Ingenio
El Carmen
Historia oculta del
fraude
Esta es la historia de cómo dos
empresarios adquirieron un ingenio sin sacar un
céntimo de sus bolsillos. El banco de
Fomento Agropecuario (BFA) les facilitó
todo: hasta ¢42 millones como capital de
trabajo.
- El Diario
de Hoy
¿Cuál
banco del mundo le vende un ingenio valorado en
¢59 millones sin que usted saque ni cinco
centavos de su bolsillo, por lo menos para pagar
la prima? Respuesta: ninguno.
Aunque usted no lo crea, eso fue lo que
sucedió en el Banco de Fomento
Agropecuario (BFA), cuando esa
institución vendió el ingenio El
Carmen mientras y era presidida por el Lic.
Raúl García Prieto.
El banco vendió el ingenio a dos
sociedades anónimas encabezadas por
Héctor Cristiani Samayoa y Enrique Rais,
en condiciones tales que ninguno de esas firmas
desembolsó un colón ni siquiera
para pagar los cinco millones de colones que se
exigían como prima.
Pero, hasta ahí no llegaron las
ventajas: el BFA también les
concedió un préstamo adicional por
42 millones de colones para la
industrialización de la caña y los
garantizó, únicamente, con 462 mil
quintales de azúcar que
producirían en el futuro.
Quizá por eso es que la
Fiscalía General de la República
está convencida de que tanto
García Prieto como Cristiani y Rais y
otros funcionarios privados y del banco
participaron en un oscuro negocio en el que pudo
ocurrir desde tráfico de influencias
hasta la comisión de varios delitos.
Cómo lo hicieron
La historia del ingenio El Carmen representa,
desde mediados de los años noventa, una
verdadera obra de ingeniería pura sobre
cómo no deben hacerse las cosas en un
banco estatal.
Si esa historia se pudiera abreviar, se
podría advertir que, a pesar de la
ineficiencia del ingenio El Carmen y de la
permanente bancarrota en que vivía, en
tres años (1995-998), el BFA le
otorgó créditos hasta por 289
millones de colones.
Esa gigantesca deuda se fijó, en
diciembre de 1998, en 85.8 millones de colones,
aunque el banco tenía, en sus manos, una
garantía hipotecaria por sólo 18.8
millones de colones y una garantía
prendaria sobre la producción de
azúcar y melaza.
Como a pesar de la inyección de
gigantescos préstamos hechos por el BFA
el ingenio no salía a flote (el 31 de
diciembre de 1998 la empresa presentaba un
patrimonio negativo por ¢15.1 y un
déficit acumulado de ¢47.7
millones), el banco estatal decidió
embargar la compañía deudora.
Esa gestión apenas asustó a los
propietarios del ingenio, cuyas acciones
estaban, principalmente, en manos del INAZUCAR
(97%). En esa institución se sabía
que era imposible salir del atascadero
económico y, entonces, decidieron ofrecer
el ingenio en pago por las obligaciones.
El BFA, presidido, en ese momento, por
Raúl García Prieto, durante la
administración de Armando Calderón
Sol, promovió y aceptó el negocio
a pesar de que significaba recibir una serie de
bienes valorados en 59 millones de colones a
cambio de deudas por 85 millones de colones.
Pero, antes de que la sociedad El Carmen,
controlada por el INAZUCAR, entregara el
ingenio, comienzan a producirse una serie de
extraños movimientos entre banqueros y
empresarios que hasta ahora se conocen con
algún detalle.
El camino del dinero
No se necesitó que el BFA recibiera el
ingenio como dación de pago para que
metiera sus manos en ese negocio. Realmente, por
el nivel de las deudas, el BFA mantenía
intervenido el inmueble. Incluso, el BFA
designó al señor Ricardo Edgardo
Rivera y a Raúl Esteban Castellón,
funcionarios del BFA, como gerente general e
interventor del ingenio para administrar los
negocios.
Que sucediera eso último no es
anormal, de acuerdo con las leyes locales. Lo
que sí no tiene explicación es
cómo Rais y Cristiani lograron pagar la
prima para comprar el ingenio una vez que se le
entregaron al BFA. Menos explicaciones sensatas
se encuentran cuando se agrega a todo eso que
también recibieron 42 millones de colones
en créditos adicionales como capital de
trabajo.
Fue el 14 de diciembre de 1998 cuando el BFA
recibió de la sociedad Ingenio El Carmen
el ingenio como una forma de pago de los
¢85 millones que le adeudaba. Un día
después, con una celeridad ajustada a los
más eficientes, la junta de directores
del BFA autorizó a Raúl
García Prieto, presidente de la
institución, la venta del ingenio libre
de gravámenes en ¢59 millones,
según una valoración que hizo un
técnico del BFA.
Apenas cuatro días después, el
ingenio tenía, en su fachada, un
rótulo: "vendido". Eso significó
que, en menos de una semana, el ingenio lo
recibió el BFA, le puso un precio y lo
vendió. Aquello mostraba una eficiencia
pocas veces vista en un banco estatal de
América Latina.
La propiedad la adquirieron dos sociedades
anónimas. Una llamada "Granja Los Patos,
S.A. de C.V", en la que participa José
Enrique Rais, e Incaña, S.A de C.V., en
la que también participa Héctor
Cristiani Samayoa.
Mejor negocio no podían encontrar
ambos: de los 59 millones de colones que
costaba el ingenio, 54 se financiarían
con un crédito a 15 años, con dos
años de gracia y 14 por ciento de
interés anual. Las sociedades sólo
debían cancelar cinco millones de colones
como prima. (Esto sin contar los ¢42
millones que les dieron, posteriormente, como
capital de trabajo garantizados con 462 mil
quintales de azúcar).
¿Cómo pagaron la
prima?
Existen documentos que muestran que buena
parte del dinero que las sociedades en las que
participan Rais y Cristiani pagaron la prima de
¢5 millones con dinero del propio BFA que
pusieron a circular por caminos que utilizan
quienes no quieren dejar huellas sobre el origen
de los recursos.
¿Cómo pudo ocurrir eso? Por
razones inexplicables, el 14 de diciembre (el
mismo día que el BFA recibió el
ingenio), ese banco estatal giró otros
tres millones de colones a la sociedad Ingenio
El Carmen. Eso ocurrió a pesar de que las
obligaciones llegaban a 85 millones de colones y
sobrepasaban el valor de los bienes que se
recibían. Cuatro días
después, les giraron otros cinco millones
de colones. Los desembolsos se registraron en el
BFA como préstamos.
Esos extraños créditos se
dieron a la sociedad Ingenio El Carmen cuando ya
no era propietaria de nada. Los desembolsos se
efectuaron con la autorización de
Mauricio Soriano y Moisés
Menéndez, jefe del departamento de
créditos y asesor empresarial de la
agencia que el BFA posee en Sonsonate.
Cuando se les preguntó por qué
hicieron eso, respondieron que recibieron
instrucciones verbales, en ese sentido, del Lic.
Juan Antonio Martínez, ex gerente general
del BFA en tiempos en que García Prieto
presidía esa institución.
Curiosamente, el mismo día que el BFA
giró los tres millones de colones a la
sociedad Ingenio El Carmen, antigua propietaria
del ingenio, esta firma le entregó tres
millones de colones a Héctor Cristiani
Samayoa. Más curioso aún es el
hecho de que ese dinero se lo giraron a
Cristiani Ricardo Rivera y Raúl
Castellón, gerente general e interventor
de la sociedad Ingenio El Carmen, ambos
nombrados en esos cargos por el BFA.
¿A cuenta de qué se le dio esa
suma a Cristiani? Se registró como pago
al BFA por un préstamo otorgado por esa
institución. Pero, según los
registros de préstamos del BFA, ese pago
nunca fue recibido.
¿Qué hizo Cristiani con ese
dinero? Lo depositó en una cuenta
corriente a su nombre y luego certificó,
en una agencia del BFA en Merliot, otro cheque,
por la misma cantidad, a nombre de la Sociedad
Industrias Cañeras (INCAÑA). Esta
sociedad terminó como una de las
compradoras del ingenio.
Según las investigaciones, ese dinero
se utilizó como aporte para constituir la
sociedad INCAÑA, de la que Cristiani
Samayoa es su principal accionista.
Todo eso significa que el 14 de diciembre fue
un día agitado para muchos: en esa fecha,
el BFA recibió el ingenio como
dación de pago. También el BFA
giró tres millones de colones a la
sociedad Ingenio El Carmen, cuando ya no
tenía el inmueble. Ese mismo día,
Cristiani recibió de El Carmen la misma
cantidad de tres millones. Como si fuese poco,
corrió a depositar el cheque por los tres
millones de colones y certificó otro por
la misma suma para aportar el capital social que
necesitaba la sociedad que compraría,
junto a otra firma Rais, el ingenio.
INCAÑA, S.A de C.V. (donde Cristiani
Samayoa es el principal accionista) fue
constituida el 12 de diciembre. El capital
social lo pagó ese empresario en la fecha
cabalística: 14 de diciembre de 1998.
Diez días después (24 de
diciembre), Héctor Cristiani, a nombre de
INCAÑA, giró otro cheque por tres
millones de colones para cancelar al BFA su
aporte como parte de la prima de cinco millones
de colones que debían cancelar a los
compradores del ingenio.
Más tarde, el 28 de diciembre, se
remesaron a las cuentas de la sociedad Ingenio
El Carmen tres millones de colones mediante tres
cheques con los que, se presume, Héctor
Cristiani pagó a esa firma la suma que
había recibido el 14 de diciembre y que
se usó, o para pagar el capital de la
sociedad anónima, o para cancelar parte
de la prima que se dio por el ingenio.
¿Cómo pagó
Rais?
El 21 de diciembre de 1998, Enrique Rais, el
otro interesado en comprar el ingenio El Carmen,
recibió, del ex gerente general del BFA,
Juan Antonio Martínez, dos desembolsos de
préstamos por 1.5 millones de colones.
Ese dinero se depositó en la cuenta de la
sociedad PROCEMI, de la que éste es el
principal accionista.
Ese mismo día, Martínez
también autorizó un sobregiro por
600 mil colones a la sociedad Piscis, de la que
Rais también es el principal
accionista.
Y entonces se encuentran otras coincidencias:
también el 21 de diciembre, las empresas
PROCEMI y Piscis emiten cheques certificados a
nombre de la señora Ruth Elizabeth
Salazar Campos (detenida también ayer),
por ¢2.100.000. La señora Salazar es
la administradora única de la sociedad
Granja Los Patos que, finalmente, se
constituyó en otra de las
compañías compradoras del ingenio
El Carmen.
Tras recibir los 2.1 millones de colones ,
Salazar remesó dos millones de colones en
una cuenta que la sociedad Granja Los Patos
poseía en el BFA. Antes de eso, el saldo
de esa cuenta corriente era cero.
Cuatro días después (el 24 de
diciembre de 1998), la sociedad Granja Los Patos
canceló al BFA su aporte a la prima por
la compra del ingenio el Carmen. De esa manera,
y con dinero del propio BFA, tanto Cristiani
como Rais pagaron la prima del ingenio y se
apoderaron de él. El negocio estaba
hecho: no sacaron dinero de sus bolsillos para
pagar la prima y recibieron un crédito
por 54 millones de colones. Más tarde,
recibirían otros 42 millones de colones
como capital de trabajo.