Viernes 23 de noviembre 2001



Ingenio El Carmen
Historia oculta del fraude

Esta es la historia de cómo dos empresarios adquirieron un ingenio sin sacar un céntimo de sus bolsillos. El banco de Fomento Agropecuario (BFA) les facilitó todo: hasta ¢42 millones como capital de trabajo.

El Diario de Hoy

¿Cuál banco del mundo le vende un ingenio valorado en ¢59 millones sin que usted saque ni cinco centavos de su bolsillo, por lo menos para pagar la prima? Respuesta: ninguno.

Aunque usted no lo crea, eso fue lo que sucedió en el Banco de Fomento Agropecuario (BFA), cuando esa institución vendió el ingenio El Carmen mientras y era presidida por el Lic. Raúl García Prieto.

El banco vendió el ingenio a dos sociedades anónimas encabezadas por Héctor Cristiani Samayoa y Enrique Rais, en condiciones tales que ninguno de esas firmas desembolsó un colón ni siquiera para pagar los cinco millones de colones que se exigían como prima.

Pero, hasta ahí no llegaron las ventajas: el BFA también les concedió un préstamo adicional por 42 millones de colones para la industrialización de la caña y los garantizó, únicamente, con 462 mil quintales de azúcar que producirían en el futuro.

Quizá por eso es que la Fiscalía General de la República está convencida de que tanto García Prieto como Cristiani y Rais y otros funcionarios privados y del banco participaron en un oscuro negocio en el que pudo ocurrir desde tráfico de influencias hasta la comisión de varios delitos.

Cómo lo hicieron

La historia del ingenio El Carmen representa, desde mediados de los años noventa, una verdadera obra de ingeniería pura sobre cómo no deben hacerse las cosas en un banco estatal.

Si esa historia se pudiera abreviar, se podría advertir que, a pesar de la ineficiencia del ingenio El Carmen y de la permanente bancarrota en que vivía, en tres años (1995-998), el BFA le otorgó créditos hasta por 289 millones de colones.

Esa gigantesca deuda se fijó, en diciembre de 1998, en 85.8 millones de colones, aunque el banco tenía, en sus manos, una garantía hipotecaria por sólo 18.8 millones de colones y una garantía prendaria sobre la producción de azúcar y melaza.

Como a pesar de la inyección de gigantescos préstamos hechos por el BFA el ingenio no salía a flote (el 31 de diciembre de 1998 la empresa presentaba un patrimonio negativo por ¢15.1 y un déficit acumulado de ¢47.7 millones), el banco estatal decidió embargar la compañía deudora.

Esa gestión apenas asustó a los propietarios del ingenio, cuyas acciones estaban, principalmente, en manos del INAZUCAR (97%). En esa institución se sabía que era imposible salir del atascadero económico y, entonces, decidieron ofrecer el ingenio en pago por las obligaciones.

El BFA, presidido, en ese momento, por Raúl García Prieto, durante la administración de Armando Calderón Sol, promovió y aceptó el negocio a pesar de que significaba recibir una serie de bienes valorados en 59 millones de colones a cambio de deudas por 85 millones de colones.

Pero, antes de que la sociedad El Carmen, controlada por el INAZUCAR, entregara el ingenio, comienzan a producirse una serie de extraños movimientos entre banqueros y empresarios que hasta ahora se conocen con algún detalle.

El camino del dinero

No se necesitó que el BFA recibiera el ingenio como dación de pago para que metiera sus manos en ese negocio. Realmente, por el nivel de las deudas, el BFA mantenía intervenido el inmueble. Incluso, el BFA designó al señor Ricardo Edgardo Rivera y a Raúl Esteban Castellón, funcionarios del BFA, como gerente general e interventor del ingenio para administrar los negocios.

Que sucediera eso último no es anormal, de acuerdo con las leyes locales. Lo que sí no tiene explicación es cómo Rais y Cristiani lograron pagar la prima para comprar el ingenio una vez que se le entregaron al BFA. Menos explicaciones sensatas se encuentran cuando se agrega a todo eso que también recibieron 42 millones de colones en créditos adicionales como capital de trabajo.

Fue el 14 de diciembre de 1998 cuando el BFA recibió de la sociedad Ingenio El Carmen el ingenio como una forma de pago de los ¢85 millones que le adeudaba. Un día después, con una celeridad ajustada a los más eficientes, la junta de directores del BFA autorizó a Raúl García Prieto, presidente de la institución, la venta del ingenio libre de gravámenes en ¢59 millones, según una valoración que hizo un técnico del BFA.

Apenas cuatro días después, el ingenio tenía, en su fachada, un rótulo: "vendido". Eso significó que, en menos de una semana, el ingenio lo recibió el BFA, le puso un precio y lo vendió. Aquello mostraba una eficiencia pocas veces vista en un banco estatal de América Latina.

La propiedad la adquirieron dos sociedades anónimas. Una llamada "Granja Los Patos, S.A. de C.V", en la que participa José Enrique Rais, e Incaña, S.A de C.V., en la que también participa Héctor Cristiani Samayoa.

Mejor negocio no podían encontrar ambos: de los 59 millones de colones que costaba el ingenio, 54 se financiarían con un crédito a 15 años, con dos años de gracia y 14 por ciento de interés anual. Las sociedades sólo debían cancelar cinco millones de colones como prima. (Esto sin contar los ¢42 millones que les dieron, posteriormente, como capital de trabajo garantizados con 462 mil quintales de azúcar).

¿Cómo pagaron la prima?

Existen documentos que muestran que buena parte del dinero que las sociedades en las que participan Rais y Cristiani pagaron la prima de ¢5 millones con dinero del propio BFA que pusieron a circular por caminos que utilizan quienes no quieren dejar huellas sobre el origen de los recursos.

¿Cómo pudo ocurrir eso? Por razones inexplicables, el 14 de diciembre (el mismo día que el BFA recibió el ingenio), ese banco estatal giró otros tres millones de colones a la sociedad Ingenio El Carmen. Eso ocurrió a pesar de que las obligaciones llegaban a 85 millones de colones y sobrepasaban el valor de los bienes que se recibían. Cuatro días después, les giraron otros cinco millones de colones. Los desembolsos se registraron en el BFA como préstamos.

Esos extraños créditos se dieron a la sociedad Ingenio El Carmen cuando ya no era propietaria de nada. Los desembolsos se efectuaron con la autorización de Mauricio Soriano y Moisés Menéndez, jefe del departamento de créditos y asesor empresarial de la agencia que el BFA posee en Sonsonate.

Cuando se les preguntó por qué hicieron eso, respondieron que recibieron instrucciones verbales, en ese sentido, del Lic. Juan Antonio Martínez, ex gerente general del BFA en tiempos en que García Prieto presidía esa institución.

Curiosamente, el mismo día que el BFA giró los tres millones de colones a la sociedad Ingenio El Carmen, antigua propietaria del ingenio, esta firma le entregó tres millones de colones a Héctor Cristiani Samayoa. Más curioso aún es el hecho de que ese dinero se lo giraron a Cristiani Ricardo Rivera y Raúl Castellón, gerente general e interventor de la sociedad Ingenio El Carmen, ambos nombrados en esos cargos por el BFA.

¿A cuenta de qué se le dio esa suma a Cristiani? Se registró como pago al BFA por un préstamo otorgado por esa institución. Pero, según los registros de préstamos del BFA, ese pago nunca fue recibido.

¿Qué hizo Cristiani con ese dinero? Lo depositó en una cuenta corriente a su nombre y luego certificó, en una agencia del BFA en Merliot, otro cheque, por la misma cantidad, a nombre de la Sociedad Industrias Cañeras (INCAÑA). Esta sociedad terminó como una de las compradoras del ingenio.

Según las investigaciones, ese dinero se utilizó como aporte para constituir la sociedad INCAÑA, de la que Cristiani Samayoa es su principal accionista.

Todo eso significa que el 14 de diciembre fue un día agitado para muchos: en esa fecha, el BFA recibió el ingenio como dación de pago. También el BFA giró tres millones de colones a la sociedad Ingenio El Carmen, cuando ya no tenía el inmueble. Ese mismo día, Cristiani recibió de El Carmen la misma cantidad de tres millones. Como si fuese poco, corrió a depositar el cheque por los tres millones de colones y certificó otro por la misma suma para aportar el capital social que necesitaba la sociedad que compraría, junto a otra firma Rais, el ingenio. INCAÑA, S.A de C.V. (donde Cristiani Samayoa es el principal accionista) fue constituida el 12 de diciembre. El capital social lo pagó ese empresario en la fecha cabalística: 14 de diciembre de 1998.

Diez días después (24 de diciembre), Héctor Cristiani, a nombre de INCAÑA, giró otro cheque por tres millones de colones para cancelar al BFA su aporte como parte de la prima de cinco millones de colones que debían cancelar a los compradores del ingenio.

Más tarde, el 28 de diciembre, se remesaron a las cuentas de la sociedad Ingenio El Carmen tres millones de colones mediante tres cheques con los que, se presume, Héctor Cristiani pagó a esa firma la suma que había recibido el 14 de diciembre y que se usó, o para pagar el capital de la sociedad anónima, o para cancelar parte de la prima que se dio por el ingenio.

¿Cómo pagó Rais?

El 21 de diciembre de 1998, Enrique Rais, el otro interesado en comprar el ingenio El Carmen, recibió, del ex gerente general del BFA, Juan Antonio Martínez, dos desembolsos de préstamos por 1.5 millones de colones. Ese dinero se depositó en la cuenta de la sociedad PROCEMI, de la que éste es el principal accionista.

Ese mismo día, Martínez también autorizó un sobregiro por 600 mil colones a la sociedad Piscis, de la que Rais también es el principal accionista.

Y entonces se encuentran otras coincidencias: también el 21 de diciembre, las empresas PROCEMI y Piscis emiten cheques certificados a nombre de la señora Ruth Elizabeth Salazar Campos (detenida también ayer), por ¢2.100.000. La señora Salazar es la administradora única de la sociedad Granja Los Patos que, finalmente, se constituyó en otra de las compañías compradoras del ingenio El Carmen.

Tras recibir los 2.1 millones de colones , Salazar remesó dos millones de colones en una cuenta que la sociedad Granja Los Patos poseía en el BFA. Antes de eso, el saldo de esa cuenta corriente era cero.

Cuatro días después (el 24 de diciembre de 1998), la sociedad Granja Los Patos canceló al BFA su aporte a la prima por la compra del ingenio el Carmen. De esa manera, y con dinero del propio BFA, tanto Cristiani como Rais pagaron la prima del ingenio y se apoderaron de él. El negocio estaba hecho: no sacaron dinero de sus bolsillos para pagar la prima y recibieron un crédito por 54 millones de colones. Más tarde, recibirían otros 42 millones de colones como capital de trabajo.


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