Sábado 24 de noviembre 2001


Comentario de la semana
Un proyecto ganador
Eduardo Torres

E-mail: eduardo@elsalvador.com

Por 81 votos aprobó ayer la Asamblea Legislativa, en la sesión plenaria celebrada en la ciudad de San Miguel, el préstamo blando de 90,9 millones de dólares provenientes del gobierno de Japón, destinados para la construcción del Puerto de Cutuco.

En condiciones realmente favorables, tanto en el plazo como en la tasa de interés, este proyecto, que -como tal- se gestó durante la administración Cristiani, se volverá por fin realidad. El Salvador entero gana con él, por ser este uno de esos proyectos típicamente ganadores que busca la creación de un importante polo de desarrollo, generando con ello nuevos, ansiados y necesarios puestos de trabajo.

"Cutuco significa desarrollo", me dijo este pasado martes -ante las cámaras de la televisión- la canciller de la República, María Eugenia Brizuela de Avila. Lo dijo en forma de resumen, tras escuchar la exposición del proyecto, que estará a la altura de las demandas del nuevo siglo -hasta con atracadero para cruceros- realizada por el presidente de CEPA, César Miranda.

Y vaya que tiene razón, si realizamos la tarea pendiente para reactivar la zona oriental. Esto es, además de la construcción de la primera fase de Cutuco, concretar el ya anunciado "by pass" en La Unión, construir la Longitudinal del Norte y recuperar la cuenca del Río Grande de San Miguel, para ganar miles y miles de manzanas de terreno fértil.

La inversión privada, nacional e internacional, no tardaría en llegar, pues estaría asegurada la conectividad tanto nacional como regional.

El Salvador, no me cabe ninguna duda, se crece en la región. Pero se crece para bien de la región, porque nuestra lucha desde ningún punto de vista deberá ser competir con nuestros países hermanos, sino que complementarnos con ellos. Suficientes lecciones hemos recibido todos, por haber estado siempre &emdash;cada quien&emdash; tratando de llevar agua para su molino.

En lo político, nuestro desafío ha de ser la eficiencia de las instituciones. Las dos últimas plenarias, sin excluir la polémica y el debate, podrían ser un buen indicativo de todo lo que se puede lograr, si se piensa primero en El Salvador y se actúa de cara al país.

El país que queremos

Un esfuerzo no partidario, transideológico, inició a mitad de la década pasada, al sentir personas en importantes medios y alrededor de ellos, en instancias empresariales y en alguna que otra gubernamental, la necesidad de prolongar en el tiempo el "espíritu de Chapultepec".

La paz había sido alcanzada, pero mientras celebrábamos todos el crecimiento económico durante la primera mitad de la década de los noventa, llegó la inquietud de que terminara pronto el encanto, de no saberse aprovechar el momento del "reencuentro".

Funcionarios de países que han logrado salir de la pobreza, como por ejemplo de la República de China (Taiwan), argumentan que un grado de consenso básico, reflejado en un plan de desarrollo para una generación plazo, es algo más que fundamental para alcanzar el éxito.

Así, hubo necesidad que de que se polarizara el país nuevamente y de que se "desacelerara", para intentar recuperar algo del perdido espíritu de unidad, en torno a los colores azul y blanco.

Luego de tenues esfuerzos, nació en abril de 1997 la Comisión Nacional de Desarrollo (CND). Su principal mérito: buscar, genuinamente, un mejor El Salvador, a través de la formulación de un "Plan de Nación". Sus principales adversarios: la desconfianza del FMLN y la frialdad de ARENA.

Mucha agua ha pasado bajo el puente desde entonces, pero sobrevivió la CND de un gobierno a otro. El esfuerzo que desde la raíz ha venido desarrollando, a nivel consulta, ha sido sin precedentes en la historia de El Salvador.

Ciertamente, las alianzas del presidente Flores contemplan la reactivación de la zona oriental con la construcción del Puerto de Cutuco, como un primer paso. El punto es que mientras más grado de apoyo tengan las cosas sensatas e importantes, que beneficien al país, mayor es la posibilidad de que se concreten.

Estando el país en el rumbo correcto, ojalá podamos continuar el buen espíritu de las dos últimas plenarias, para iniciar el 2002 con renovado entusiasmo y con fe de que los mejores días de El Salvador, están aún por venir, y de que vendrán.

Licenciado en Ciencias Jurídicas y columnista de EL DIARIO DE HOY.


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