Miércoles 21 de noviembre 2001


Ministerio Espiga
Qué es ser cabeza de la familia
Por Salvador Gómez, Predicador Católico

"Así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo" (Ef. 5, 24).

La cabeza gobierna al cuerpo. Este es quizá el aspecto más profundo y delicado de lo que significa para el hombre el ser cabeza de la familia.

El hombre tiene la autoridad y, por lo mismo, la responsabilidad. No se trata de gritar: "¡Aquí mando yo!". Se trata de aceptar que "¡aquí yo soy el responsable!".

Tener autoridad no significa que tú vas a mandar y todos van a hacer lo que a ti te dé la gana. No, nada más lejos del concepto de autoridad.

El término autoridad traduce el vocablo griego "exousía", el cual deriva de la forma verbal compuesta con preposición éx-eimi, literalmente "estar fuera", por lo que equivale a "salir", "venir a prueba", "descender", "provenir de" (Miguel Balague, Diccionario Griego-Español, 1958).

La autoridad no es algo que reside en uno mismo. Es algo que de afuera se nos ha dado. La razón por la que tengo autoridad no está en mí, sino en el que me la ha confiado.

Por eso dice San Pablo:

"Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se revela contra el orden divino..." (Rm. 13, 1-2).

No es mi intención analizar cómo en la sociedad y en la Iglesia se aplica este principio, pero sí cómo debe ejercerlo el esposo en su matrimonio.

Un ejemplo que nos hará comprender lo que es autoridad, son las palabras del centurión romano que causó gran admiración a Jesús.

"Al entrar Jesús en Cafarnaúm, un capitán romano se le acercó para hacerle un ruego. Le dijo: Señor, mi criado está en casa enfermo, paralizado y sufriendo terribles dolores.

Jesús le respondió: Iré a sanarlo.

El capitán le contestó: Señor, yo no merezco que entres en mi casa; solamente di la orden, y mi criado quedará sano. Porque yo mismo estoy bajo órdenes superiores, y a la vez tengo soldados bajo mi mando. Cuando le digo a uno de ellos que vaya, va; cuando le digo a otro que venga, viene; y cuando a mi criado le pido que haga algo, lo hace.

Jesús se quedó admirado al oír esto, y dijo a los que le seguían: Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel con tanta fe como este hombre" (Mt. 8, 5-10).

Lo que nos llama la atención es la razón que da el centurión, el porqué, que le hace estar seguro de que una palabra de Jesús basta. No le dice "porque tú eres Dios". El centurión dice: "Porque yo que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes". En otras palabras le dijo: "También yo que obedezco, tengo autoridad".

Qué profundo secreto descubrió ese hombre: Jesús, porque obedece la voluntad del Padre que lo ha enviado, tiene la autoridad sobre la enfermedad; así como él, que está bajo la autoridad de sus superiores, tiene autoridad sobre sus soldados.


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