Comentario
de la semana
Un proyecto
ganador
Eduardo
Torres
E-mail:
eduardo@elsalvador.com
Por
81 votos aprobó ayer la Asamblea
Legislativa, en la sesión plenaria
celebrada en la ciudad de San Miguel, el
préstamo blando de 90,9 millones de
dólares provenientes del gobierno de
Japón, destinados para la
construcción del Puerto de Cutuco.
En condiciones realmente favorables, tanto en
el plazo como en la tasa de interés, este
proyecto, que -como tal- se gestó durante
la administración Cristiani, se
volverá por fin realidad. El Salvador
entero gana con él, por ser este uno de
esos proyectos típicamente ganadores que
busca la creación de un importante polo
de desarrollo, generando con ello nuevos,
ansiados y necesarios puestos de trabajo.
"Cutuco significa desarrollo", me dijo este
pasado martes -ante las cámaras de la
televisión- la canciller de la
República, María Eugenia Brizuela
de Avila. Lo dijo en forma de resumen, tras
escuchar la exposición del proyecto, que
estará a la altura de las demandas del
nuevo siglo -hasta con atracadero para cruceros-
realizada por el presidente de CEPA,
César Miranda.
Y vaya que tiene razón, si realizamos
la tarea pendiente para reactivar la zona
oriental. Esto es, además de la
construcción de la primera fase de
Cutuco, concretar el ya anunciado "by pass" en
La Unión, construir la Longitudinal del
Norte y recuperar la cuenca del Río
Grande de San Miguel, para ganar miles y miles
de manzanas de terreno fértil.
La inversión privada, nacional e
internacional, no tardaría en llegar,
pues estaría asegurada la conectividad
tanto nacional como regional.
El Salvador, no me cabe ninguna duda, se
crece en la región. Pero se crece para
bien de la región, porque nuestra lucha
desde ningún punto de vista deberá
ser competir con nuestros países
hermanos, sino que complementarnos con ellos.
Suficientes lecciones hemos recibido todos, por
haber estado siempre &emdash;cada quien&emdash;
tratando de llevar agua para su molino.
En lo político, nuestro desafío
ha de ser la eficiencia de las instituciones.
Las dos últimas plenarias, sin excluir la
polémica y el debate, podrían ser
un buen indicativo de todo lo que se puede
lograr, si se piensa primero en El Salvador y se
actúa de cara al país.
El país que queremos
Un esfuerzo no partidario,
transideológico, inició a mitad de
la década pasada, al sentir personas en
importantes medios y alrededor de ellos, en
instancias empresariales y en alguna que otra
gubernamental, la necesidad de prolongar en el
tiempo el "espíritu de Chapultepec".
La paz había sido alcanzada, pero
mientras celebrábamos todos el
crecimiento económico durante la primera
mitad de la década de los noventa,
llegó la inquietud de que terminara
pronto el encanto, de no saberse aprovechar el
momento del "reencuentro".
Funcionarios de países que han logrado
salir de la pobreza, como por ejemplo de la
República de China (Taiwan), argumentan
que un grado de consenso básico,
reflejado en un plan de desarrollo para una
generación plazo, es algo más que
fundamental para alcanzar el éxito.
Así, hubo necesidad que de que se
polarizara el país nuevamente y de que se
"desacelerara", para intentar recuperar algo del
perdido espíritu de unidad, en torno a
los colores azul y blanco.
Luego de tenues esfuerzos, nació en
abril de 1997 la Comisión Nacional de
Desarrollo (CND). Su principal mérito:
buscar, genuinamente, un mejor El Salvador, a
través de la formulación de un
"Plan de Nación". Sus principales
adversarios: la desconfianza del FMLN y la
frialdad de ARENA.
Mucha agua ha pasado bajo el puente desde
entonces, pero sobrevivió la CND de un
gobierno a otro. El esfuerzo que desde la
raíz ha venido desarrollando, a nivel
consulta, ha sido sin precedentes en la historia
de El Salvador.
Ciertamente, las alianzas del presidente
Flores contemplan la reactivación de la
zona oriental con la construcción del
Puerto de Cutuco, como un primer paso. El punto
es que mientras más grado de apoyo tengan
las cosas sensatas e importantes, que beneficien
al país, mayor es la posibilidad de que
se concreten.
Estando el país en el rumbo correcto,
ojalá podamos continuar el buen
espíritu de las dos últimas
plenarias, para iniciar el 2002 con renovado
entusiasmo y con fe de que los mejores
días de El Salvador, están
aún por venir, y de que
vendrán.
Licenciado en Ciencias Jurídicas y
columnista de EL DIARIO DE HOY.