Ministerio
Espiga
Qué es ser
cabeza de la familia
Por
Salvador Gómez, Predicador
Católico
"Así
como la Iglesia está sujeta a Cristo,
así también las mujeres deben
estarlo a sus maridos en todo" (Ef. 5, 24).
La cabeza gobierna al cuerpo. Este es
quizá el aspecto más profundo y
delicado de lo que significa para el hombre el
ser cabeza de la familia.
El hombre tiene la autoridad y, por lo mismo,
la responsabilidad. No se trata de gritar:
"¡Aquí mando yo!". Se trata de
aceptar que "¡aquí yo soy el
responsable!".
Tener autoridad no significa que tú
vas a mandar y todos van a hacer lo que a ti te
dé la gana. No, nada más lejos del
concepto de autoridad.
El término autoridad traduce el
vocablo griego "exousía", el cual deriva
de la forma verbal compuesta con
preposición éx-eimi, literalmente
"estar fuera", por lo que equivale a "salir",
"venir a prueba", "descender", "provenir de"
(Miguel Balague, Diccionario
Griego-Español, 1958).
La autoridad no es algo que reside en uno
mismo. Es algo que de afuera se nos ha dado. La
razón por la que tengo autoridad no
está en mí, sino en el que me la
ha confiado.
Por eso dice San Pablo:
"Sométanse todos a las autoridades
constituidas, pues no hay autoridad que no
provenga de Dios, y las que existen, por Dios
han sido constituidas. De modo que, quien se
opone a la autoridad, se revela contra el orden
divino..." (Rm. 13, 1-2).
No es mi intención analizar
cómo en la sociedad y en la Iglesia se
aplica este principio, pero sí
cómo debe ejercerlo el esposo en su
matrimonio.
Un ejemplo que nos hará comprender lo
que es autoridad, son las palabras del
centurión romano que causó gran
admiración a Jesús.
"Al entrar Jesús en Cafarnaúm,
un capitán romano se le acercó
para hacerle un ruego. Le dijo: Señor, mi
criado está en casa enfermo, paralizado y
sufriendo terribles dolores.
Jesús le respondió: Iré
a sanarlo.
El capitán le contestó:
Señor, yo no merezco que entres en mi
casa; solamente di la orden, y mi criado
quedará sano. Porque yo mismo estoy bajo
órdenes superiores, y a la vez tengo
soldados bajo mi mando. Cuando le digo a uno de
ellos que vaya, va; cuando le digo a otro que
venga, viene; y cuando a mi criado le pido que
haga algo, lo hace.
Jesús se quedó admirado al
oír esto, y dijo a los que le
seguían: Les aseguro que no he encontrado
a nadie en Israel con tanta fe como este hombre"
(Mt. 8, 5-10).
Lo que nos llama la atención es la
razón que da el centurión, el
porqué, que le hace estar seguro de que
una palabra de Jesús basta. No le dice
"porque tú eres Dios". El
centurión dice: "Porque yo que soy un
subalterno, tengo soldados a mis
órdenes". En otras palabras le dijo:
"También yo que obedezco, tengo
autoridad".
Qué profundo secreto descubrió
ese hombre: Jesús, porque obedece la
voluntad del Padre que lo ha enviado, tiene la
autoridad sobre la enfermedad; así como
él, que está bajo la autoridad de
sus superiores, tiene autoridad sobre sus
soldados.