Resolviendo
problemas
Elucubrando sobre el
café
José
Mario Bolaños Orellana*
Los años pasan y la ciencia y la
tecnología cada vez nos dejan más
atrás, con el consiguiente deterioro de
nuestra economía y del nivel de vida de
toda nuestra población.
Dentro del contexto nacional e internacional
es fácil poder comprobar que nuestra
falta de preparación elemental, como es
un simple bachillerato, que tiene más de
cincuenta años de ser establecido, como
fundamento para poder aplicar a un nivel
tecnológico o profesional, está
sumamente atrasado.
Si a esto le agregamos que de sesenta
años para acá, la ciencia y la
tecnología ha tenido tremendos avances y
que esos conocimientos básicos, aun en
aquellos temas elementales, son inalcanzables
para la mayoría de salvadoreños,
nos debería dar temor, por que hay una
consecuencia y un enlace directo entre
educación y capacitación con el
desarrollo.
El desconocimiento de esta consecuencia,
obvia, indiscutible y evidente por parte de
nuestros partidos políticos, que buscan
la existencia de la pobreza en otras causas como
los sistemas económicos, nos sigue
hundiendo, tremendamente, cada día
más en la pobreza.
Anteriormente podíamos ver que el
origen de la riqueza hace muchos años
estaba en la simple explotación directa
de la tierra, como era la ganadería, tan
simple pero tan productiva para generar
ocupación y riqueza. Así podemos
hablar del algodón en la Guerra de
Secesión en Estados Unidos. Así
del añil, del cacao, antes como moneda,
del café y otros.
Mientras en otros países no
sólo se ha desarrollado la forma de
comerciar de productos originales a productos
industriales, en nuestro país ni siquiera
hemos llegado a cubrir las metas de la
educación de bachillerato, impuesta desde
hace más de cincuenta años.
Mientras los otros países con base en
tecnología y desarrollo de las ciencias
son innovadores y generadores de empleos y
nuevos productos, nosotros nos hemos quedado e
grandes consumidores de plazas de trabajo
obsoletas como son corraleros, jornaleros,
cortadores de café, zafradores,
maquileros y otros, y no sabemos ni siquiera
producir personal que sepa leer y escribir,
mucho menos nuevos bachilleres y secretarias que
sepan de ortografía y algo de
computación.
Nos falla el enfoque para dar pasos
positivos, buscar soluciones y para generar
riquezas, capital, ocupación y
bienestar.
Con personas que no pasen del tercer grado y
que pretenden tener el nivel de vida de un
profesional, jamás llegaremos a
ningún lado.
En este panorama es fácil concluir que
el desconocimiento y la ignorancia no crea
bienestar, que el bienestar se consigue con
preparación académica que
posibilita una mentalidad de desarrollo y
planificación para crear riqueza.
Cómo hacer para explotar y apoyar
recursos que en nuestro país ahora son
motivo de exclusión financiera, de
abandono, de crisis, desocupación y de
mora, como son las tierras que actualmente se
destinan para la explotación del
café.
Nos podemos quedar con las posiciones
elementales, como hacer que los caficultores
sigan pagando los salarios mensuales de cuando
el café valía, o con la
posición financiera desfasada de que hay
que embargar a los caficultores y quitarles
todos los bienes adicionales para cubrir los
déficit bancarios, ni abandonar esas
tierras.
Esto es pensar como en las épocas de
1800, de los cultivos elementales y de ciclos de
producción y mercado.
Por qué no pensamos en ese recurso
tierra, como en una inversión de madera a
futuro, que sea sujeto de financiamiento como un
crédito de avío, en que se
certifique como en Europa y Estados Unidos, un
crecimiento vegetativo, que puede ser objeto de
plusvalía en bolsa de valores, cuya base
cubra en los primeros siete años las
deudas de café y dejar utilidades
certeras, ante la necesidad de la demanda
mundial de maderas, y su cotización
futura en mercados internacionales.
El crédito de avío funciona con
una garantía de cosecha futura, cierta y
comprobada por los peritos que avalúan
ésta antes del crédito. En un
crédito de avío de siembras de
árboles maderables en tierras de
café, debe certificarse su crecimiento
vegetativo por el mismo banco u otra autoridad,
y representarlo en la bolsa, como un rendimiento
de plusvalía que se genera cada
año, que es negociable y constituye un
medio de financiar esa actividad maderable, con
una ganancia que pueda ser representada con
certificados o títulos valores en el
mercado internacional, en donde la
adquisición de maderas futuras
está garantizada.
Si en este tiempo una manzana de terreno con
seiscientos árboles de cedro, se
evalúa en un millón doscientos mil
colones a razón de dos mil colones cada
árbol, dentro del período que se
pueda cosechar o sea 12 ó 15 años,
puede valer cada árbol ocho mil colones
(menos del 35% anual de rendimiento calculado en
mercados internacionales). ¿Con ese valor
de una manzana dentro de diez años, no
podría costearse su implantación,
mantenimiento, certificación y ganancia
garantizada, que pueda ser negociable con un
título valor en bolsa, en mercados
internacionales futuros?
¿Cómo convertir un avío de
un año de café, a un avío
de 12 años en madera certificada, y
negociar su plusvalía en bolsa?
Esto es posible si se crea un sistema legal,
una forma de certificar el crecimiento, un apoyo
financiero y se concreta una relación con
los mercados europeos de maderas a futuro.
Esto resolvería grandes problemas
ecológicos, económicos, bancarios
y de mano de obra para nuestro país.
* Dr. en
Derecho