La
Nota del
Día
Noviembre 26,
2001
Quieren perpetuar la
anarquía vial
Enarbolando diversas banderas, entre ellas el
tema de los subsidios, un grupo de buseros
bloqueó el centro de San Salvador, con el
consiguiente perjuicio a automovilistas,
peatones, comercios y a la actividad
económica en general. Con harta
frecuencia estos paros, desfiles de unidades,
taponeado de calles y desmadres, se montan con
regularidad a costillas de la paciencia
colectiva.
Ayer, según se dice, se
protestó por el reordenamiento de las
rutas y de las paradas, medida que aun con sus
fallas ha descongestionado el casco urbano de
San Salvador. Antes, todos los buses llegaban al
centro, causando atascos, suciedad, ruido y
contaminación. Como además cerca
del ochenta por ciento de las unidades son
viejas, con sus motores en pésimo estado
y generadoras de hollín y gases
asfixiantes, el transporte contribuye en gran
medida a la incidencia de enfermedades
respiratorias y pulmonares. Todos los negocios,
oficinas, viviendas y construcciones ubicados a
lo largo de las rutas de buses, sufren
enormemente por la contaminación, el
desorden y el ruido.
Los buseros se niegan a retirar de la
circulación las unidades con más
de quince años, pese a que muchos de sus
motores no se pueden reparar más, que las
carrocerías están desvencijadas,
que las suspensiones y los sistemas de frenos no
responden de manera adecuada, o considerando el
calamitoso aspecto que presentan. Ir
detrás de la mayoría de autobuses
es inhalar hollín y monóxido de
carbono; algunos están tan mal, que las
bocanadas de humo que expelen dificultan ver la
calzada, con los consiguientes riesgos a la
seguridad de todos.
La resistencia contra la
modernización
El problema, sin embargo, va más
allá de lo mencionado. Los paros,
protestas, desfiles, etc., de los buseros, se
esgrimen contra cualquier modernización
del sistema de transporte. Y al no modernizarse
éste, se perpetúa un esquema
ineficiente, que se presta a la
corrupción, que no protege a los
trabajadores y que por lógica tiene
mayores costos. Los paros quieren mantener en
pie el sistema de los "permisos de
línea", de la atomización de la
industria en microempresas, de los subsidios, de
la imposibilidad de aplicar economías de
escala a favor del usuario. Una ciudad y un
país que está dejando de ser del
tercer mundo, padece un sistema de transporte
del cuarto.
Comencemos con el esquema vigente de micro
empresa. En la actualidad, ser propietario de
tres o cuatro unidades equivale a ser
"empresario de transporte", aunque no se tengan
ni los conocimientos ni la capacidad
administrativa para desempeñarse con
eficiencia. De allí que las empresas
dependan de los subsidios, y se valgan de mil
artimañas para subsistir, pero todo a
costa de los usuarios y a costa del perjuicio
que se hace a la colectividad, como en el caso
de la contaminación ambiental. La
ineficiencia siempre se traduce en altos costos,
sea en encarecer los pasajes, sea en la
pésima o mala calidad de los servicios.
Desde cierto punto de vista, el empecinamiento
contra la modernización equivale a querer
mantener el uso de carretas para transportar
mercaderías dentro de las ciudades, o
haber prohibido la importación de
computadoras para sostener el empleo de
mecanógrafas.
No hay razones ni económicas ni
laborales ni empresariales, para preservar el
esquema actual de los transportes, nacido de las
tonterías sociales de la presidencia de
Julio Rivera, que ha sido y sigue siendo un
fracaso.