Martes 27 de noviembre 2001


La columna nacional
Advertencia para las derechas ante el inicio del año político
Roberto López-Geissmann

Cuñas del mismo palo. ¿Quién no conoce nuestro dicho que reza: "La cuña para que apriete tiene que ser del mismo palo"? Esto en política se aplica lo mismo para las izquierdas como para las derechas, porque insistiré siempre en que deben escribirse en plural, con "s" al final, no en singular. Lo que quiere decir que los mismos individuos que una vez formaron una unidad, o que por lo menos compartían un pensamiento similar y que hoy se separan, pueden llegar a ser un dolor de cabeza más fuerte que sus adversarios del otro lado del espectro político. Y lo son porque en parte se dirigen a una común clientela, se conocen sus mañas y pueden atraer a similares votantes. Y ni modo, no sería correcto coartar el legítimo derecho de los ciudadanos a reunirse en torno a nuevas opciones. Ahora bien, para mi lado más afín del espectro escribo a continuación las siguientes líneas, para que sirvan como elemento de reflexión en función de las estrategias que puedan utilizar.

Una carta única. Me valdré para ilustrar mi punto de algunas referencias de la carta que el periodista cubano Miguel Ángel Quevedo le enviara a su amigo Ernesto Montaner, epístola que recibiera este cuando ya era cadáver el conocido editor de la revista "Bohemia" y en la que se conduele de haber otrora apoyado a Fidel Castro; fechada el 12 de agosto de 1969, dice, en parte:

"...Yo no niego mis errores ni culpabilidad, lo que sí niego es que yo fuera el único culpable. Culpables fuimos todos, en mayor o menor grado.... Los periodistas que llenaban mi mesa de artículos demoledores, arremetiendo contra todos los gobernantes. Buscadores de aplausos que por satisfacer el morbo infecundo y brutal de las multitudes, por sentirse halagados por la aprobación de la plebe, vestían el odioso uniforme de oposicionistas sistemáticos... que no se quitaban nunca. No importa quién fuera el presidente. Ni las cosas buenas que estuviese realizando... Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder... Fueron culpables los millonarios que llenaron de dinero a Fidel para que derribara al régimen.... los curas de sotana roja... el State Department, que respaldó la conjura internacional...

Todos. Por acción u omisión. Viejos y jóvenes. Ricos y pobres... Los titanes de esa izquierda democrática que tan poco tiene de democracia y tanto tiene de izquierda..." Y termina deseando: "Ojalá mi muerte sea fecunda. Y obligue a la meditación. Para que, los que queden aprenda la lección. Y los periódicos y los periodistas, no vuelvan a decir jamás lo que las turbas incultas y desenfrenadas quieran que ellos digan. Para que la prensa no sea más un eco de la calle. Para que los anunciantes no llenen de poderío con sus anuncios a publicaciones tendenciosas, sembradores de odio y de infamia, capaces de destruir hasta la integridad física y moral de una nación o de un destierro".

Es en este contexto que las derechas deben plantear estrategias que no olviden ni por un solo segundo al contrincante principal y cuyo triunfo sería nefasto. Claro está y yo lo he afirmado muchas veces que el argumento de "estar creando división es traición" sólo puede caber en mentes pequeñas y/o calenturientas, no es así, y dejaríamos de estar en democracia si no existiera el derecho a disentir y escoger... pero ¡cuidémonos también de no hacerles el juego a las izquierdas! No puede dejar de citar uno de los últimos párrafos de la aludida carta de Quevedo, cuando dice:

"Fuimos un pueblo cegado por el odio. Y todos caímos víctimas de esa ceguera. Nuestros pecados pesaron más que nuestras virtudes. Nos olvidamos de Núñez de Arce, cuando dijo: -Que cuando este pueblo olvida sus virtudes lleva en sus propios vicios su tirano..."

Así, la falta de reconocimiento de lo bien realizado, el ataque mordaz, las usinas de rumores, el alentar un periodismo insidioso y feroz no puede sino favorecer al mal común de todos los salvadoreños.


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