 2001


Una tradición de la época colonial
Comida a cambio de penitencias

Rezar un Padre Nuestro o una Ave María, cantar una canción o cualquier otra penitencia basta para que los niños reciban un presente

Sonsonate
Víctor Maldonado
El Diario de Hoy

"Angeles somos y del cielo venimos, canchules pedimos para nuestro camino", reza el estribillo con solfa que las bandadas de niños de los diferentes barrios y colonias de Nahuizalco cantaron, el jueves en la noche, a la entrada de las casas para pedir a cambio alimentos y golosinas.

Muchas veces, las personas, antes de entregar las golosinas, les pedían a los niños "canchules" otras clases de penitencias.

Esta tradición conocida como Los Canchules es de origen nahuat. Traducido al castellano significa, "donde los viejos". La fiesta se celebra cada 1 de noviembre y se asocia con el Día de los Santos Difuntos, el 2 de noviembre.

La tradición, según la historia guardada en la Casa de la Cultura, nace en la época de la colonización, por tanto se considera como una herencia de parte de los españoles.

Los adultos mayores cuentan que grupos de personas recorrían las calles pidiendo un presente con el verso de entrada, luego comían y llevaban la comida en bolsas, mochilas para compartirla con otras personas.

La tradición

La reunión de este jueves inició a las 6:00 de la tarde, en el atrio del templo católico San Juan Bautista de Nahuizalco.

Cada niño llevaba consigo la imagen de un santo.

José Jacobo Brito y el sacerdote de la iglesia brindaron las instrucciones a las decenas de infantes a participaron en la "canchuliada".

El sacerdote bendijo las imágenes y a los niños, después comenzó el recorrido. La señal de "alto" es un altar instalado en la entrada de una casa. Allí, a los niños canchules les entregan dulces, tamales, ayote en dulce, frutas y otras golosinas.

En la Casa de la Cultura se dan otras variantes, con respecto a la celebración. En el sitio se espera que los grupos de niños se arrodillen frente al altar de la acera y recen el Padre Nuestro y Ave María, luego se da paso a la entrega de alimentos.

Esta tradición en manos de la comunidad indígena tienen una variante. Ella acostumbra a visitar, en la noche, los cementerios. Así acompañan las sepulturas donde guardan los restos de sus seres queridos.

Los visitantes charlan, ríen, consumen chicha o aguardiente y depositan comida para que el difunto llegue y las saboree.

Mientras, los niños corren entre ellos, hay risas, juegos y toda clase de comentarios, llegan cansados a sus casas para entregar a sus padres lo que les han regalado.

Al día siguiente, ayer, van los padres al cementerio muy temprano a colocar flores a las tumbas. Algunos niños van comiendo algo que les dieron durante la canchuliada.


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