Palabras
Los fríos
juguetes modernos
Carlos
Balaguer
Cuando cierta vez en el "rastro" de Madrid me
quedé sin comprar una muñeca
antigua de porcelana de a principios de siglo,
sinceramente me dieron ganas de patalear y armar
un berrinche. No sólo porque me fascinan
las antigüedades, sino porque quizá
en el fondo lo que yo perseguía era
"jugar{ con aquel fantoche del pasado. Los
hombres también jugamos con
muñecos y muñecas. Les destrozamos
el alma, los rompemos, les sacamos el
aserrín o la viruta o los dejamos
olvidados en la bodega de cosas viejas.
Cuesta un poco aceptarlo, pero eso mismo
hacemos cuando "grandes".
El juguete moderno, sin embargo, a pesar de
que recoge la medida ideológica del
progreso, la fantasía que se pueda
desencadenar de los mismos avances
científicos y tecnológicos
-"ciencia-ficción",
"juego-ficción"-, ha perdido con el
tiempo y con la producción en cadena de
las industrias jugueteras, ese calor de los
artesanos chinos, nipones, alemanes, que
satisfacieron la demanda de juguetes en el
pasado.
El juguete primitivo y de articulación
mecánica daba un margen de
participación al niño, cosa que no
ocurre con el juguete moderno -máquina en
el fondo-, que con su "vida" propia, relega o
limita en alguna medida la participación
creativa del joven jugador.