Martes 27 de noviembre 2001


Tomando la palabra
Excelente iniciativa
Francisco Díaz Rodríguez*

Ocho días atrás, el colega Edgard Hernán Varela recordaba, en estas páginas, la proximidad del décimo aniversario de los Acuerdos de Paz, en enero de 2002.

Señalaba, con acierto, que los numerosos éxitos en su cumplimiento, injustificadamente llevó a algunos a asumir que "los propósitos de los Acuerdos de Paz se habían logrado", y agregó, con mayor acierto, que una vez alejados los mecanismos internacionales creados para la verificación de su cumplimiento "es responsabilidad exclusiva de la sociedad salvadoreña pasar revista a los logros alcanzados y a los desafíos pendientes de superar, para que sean las instituciones locales y los ciudadanos salvadoreños los que hagamos un balance objetivo de todo lo acontecido en los últimos diez años de vida" de dichos Acuerdos. Incluyó, además, el Informe de la Comisión de la Verdad y el del Grupo Conjunto. Para ello, y para otras tareas, propone la convocatoria a "un magno congreso nacional con la participación de todos los sectores nacionales".

¡Excelente iniciativa! ante la cual, dado que estos temas y textos no están al alcance de todos, quiero contribuir trayendo aquí algunas de las principales recomendaciones de la Comisión de la Verdad, de modo que los interesados tengamos una idea exacta de lo que se trata.

En materia de administración de justicia, entre otras cosas, la Comisión señaló:

"Una de las necesidades más apremiantes de la democracia salvadoreña para consolidarse en un verdadero Estado de Derecho es la transformación de un sistema judicial.

"Una de (sus) deficiencias más notorias (...) que es esencial superar es la alta concentración de funciones en manos de la Corte Suprema de Justicia y, en particular, de su Presidente como rector del Órgano Judicial. Esta concentración de funciones menoscaba seriamente la independencia de los jueces de instancias inferiores y de los abogados, en perjuicio del sistema en su conjunto.

"Los jueces no deberían ser nombrados y removidos por la Corte Suprema de Justicia sino por un Consejo Nacional de la Judicatura independiente.

"Cada juez debería responsabilizarse de la administración de los recursos del juzgado a su cargo, rindiendo cuentas al Consejo Nacional de la Judicatura.

"La autorización para el ejercicio de la profesión de abogado o notario y la suspensión o sanción a dichos profesionales deberían ser funciones atribuidas a un ente especial independiente y no a la Corte Suprema de Justicia".

Las cuatro recomendaciones están pendientes.

En lo que se refiere a la Ley de la Carrera Judicial, hace diez años, la Comisión recomendó que ella: "debería establecer que sólo podrán permanecer en la carrera aquellos jueces que, según una rigurosa evaluación realizada por el Consejo Nacional de la Judicatura, hayan demostrado vocación judicial, eficiencia, preocupación por los derechos humanos y estén rodeados de las garantías de independencia, criterio judicial, honestidad e imparcialidad en sus actuaciones". Este es un mensaje que debería inspirar a la Comisión actualmente en funciones, nombrada por la Corte para analizar la situación de numerosos casos de licenciados con irregularidades en sus procedimientos de graduación.

En cuanto a amparo y exhibición personal, la Comisión propuso que "todos los jueces de primera instancia deberían ser competentes", y que "la Corte Suprema de Justicia debería quedar reservada sólo como última instancia de dichos procedimientos".

Actualmente, del amparo conoce sólo la Sala de lo Constitucional, aunque algunos jueces de primera instancia pueden recibir demandas para trasladarlas. De la exhibición personal, en cambio, conocen la Sala y las Cámaras de Segunda Instancia con residencia fuera de la capital. ¿Por qué no equiparar al menos en este aspecto los procedimientos?

En busca de la reconciliación nacional, la Comisión propuso, para la reparación material, la creación de un fondo especial a fin de proporcionar "una compensación material adecuada a las víctimas de la violencia", y para la reparación moral: "La construcción de un monumento nacional en San Salvador con los nombres de todas las víctimas del conflicto, identificadas; el reconocimiento de la honorabilidad de las víctimas y de los graves delitos de los que fueron víctimas; el establecimiento de un feriado nacional recordatorio de la víctimas del conflicto y de afirmación de la reconciliación nacional".

Para el primero, seguro dirán "no hay dinero", pero, ¿para un monumento tampoco? ¿Por qué no aprovechar el décimo aniversario aunque sea para rebautizar, solemnemente, alguno? El reconocimiento de la honorabilidad de las víctimas no cuesta nada, es apenas un gesto. ¿Sería posible en enero 2002 tenerlo? Y el feriado que duró sólo dos años, ¿por qué no restituirlo o sustituirlo por otro menos importante? Por lo menos quedan las propuestas.


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