Viernes 30 de noviembre 2001


El Gran Maestro del Trópico

El Gran Maestro, desde que llegó al poder, hacía cumplir sus planes, algunos calculados desde hacía décadas.

Le hizo una revolución al sistema político. Desbarató la oposición y los sumergió en una permamente batalla interna.

Cambió la moneda e hizo al país en un satélite de una potencia extranjera.

El Gran Maestro estaba dispuesto a imponer su nuevo sistema, costara lo que costara.

Lo hizo, al principio, con mucho tacto. Después se descubrió tal como era y no tuvo ninguna delicadeza.

Sus seguidores al principio eran vistos como héroes, pero luego fueron temidos y odiados.

Llegó a la capital al frente de una marcha victoriosa que duró jornadas de discursos.

Entró a las grandes ligas de la política mundial. Se codeó con figurones y todos hablaban, para bien o para mal, de cómo llevaba las riendas del país.

Pues bien, el Gran Maestro tenía pocas cosas de qué preocuparse.

Una de esos asuntos era un grupo de empresarios. La gente los odiaba, pero sus servicios eran necesarios.

¡Ah! Y habían obtenido una enorme cuota de poder gracias al poder de una cofradía que tenía tintes mafiosos.

Tenían unas opiniones y costumbres que no le agradaron al Gran Maestro, al rector de la política nacional.

¡Y cómo le iban a gustar, si querían más de esto y más de lo otro!

Cada vez que hablaban, el Gran Maestro guardaba silencio. Hasta que una vez se hartó de escuchar lo mismo y soportar las mismas amenazas y chantajes.

¿Qué era eso de andar diciendo lo que le venía en gana y pidiendo lo que le aconsejaba el bolsillo?

¿Eran acaso esas peticiones desviaciones malévolas del sistema? ¿Una enfermedad que debía ser extirpada? A lo mejor esa fue la explicación del Gran Maestro.

Ordenó callarlos, a los dirigentes y a sus grupos disidentes.

Envió tropas y reprimió el descontento.

- ¡Cuando yo digo algo, se hace! ¡No estoy para negociar!

Los disidentes fueron arrestados. Gritaban que fueron detenidos por sus ideas, que eran presos políticos.

El Gran Maestro todavía analiza qué hacer con ellos. De todos modos, ya no tienen el negocio que comandaban. Ya los buses tienen otro sistema, el que él dispuso.

Porque, como habrán adivinado, esta historia pasó aquí y no en ninguna isla caribeña.


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