Viernes 23 de noviembre 2001


Analizando
El sexo en las iglesias
Edgar López Bertrand*

El pecado sexual es una epidemia dentro de la iglesia. ¿Cómo comenzó esta situación? Surgió porque los poderes de las tinieblas tienen su propia agenda para la vida de la iglesia. El blanco primario de ataque de Satanás es el sexo. Su estrategia siempre ha consistido en ejercer un fuerte control sobre las costumbres sexuales de las personas.

Ayudando a que Satanás tenga mejor puntería, se percibe la actitud de muchos cristianos, que en lugar de buscar una vida cristiana acorde con los principios bíblicos, están más interesados en vivir una vida sexual más satisfactoria y en descubrir cómo experimentar más placer en la cama. Lo anterior no significa que uno no esté de acuerdo con el placer. El place fue idea de Dios. El fabricante siempre sabe de qué manera funciona mejor una máquina, y nuestro Hacedor ha provisto instrucciones al respecto. Dios planeó intenso gozo para todos nosotros. Pero, optamos por un placer escaso, en lugar de uno abundante.

Se requiere cierto conocimiento y experiencia para ayudar a alguien con su pecado sexual. Las iglesias pueden obtener y usar ese conocimiento, y debieran cumplir un papel mucho más significativo en la restauración de los pecados sexuales, que el que desempeñan en la actualidad. Hoy, Dios está dando luz a la iglesia para que tenga una comprensión más profunda del pecado sexual y de cómo debe ser encarado.

En las últimas dos décadas, han ocurrido muchos cambios. El mundo ha cambiado, también en las iglesias han habido cambios, una pendiente hacia abajo en los estándares de la moral sexual. Entonces, permítame comentar los cambios que han tenido lugar en el mundo, en la iglesia y añado cómo Dios está respondiendo con juicio a los cambios de la iglesia.

El conocimiento, en todos los órdenes, ha tenido un crecimiento muy alto. Las corrientes filosóficas han cambiado. El mundo occidental y todas las ciudades del orbe han sido influenciadas por esos cambios y se muestran hoy abiertamente fanatizadas por el sexo. Tanto la moralidad pública como la privada han cambiado profundamente. El feminismo, la liberación homosexual y más recientemente el movimiento de la masculinidad han adquirido creciente influencia y poder.

Los intereses comerciales que hay detrás de la literatura y de los videos pornográficos gozan de extraordinaria salud financiera, pese a muchos esfuerzos en contra de la pornografía. Los niveles de la moralidad social van rápidamente cuesta abajo hacia un precipicio. Los cambios legislativos están generando a nuestro alrededor un mundo cada vez más hostil hacia la perspectiva cristiana de la sexualidad.

La batalla a favor de los derechos de la mujer y en contra de los derechos del niño por nacer está en pleno auge. Aumentan los crímenes sexuales, y este incremento es real, no un mero invento de los medios y de la publicidad. El optimismo inicial con que se encaró el SIDA se desvaneció rápidamente. En algunos lugares del mundo donde sólo se le tomó en serio cuando era demasiado tarde, ya es una epidemia.

Ahora los congresos mundiales sobre el SIDA producen informes cada vez más preocupantes. Aumentan las violaciones. Este parece ser un crecimiento auténtico y no el mero resultado de la reciente tendencia de las mujeres a denunciar las violaciones ante la policía. Los crímenes violentos vinculados con el sexo son tan comunes que los pasamos por alto en las noticias, pero caminamos con desconfianza por la noche.

Hace poco vi el video de la entrevista de James Dobson a Ted Bundy. Bundy era considerado, cuanto menos, un consumado embaucador, pero en esa ocasión me sentí impresionado por su sinceridad. La entrevista tuvo lugar apenas unas horas antes de su ejecución. Ya no quedaba nada del sereno y manipulador farsante que había jugado a su gusto con la prensa. Reconoció tener plena responsabilidad por los asesinatos que había cometido y total conciencia del sufrimiento que había causado. Con serenidad, analizó el camino que finalmente lo condujo a la violación y al crimen: una creciente adicción a la pornografía, hasta llegar a la más despreciable conducta pornográfica. Bundy creció en un hogar cristiano.

Vivimos en una sociedad que muestra diversos síntomas de desintegración. El abuso contra las mujeres es cada vez mayor, al igual que el número de madres solteras. En particular, el cambio amenaza la vida de los niños y mucho de esto ocurre dentro de nuestras iglesias. Abrumados, nos damos cuenta del hecho contundente de que los niños que fueron sexualmente abusados a menudo se transforman en adultos abusadores, con lo cual tenemos una nueva generación de abusadores que está creciendo ahora en un ambiente radicalmente modificado y cargado de sexo.

La violencia doméstica, el abuso sexual, el abandono de los padres, el horror de la vida callejera en nuestras ciudades, son parte de los temores con que vivimos "confiadamente" dentro de nuestras iglesias, sin que se haga mucho por lo permisible, que los pastores hemos hecho el sexo dentro de nuestras congregaciones. A cualquier situación... ¡Jesús es la solución!


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