Analizando
El sexo en las
iglesias
Edgar
López Bertrand*
El
pecado sexual es una epidemia dentro de la
iglesia. ¿Cómo comenzó esta
situación? Surgió porque los
poderes de las tinieblas tienen su propia agenda
para la vida de la iglesia. El blanco primario
de ataque de Satanás es el sexo. Su
estrategia siempre ha consistido en ejercer un
fuerte control sobre las costumbres sexuales de
las personas.
Ayudando a que Satanás tenga mejor
puntería, se percibe la actitud de muchos
cristianos, que en lugar de buscar una vida
cristiana acorde con los principios
bíblicos, están más
interesados en vivir una vida sexual más
satisfactoria y en descubrir cómo
experimentar más placer en la cama. Lo
anterior no significa que uno no esté de
acuerdo con el placer. El place fue idea de
Dios. El fabricante siempre sabe de qué
manera funciona mejor una máquina, y
nuestro Hacedor ha provisto instrucciones al
respecto. Dios planeó intenso gozo para
todos nosotros. Pero, optamos por un placer
escaso, en lugar de uno abundante.
Se requiere cierto conocimiento y experiencia
para ayudar a alguien con su pecado sexual. Las
iglesias pueden obtener y usar ese conocimiento,
y debieran cumplir un papel mucho más
significativo en la restauración de los
pecados sexuales, que el que desempeñan
en la actualidad. Hoy, Dios está dando
luz a la iglesia para que tenga una
comprensión más profunda del
pecado sexual y de cómo debe ser
encarado.
En las últimas dos décadas, han
ocurrido muchos cambios. El mundo ha cambiado,
también en las iglesias han habido
cambios, una pendiente hacia abajo en los
estándares de la moral sexual. Entonces,
permítame comentar los cambios que han
tenido lugar en el mundo, en la iglesia y
añado cómo Dios está
respondiendo con juicio a los cambios de la
iglesia.
El conocimiento, en todos los órdenes,
ha tenido un crecimiento muy alto. Las
corrientes filosóficas han cambiado. El
mundo occidental y todas las ciudades del orbe
han sido influenciadas por esos cambios y se
muestran hoy abiertamente fanatizadas por el
sexo. Tanto la moralidad pública como la
privada han cambiado profundamente. El
feminismo, la liberación homosexual y
más recientemente el movimiento de la
masculinidad han adquirido creciente influencia
y poder.
Los intereses comerciales que hay
detrás de la literatura y de los videos
pornográficos gozan de extraordinaria
salud financiera, pese a muchos esfuerzos en
contra de la pornografía. Los niveles de
la moralidad social van rápidamente
cuesta abajo hacia un precipicio. Los cambios
legislativos están generando a nuestro
alrededor un mundo cada vez más hostil
hacia la perspectiva cristiana de la
sexualidad.
La batalla a favor de los derechos de la
mujer y en contra de los derechos del
niño por nacer está en pleno auge.
Aumentan los crímenes sexuales, y este
incremento es real, no un mero invento de los
medios y de la publicidad. El optimismo inicial
con que se encaró el SIDA se
desvaneció rápidamente. En algunos
lugares del mundo donde sólo se le
tomó en serio cuando era demasiado tarde,
ya es una epidemia.
Ahora los congresos mundiales sobre el SIDA
producen informes cada vez más
preocupantes. Aumentan las violaciones. Este
parece ser un crecimiento auténtico y no
el mero resultado de la reciente tendencia de
las mujeres a denunciar las violaciones ante la
policía. Los crímenes violentos
vinculados con el sexo son tan comunes que los
pasamos por alto en las noticias, pero caminamos
con desconfianza por la noche.
Hace poco vi el video de la entrevista de
James Dobson a Ted Bundy. Bundy era considerado,
cuanto menos, un consumado embaucador, pero en
esa ocasión me sentí impresionado
por su sinceridad. La entrevista tuvo lugar
apenas unas horas antes de su ejecución.
Ya no quedaba nada del sereno y manipulador
farsante que había jugado a su gusto con
la prensa. Reconoció tener plena
responsabilidad por los asesinatos que
había cometido y total conciencia del
sufrimiento que había causado. Con
serenidad, analizó el camino que
finalmente lo condujo a la violación y al
crimen: una creciente adicción a la
pornografía, hasta llegar a la más
despreciable conducta pornográfica. Bundy
creció en un hogar cristiano.
Vivimos en una sociedad que muestra diversos
síntomas de desintegración. El
abuso contra las mujeres es cada vez mayor, al
igual que el número de madres solteras.
En particular, el cambio amenaza la vida de los
niños y mucho de esto ocurre dentro de
nuestras iglesias. Abrumados, nos damos cuenta
del hecho contundente de que los niños
que fueron sexualmente abusados a menudo se
transforman en adultos abusadores, con lo cual
tenemos una nueva generación de
abusadores que está creciendo ahora en un
ambiente radicalmente modificado y cargado de
sexo.
La violencia doméstica, el abuso
sexual, el abandono de los padres, el horror de
la vida callejera en nuestras ciudades, son
parte de los temores con que vivimos
"confiadamente" dentro de nuestras iglesias, sin
que se haga mucho por lo permisible, que los
pastores hemos hecho el sexo dentro de nuestras
congregaciones. A cualquier situación...
¡Jesús es la solución!