Una
tradición de la época colonial
Comida a cambio de
penitencias
Rezar un Padre Nuestro o una Ave
María, cantar una canción o
cualquier otra penitencia basta para que los
niños reciban un presente
Sonsonate
Víctor Maldonado
El Diario de Hoy
"Angeles somos y del cielo venimos, canchules
pedimos para nuestro camino", reza el estribillo
con solfa que las bandadas de niños de
los diferentes barrios y colonias de Nahuizalco
cantaron, el jueves en la noche, a la entrada de
las casas para pedir a cambio alimentos y
golosinas.
Muchas veces, las personas, antes de entregar
las golosinas, les pedían a los
niños "canchules" otras clases de
penitencias.
Esta tradición conocida como Los
Canchules es de origen nahuat. Traducido al
castellano significa, "donde los viejos". La
fiesta se celebra cada 1 de noviembre y se
asocia con el Día de los Santos Difuntos,
el 2 de noviembre.
La tradición, según la historia
guardada en la Casa de la Cultura, nace en la
época de la colonización, por
tanto se considera como una herencia de parte de
los españoles.
Los adultos mayores cuentan que grupos de
personas recorrían las calles pidiendo un
presente con el verso de entrada, luego
comían y llevaban la comida en bolsas,
mochilas para compartirla con otras
personas.
La tradición
La reunión de este jueves
inició a las 6:00 de la tarde, en el
atrio del templo católico San Juan
Bautista de Nahuizalco.
Cada niño llevaba consigo la imagen de
un santo.
José Jacobo Brito y el sacerdote de la
iglesia brindaron las instrucciones a las
decenas de infantes a participaron en la
"canchuliada".
El sacerdote bendijo las imágenes y a
los niños, después comenzó
el recorrido. La señal de "alto" es un
altar instalado en la entrada de una casa.
Allí, a los niños canchules les
entregan dulces, tamales, ayote en dulce, frutas
y otras golosinas.
En la Casa de la Cultura se dan otras
variantes, con respecto a la celebración.
En el sitio se espera que los grupos de
niños se arrodillen frente al altar de la
acera y recen el Padre Nuestro y Ave
María, luego se da paso a la entrega de
alimentos.
Esta tradición en manos de la
comunidad indígena tienen una variante.
Ella acostumbra a visitar, en la noche, los
cementerios. Así acompañan las
sepulturas donde guardan los restos de sus seres
queridos.
Los visitantes charlan, ríen, consumen
chicha o aguardiente y depositan comida para que
el difunto llegue y las saboree.
Mientras, los niños corren entre
ellos, hay risas, juegos y toda clase de
comentarios, llegan cansados a sus casas para
entregar a sus padres lo que les han
regalado.
Al día siguiente, ayer, van los padres
al cementerio muy temprano a colocar flores a
las tumbas. Algunos niños van comiendo
algo que les dieron durante la canchuliada.