Martes 27 de noviembre 2001


La Nota del Día
 

Noviembre 26, 2001
Quieren perpetuar la anarquía vial

Enarbolando diversas banderas, entre ellas el tema de los subsidios, un grupo de buseros bloqueó el centro de San Salvador, con el consiguiente perjuicio a automovilistas, peatones, comercios y a la actividad económica en general. Con harta frecuencia estos paros, desfiles de unidades, taponeado de calles y desmadres, se montan con regularidad a costillas de la paciencia colectiva.

Ayer, según se dice, se protestó por el reordenamiento de las rutas y de las paradas, medida que aun con sus fallas ha descongestionado el casco urbano de San Salvador. Antes, todos los buses llegaban al centro, causando atascos, suciedad, ruido y contaminación. Como además cerca del ochenta por ciento de las unidades son viejas, con sus motores en pésimo estado y generadoras de hollín y gases asfixiantes, el transporte contribuye en gran medida a la incidencia de enfermedades respiratorias y pulmonares. Todos los negocios, oficinas, viviendas y construcciones ubicados a lo largo de las rutas de buses, sufren enormemente por la contaminación, el desorden y el ruido.

Los buseros se niegan a retirar de la circulación las unidades con más de quince años, pese a que muchos de sus motores no se pueden reparar más, que las carrocerías están desvencijadas, que las suspensiones y los sistemas de frenos no responden de manera adecuada, o considerando el calamitoso aspecto que presentan. Ir detrás de la mayoría de autobuses es inhalar hollín y monóxido de carbono; algunos están tan mal, que las bocanadas de humo que expelen dificultan ver la calzada, con los consiguientes riesgos a la seguridad de todos.

La resistencia contra la modernización

El problema, sin embargo, va más allá de lo mencionado. Los paros, protestas, desfiles, etc., de los buseros, se esgrimen contra cualquier modernización del sistema de transporte. Y al no modernizarse éste, se perpetúa un esquema ineficiente, que se presta a la corrupción, que no protege a los trabajadores y que por lógica tiene mayores costos. Los paros quieren mantener en pie el sistema de los "permisos de línea", de la atomización de la industria en microempresas, de los subsidios, de la imposibilidad de aplicar economías de escala a favor del usuario. Una ciudad y un país que está dejando de ser del tercer mundo, padece un sistema de transporte del cuarto.

Comencemos con el esquema vigente de micro empresa. En la actualidad, ser propietario de tres o cuatro unidades equivale a ser "empresario de transporte", aunque no se tengan ni los conocimientos ni la capacidad administrativa para desempeñarse con eficiencia. De allí que las empresas dependan de los subsidios, y se valgan de mil artimañas para subsistir, pero todo a costa de los usuarios y a costa del perjuicio que se hace a la colectividad, como en el caso de la contaminación ambiental. La ineficiencia siempre se traduce en altos costos, sea en encarecer los pasajes, sea en la pésima o mala calidad de los servicios. Desde cierto punto de vista, el empecinamiento contra la modernización equivale a querer mantener el uso de carretas para transportar mercaderías dentro de las ciudades, o haber prohibido la importación de computadoras para sostener el empleo de mecanógrafas.

No hay razones ni económicas ni laborales ni empresariales, para preservar el esquema actual de los transportes, nacido de las tonterías sociales de la presidencia de Julio Rivera, que ha sido y sigue siendo un fracaso.


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