Miércoles 28 de noviembre 2001


Resolviendo problemas
Elucubrando sobre el café
José Mario Bolaños Orellana*

Los años pasan y la ciencia y la tecnología cada vez nos dejan más atrás, con el consiguiente deterioro de nuestra economía y del nivel de vida de toda nuestra población.

Dentro del contexto nacional e internacional es fácil poder comprobar que nuestra falta de preparación elemental, como es un simple bachillerato, que tiene más de cincuenta años de ser establecido, como fundamento para poder aplicar a un nivel tecnológico o profesional, está sumamente atrasado.

Si a esto le agregamos que de sesenta años para acá, la ciencia y la tecnología ha tenido tremendos avances y que esos conocimientos básicos, aun en aquellos temas elementales, son inalcanzables para la mayoría de salvadoreños, nos debería dar temor, por que hay una consecuencia y un enlace directo entre educación y capacitación con el desarrollo.

El desconocimiento de esta consecuencia, obvia, indiscutible y evidente por parte de nuestros partidos políticos, que buscan la existencia de la pobreza en otras causas como los sistemas económicos, nos sigue hundiendo, tremendamente, cada día más en la pobreza.

Anteriormente podíamos ver que el origen de la riqueza hace muchos años estaba en la simple explotación directa de la tierra, como era la ganadería, tan simple pero tan productiva para generar ocupación y riqueza. Así podemos hablar del algodón en la Guerra de Secesión en Estados Unidos. Así del añil, del cacao, antes como moneda, del café y otros.

Mientras en otros países no sólo se ha desarrollado la forma de comerciar de productos originales a productos industriales, en nuestro país ni siquiera hemos llegado a cubrir las metas de la educación de bachillerato, impuesta desde hace más de cincuenta años.

Mientras los otros países con base en tecnología y desarrollo de las ciencias son innovadores y generadores de empleos y nuevos productos, nosotros nos hemos quedado e grandes consumidores de plazas de trabajo obsoletas como son corraleros, jornaleros, cortadores de café, zafradores, maquileros y otros, y no sabemos ni siquiera producir personal que sepa leer y escribir, mucho menos nuevos bachilleres y secretarias que sepan de ortografía y algo de computación.

Nos falla el enfoque para dar pasos positivos, buscar soluciones y para generar riquezas, capital, ocupación y bienestar.

Con personas que no pasen del tercer grado y que pretenden tener el nivel de vida de un profesional, jamás llegaremos a ningún lado.

En este panorama es fácil concluir que el desconocimiento y la ignorancia no crea bienestar, que el bienestar se consigue con preparación académica que posibilita una mentalidad de desarrollo y planificación para crear riqueza.

Cómo hacer para explotar y apoyar recursos que en nuestro país ahora son motivo de exclusión financiera, de abandono, de crisis, desocupación y de mora, como son las tierras que actualmente se destinan para la explotación del café.

Nos podemos quedar con las posiciones elementales, como hacer que los caficultores sigan pagando los salarios mensuales de cuando el café valía, o con la posición financiera desfasada de que hay que embargar a los caficultores y quitarles todos los bienes adicionales para cubrir los déficit bancarios, ni abandonar esas tierras.

Esto es pensar como en las épocas de 1800, de los cultivos elementales y de ciclos de producción y mercado.

Por qué no pensamos en ese recurso tierra, como en una inversión de madera a futuro, que sea sujeto de financiamiento como un crédito de avío, en que se certifique como en Europa y Estados Unidos, un crecimiento vegetativo, que puede ser objeto de plusvalía en bolsa de valores, cuya base cubra en los primeros siete años las deudas de café y dejar utilidades certeras, ante la necesidad de la demanda mundial de maderas, y su cotización futura en mercados internacionales.

El crédito de avío funciona con una garantía de cosecha futura, cierta y comprobada por los peritos que avalúan ésta antes del crédito. En un crédito de avío de siembras de árboles maderables en tierras de café, debe certificarse su crecimiento vegetativo por el mismo banco u otra autoridad, y representarlo en la bolsa, como un rendimiento de plusvalía que se genera cada año, que es negociable y constituye un medio de financiar esa actividad maderable, con una ganancia que pueda ser representada con certificados o títulos valores en el mercado internacional, en donde la adquisición de maderas futuras está garantizada.

Si en este tiempo una manzana de terreno con seiscientos árboles de cedro, se evalúa en un millón doscientos mil colones a razón de dos mil colones cada árbol, dentro del período que se pueda cosechar o sea 12 ó 15 años, puede valer cada árbol ocho mil colones (menos del 35% anual de rendimiento calculado en mercados internacionales). ¿Con ese valor de una manzana dentro de diez años, no podría costearse su implantación, mantenimiento, certificación y ganancia garantizada, que pueda ser negociable con un título valor en bolsa, en mercados internacionales futuros?

¿Cómo convertir un avío de un año de café, a un avío de 12 años en madera certificada, y negociar su plusvalía en bolsa?

Esto es posible si se crea un sistema legal, una forma de certificar el crecimiento, un apoyo financiero y se concreta una relación con los mercados europeos de maderas a futuro.

Esto resolvería grandes problemas ecológicos, económicos, bancarios y de mano de obra para nuestro país.

* Dr. en Derecho


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