Una despedida con
música y baile
En fecha reciente se llevó a cabo
en el Instituto Nacional General Francisco
Menéndez (INFRAMEN) el "Festival de
Bailes Populares", con el que se despidió
a la promoción de bachilleres 2001.
- José
Osmín Monge
- El Diario
de Hoy
- Fotos
MARITZA SANTOS
A
eso de las 3:00 p.m. del domingo 18 de
noviembre, decenas de niños,
jóvenes y adultos se hicieron presentes
al gimnasio del INFRAMEN para presenciar el ya
tradicional "Festival de Bailes Populares".
El sofocante calor de esa tarde no fue
impedimento para que todas esas personas fueran
testigos del evento, que se caracteriza por el
derroche de colorido, música y
creatividad.
En las afueras de la cancha se encontraban
los jóvenes artistas, quienes daban sus
últimos retoques a sus llamativos
vestuarios y maquillajes. La mayoría
ensayaba por última vez las
coreografía a presentar en el
espectáculo. Tanto los bailarines como el
público asistente se mostraban ansiosos e
impacientes por que comenzara el concurso de
baile.
Al compás de "La tradicional" (canto
de batalla de esa institución) se dio por
iniciado el festival, en el que participaron
aproximadamente 200 alumnos de las distintas
áreas y secciones. Los gritos, las barras
y los aplausos se dejaron escuchar por
doquier.
Que comience la fiesta
El jurado calificador estaba listo, el
público y los participantes
también. El concurso de baile se
realizaría en dos etapas: la de bailes
modernos y la de populares.
El momento de presentar a la primera de las
comparsas llegó. A ritmo de merengue y
luciendo coloridas vestimentas, el primer grupo
de jóvenes se lució en la pista de
baile. A este grupo le siguieron otros seis (de
la etapa de bailes modernos), quienes deleitaron
a la concurrencia con diversos ritmos como
"reggae", "tecno", "pop" y "hop dance".
En esta primera fase del concurso abundaron
los movimientos de cadera y de cintura,
relizados al compás de los cadenciosos
ritmos.
Cada conjunto participante hacía gala
de su creatividad, con el objetivo de ganarse la
atención del jurado y los aplausos del
público asistente.
Fue así como algunos grupos se
cambiaron hasta tres veces de vestuario, otros
lucían modernos peinados y no
faltó uno que aprovechara la oportunidad
para pronunciarse en contra del secuestro.
La primera etapa del concurso concluyó
a ritmo de merengue.
Luego de una exhibición de ballet, a
cargo de una destacada alumna, se inició
la segunda fase, la de bailes populares.
Gritos ensordecedores
Llegó la segunda etapa. En ella la
creatividad fue el principal componente.
Los seis grupos participantes de esta fase
pusieron de manifiesto su talento y su
energía juvenil con diferentes bailes y
ritmos, como can can, "swing", "rock and roll",
disco y samba.
Después de tres horas de baile, y
tomando en cuenta los aspectos de
sincronía, originalidad, creatividad y
técnica, el jurado dio su fallo final. Se
escogieron a tres grupos ganadores de cada
etapa.
En la primera de las fases, el primer lugar
correspondió a la sección 3-2 de
comercio, que bailó música "pop",
y en la segunda, el triunfador fue la
sección 3-7 de comercio, que
representó un colorido carnaval
brasileño.
Las
señoritas participantes de este grupo se
ganaron la simpatía del público y
los jueces al lucir llamativos atavíos y
al ejecutar provocativos y sincronizados
movimientos de cadera y de piernas. A cada uno
de los miembros de las comparsas sobresalientes
se les otorgó medallas de metal.
Los ganadores recibieron la noticia del
triunfo entre gritos ensordecedores y
lágrimas de alegría.
"No lo puedo creer, ganamos, ganamos",
gritaban los ganadores.
Y llegó la
melancolía
Al dar por finalizada la premiación
llegó el momento más triste de la
tarde. Por una de las entradas del gimnasio se
hizo presente un mariachi, que deleitó
con reconocidas melodías a los
asistentes, especialmente a los estudiantes de
último año de bachillerato, que
ese día se despedían.
Durante el tiempo que duró el acto de
despedida, el llanto, la nostalgia y la tristeza
invadieron los corazones de aquellos que le
dicen adiós al instituto.
Canciones como "Las golondrinas" y
"Adiós muchachos" hicieron llorar a los
que egresan.
Más tarde, el cantante Cedamer
ambientó el lugar con canciones que
arrancaban suspiros y hacían derramar
más lágrimas.
El gimnasio quedó a oscuras. Poco a
poco se fue iluminando con las velas que
portaban los estudiantes, quienes se fundieron
en un fraternal abrazo y formaron un
círculo alrededor de la cancha.
Ellos sabían que después de esa
noche serán pocas las ocasiones en que
estarán juntos. Estaban tristes, pues
sabían que dejarían atrás
sus cuadernos, sus preocupaciones y sus amigos.
Al igual que sus velas encendidas, la
alegría se fue extinguiendo; estaban
conscientes de que todos los momentos vividos
sólo quedarían grabados en sus
mentes y en sus corazones.